domingo, 23 de febrero de 2014

La visita del inspector, John Boynton Priestley, An Inspector Calls

Roma
 LA VISITA DEL INSPECTOR

JOHN BOYNTON PRIESTLEY (1894-1984)

La Obra es una crítica social a la Burguesía Inglesa de principios del siglo XX.   La hipocresía, la avaricia comercial (admass), el individualismo, la preocupación por aparentar y por el qué dirán, el interés en mejorar el “estatus social”  aún a costa de la felicidad de otros, el alcoholismo, las casas de citas, el egoísmo, etc. se evidencian a lo largo de toda la lectura.
 
Ronda Hotel Reina Victoria
En mi opinión el Inspector significa “la Conciencia”, el sentido de la responsabilidad, la rectitud, el orden.  Todos somos responsables de nuestros actos y toma de decisiones y tenemos que meditar las consecuencias que puedan tener.  Antes de actuar a la ligera tendríamos que valorar los pro y los contras que beneficien o perjudiquen a nuestro prójimo.  En palabras del  Inspector “hoy ha desaparecido una Eva Smith, pero hay millones y millones de Evas Smith y de Johns Smith entre nosotros, con sus vidas, sus esperanzas y temores, sus sufrimientos, sus deseos de felicidad, todo entrelazado con nuestras vidas.  Todos somos miembros de un mismo cuerpo”

Embajada de España ante la Santa Sede Roma

Según se van produciendo las acusaciones, que en mi opinión,  son cada vez más graves, no sólo las acciones cometidas, sino también los juicios que cada uno hace de los otros miembros, se ve claramente la facilidad que tenemos los humanos de reprobar lo que hacen los demás y tratar de justificar lo que hacemos cada uno de nosotros.


Habitación Rilke, Ronda Hotel Reina Victoria
 
En la obra también se observa que nadie sabía nada del otro.  Hay una flagrante  distancia familiar, cada uno ha ido a lo suyo, no han vivido en comunidad, sino aparentando que nada ocurre; no ha habido comunicación.  Por ejemplo, nadie sabía que el Sr. Birling en su fábrica había tenido una amenaza de huelga y había despedido a trabajadoras, nadie sabía que Sheila había montado injusta y caprichosamente en cólera en los almacenes y había sido responsable del despido de la dependienta, Sheila aunque sí sabía del distanciamiento de su novio, no lo había participado en casa, nadie sabía la doble vida que llevaba Eric, aunque sabían algunos que bebía en exceso y consecuentemente no se había tratado el problema en familia para tratar de buscar ayuda,  y al final nadie sabía que la Sra. Birling había denegado una ayuda a una pobre infeliz sólo por el hecho de haberse dado a conocer por  el apellido Birling y estar embarazada. 


Hotel Reina Victoria Ronda Málaga

Queda también patente en el libro el no querer ver la realidad.  El Sr. Birling no  quiere reconocer que el mundo está cambiando, quiere seguir anclado en el pasado.  No quiere ver que está en auge un cambio de mentalidad, que hay un descontento generalizado social, que Europa está en crisis y que conllevaría más tarde al estallido de la Primera Guerra Mundial.  En lo personal tampoco quiere ver que aunque está empeñado en recibir el título de Caballero Magistrado, que conlleva el tratamiento de Sir,  la familia de su futuro yerno no acepta esta relación al no haber asistido a la pedida de mano de Sheila.  Si bien estaban de viaje, se podía haber aplazado o adelantado esta petición.  Birling sólo está preocupado por medrar y así ganar puntos delante de la futura familia de Sheila y emparentar con ellos.  Sólo le preocupa que el escándalo del robo y del suicidio no salgan a la luz y le puedan  perjudicar.  En ningún momento siente compasión por la terrible muerte de Eva.

Hotel de la época de la obra de teatro

El egoísmo se enfatiza cuando Birling le dice a su hijo que todo hombre debe abrirse su propio camino, que tiene que cuidar de sus intereses y por los de su familia, si la tiene;  no se habla de solidaridad, de compañerismo de ayuda mutua, de comunidad.  Bernard Shaw y Wells son tratados por él como “chiflados” porque escriben, por ejemplo,  “que todo el mundo está obligado a cuidar de todo el mundo, como una colmena”.  O como en Canción de Navidad de Dickens que el Sr. Scrooge dice “Bastante tiene un hombre con atender sus propios asuntos para entrometerse en los de los demás”. 



Birling trata a su hijo de manera grosera y autoritaria: “Tú cállate”, “tú no te metas en esto”, “algunos padres que conozco ya te hubieran echado a patadas de aquí” o al Inspector “no me gusta su tono”, etc. “Debo advertirle que soy amigo del Jefe de Policía y que juego con él al Golf”….  Seguramente con esta actitud era difícil que Eric pidiese ayuda a su padre.

Embajada España ante la Santa Sede Roma

Hay un choque generacional en los sentimientos de culpa y arrepentimiento; si Sheila y Eric  hubieran podido tener una  nueva oportunidad no habrían actuado de esa manera.  En cambio, los padres, incluso Gerald,  no aceptan esa responsabilidad y juzgan duramente a los otros.  No admiten  el daño que han hecho, no reconocen que son eslabones en  la cadena de acontecimientos que desemboca en la muerte de la chica.  Sheila y Eric, aún después de abandonar la casa el inspector, siguen arrepentidos y quisieran retroceder en el tiempo para evitar esa tremenda situación.  Los padres y Gerald cuando el inspector se ha marchado, es como si no hubiese sucedido nada, se han quitado un gran peso de encima, ha sido un mal sueño, una pesadilla, no han aprendido nada.
Hotel Reina Victoria Ronda, Málaga donde uno de los más grandes poetas, Rilke, pasó un tiempo
A mí personalmente lo que más me ha impactado de la lectura de este libro es la frialdad y la dureza de la Sra. Birling al sentenciar y culpabilizar tanto a un chico para ella aún desconocido, como a Eva que acude a una Institución Benéfica para encontrar ayuda.  Para la Sra. Birling todos son culpables menos ella.  A la pregunta del Inspector ¿A quién hay que culpar entonces? “En primer lugar, a la misma muchacha. En Segundo lugar culpo al joven que iba a ser padre de su hijo. Si como ella contó, no pertenecía a su misma clase social y no era más que un vago y un  borracho, entonces ahí tenemos más motivos para no dejarle escapar”.  Y si era cierto que el muchacho robaba dinero, “en este caso es enteramente responsable y se le debe tratar con la mayor severidad”, debe obligarle a  confesar en público su responsabilidad, debe darle un castigo ejemplar”.  Cuando Eric recrimina a su madre la dureza en su juicio responde que “no sabía que eras tú, no encajas en un tipo como ese, no te emborrachas”.   ¿Ahora sabiendo que el causante de este mal era su hijo, sería más condescendiente? ¿Sería incluso capaz de justificarle?....


Al final de la obra cuando suena el teléfono y todo al parecer va a ocurrir de nuevo, y que los analistas califican como “obra circular”, yo entiendo que el escritor nos está diciendo que en la vida la mayoría de las veces no va a haber una segunda oportunidad para rectificar. 

Por otra parte, el título en español “La visita del inspector”, o “La llegada del inspector”, hace referencia al inspector en casa de los Sres. Birling. Sin embargo, en Inglés “An Inspector Calls”  (Un inspector llama) hace referencia,  quizá, al sonido del timbre cuando éste llega a la casa y posiblemente también al producirse la  llamada telefónica.

Buscando Magistrado en el contexto del libro no se refiere a Juez, tal y como lo entendemos nosotros, sino, probablemente del latín magistrado romano,  que es un título que reciben en Inglaterra algunos funcionarios públicos.   El Sr. Birling ya había sido concejal y alcalde. 

         Gójar, (Granada), 22 de Febrero de 2014

Fuente:    La visita del inspector.
Aula de Literatura, Editorial Vicens Vives 
                              María Teresa Golzarri Canales.


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