miércoles, 27 de septiembre de 2017

Nacionalismo


       El filósofo Alejandro Llano en su libro: La nueva sensibilidad. En la era de la desconexión. Afirma que:

            "el Nacionalismo representa una reacción frente al cosmopolitismo sin calor y sin sustancia, frente al poder que nivela y desposee al hombre de sus tradiciones íntimas y su derecho a ser diferente. Se <<busca un lugar al que volver>>, un ámbito a escala humana que nos cure del desarraigo. Pero los Nacionalismos Radicalizados echan mano de medios violentos completamente heterogéneos con estos fines, o, cuando menos, llevan a actitudes estrechas y excluyentes que degradan el concepto de patria."

                       "La sensibilidad postmoderna intenta despegarse de la nación-Estado, vinculada al concepto moderno de soberanía absoluta, y empieza a comprender que las diferencias nacionales (...) pueden integrarse en comunidades políticas no estatales."

                       "...en este punto también se desencadena la dialéctica modernidad/posmodernidad. Nuestro caso es célebre: mientras que se usa la retórica de la <<Europa de las naciones>>, se reivindica la <<España de los Estados>>, montando réplicas redundantes de la Administración central: pequeños Estados dentro del Estado. Mejor sería recordar que la nación es la decantación histórica del ehtos peculiar de un pueblo, más radical que las estructuras jurídicas y que el folklore. La patria es la casa común, el ámbito de origen y del arraigo."

                           "El nuevo nacionalismo revela un profundo cambio de infraestructura del poder. La esencial vinculación moderna entre soberanía y territorio queda superada cuando el potencial económico ya no está radicado en la tierra ni en la transformación de materias primas, sino que busca sus fuentes en una capacidad de conocer y emprender que exige una fusión de técnica y cultura. La superación de la economía de escala, la alta valoración del diseño original y la internacionalización de  los intercambios <<descentra>> el control de los aparatos de poder y-a pesar de las grandes maniobras neocorparativas- fragmentan la tecnoestructura y abren brechas para el pluralismo real. Esta <<segmentación positiva>> tiene un componente cultural que el nacionalismo ha empezado a vislumbrar".

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