Simone Weil en Rialp
No me llamó la atención ver el rostro de Simone Weil en una librería, es muy normal, desde hace muchos años, en cualquier país europeo, encontrarlo en portadas de libros o en revistas o enmarcado en la pared; lo que me sorprendió fue que bajo su rostro estaba el nombre de la editorial Rialp.
Cuando estudiaba filosofía en Roma tuve un compañero muy amigo de la editorial y de Tomás de Aquino; memorizaba de la A a la Z las palabras del profesor de la Sorbona; oírlo hablar era como escuchar un audiolibro. Es posible que el pensamiento de un filósofo deje de serlo en la voz monocorde y repetitiva del que da la lección; a veces, mientras él repasaba la Suma Teológica, yo pensaba en el maestro Eckhart, el otro profesor de la Sorbona.
Hay pensadores que prefieren tener a Dios encerrado en un bote bien tapado, en un concepto, y al hombre en otro; como si fuesen ideas claras y distintas.
Muchas veces me he preguntado si se puede hacer filosofía pasando por alto, por ejemplo, a Cioran: éste, en Escuela de tirano, afirma: “Nacimos para existir, no para conocer; para ser, no para afirmarnos. El saber, habiendo estimulado e irritado nuestro apetito de poder, nos conducirá inexorablemente hacia nuestra perdición. El Génesis percibió, mejor que nuestros sueños y sistemas, nuestra condición humana;” y en Ejercicios de admiración, refiriéndose a Gabriel Marcel: “…quizás no hubiera logrado evitar la experiencia duradera, obsesiva, de la ausencia de sentido de todo, y por ello tanto más cuanto que el nihilismo no es en absoluto una posición paradójica o monstruosa, sino la conclusión normal a la que llega todo aquel que haya perdido el contacto íntimo con el misterio, ese sinónimo púdico de lo absoluto;” no quisiera que quien no conoce a Cioran se lleve una falsa imagen de él y por ello, por último, traigo a colación esta cita: “Mi razonamiento siempre ha sido sencillo: cuando esto ya no funcione, me pegaré un tiro. No ha sido un mal cálculo, porque contrariamente al rebaño que me rodea, me ha permitido perseverar… en el ser, sin terror al futuro; Carta a Emil”.
El racionalismo busca la claridad, el tema es que, a veces, no la hay; muchas veces estamos ante el dolor ajeno, donde no cabe más que el silencio reverencial y solemne de lo increíble, de lo absurdo; cualquier palabra sería atrevida y esto porque se sintoniza con el dolor, con el fracaso ajeno; entre el que sufre y el que contempla el sufrimiento hay una frontera infranqueable; sin embargo, hay algo en el alma que nos permite entrar en comunión con los demás y sentir algo de lo ajeno como propio.
Bauman, en Holocausto y Modernidad, compara el jardín francés, tan racional, con las sociedades perfectas y totalitarias, tan claras y distintas.
Durante unos años di clases de filosofía por petición del cardenal Cañizares; él, junto con don José Méndez y don Emilio Benavent, han sido los mejores Arzobispos de Granada en los últimos 150 años. Algún día habrá que explicar esto, mucho más complejo de lo que se podría suponer. Las clases las daba en una especie de centro de teología para catequistas, poco más o menos, y los alumnos eran una mezcla de gente con estudios y mucha gente sencilla; había que adaptar el pensamiento filosófico a las posibilidades de los alumnos y por ello pensé en explicar a María Zambrano, creí que partiendo del lenguaje de Zambrano podría conectar con la experiencia y lenguaje de la gente más sencilla, cuyas vidas se habían desarrollado en torno a las parroquias y, a partir de ahí, intenté que levantaran el vuelo; entre los alumnos, había un señor que se presentó como profesor de filosofía en secundaria, jubilado, quien un día me dijo que lo que yo explicaba era mística pero no filosofía; me sorprendió que no conociese el pensamiento de Zambrano, de Simón Weil o el curso que dio Heidegger sobre mística medieval pocos años antes de publicar Ser y Tiempo, etc…; pensé, este señor se ha pasado explicando a Kant y el racionalismo toda su vida, quizás tomó a Kant, lo emborrizó en la harina del 68 sin conocer a Foucault y lo frió en la cabeza de los alumnos; quizás si hubiese leído, no a Agamben ni al famoso Byung-CHul Han, sino a Unamuno una vez que tras la muerte de su hijo pasó del claro racionalismo al confuso Kierkegaard, habría comprendido la íntima relación entre lo absurdo y falta de sentido, la tragedia, la búsqueda de la claridad y la luz de la mística tras las noches sanjuanistas; otra cosa que podía haber hecho es haber leído a Dostoyevski o a Tolstoi por si no quería adentrarse en el pensamiento ruso del matemático Pável Florenski; porque haberle pedido que siguiera los pasos de Walter Benjamin o de Franz Rosenzweig quizás hubiera sido demasiado, etc…; los directores de aquella escuela, San Gregorio de Elvira, en aquel momento, eran una maestra de primaria y un sacerdote, tal vez hoy doctor tras pasar por el coladero del madrileño San Dámaso en su versión granadina. La creación de la escuela San Gregorio de Elvira tiene un prolegómeno que saltó a la prensa de ámbito nacional tras la filtración de una carta del Cardenal Cañizares a los jesuitas; pero tiene un epílogo muy poco conocido que tiene que ver con Giuseppe Pittau.
Hannah Arendt abordará el racionalismo en relación con el totalitarismo en diversas obras: en Los orígenes del totalitarismo, nos hablará de las trágicas consecuencias cuando se aplicó la teoría (repito teoría) de la evolución de las especies a la sociedad. ¡Cuántas personas le deben su final a teorías sacralizadas por el mundo intelectual y político! Pero quisiera traer a colación lo expuesto por Hannah en su artículo Comprensión y Política (la dificultad de comprender); el artículo comienza con una cita de Kafka: “Es difícil decir la verdad porque, aunque sólo hay una, está viva y tiene por tanto un rostro vivaz y cambiante.” Casi al final del artículo, Arendt continúa diciendo: “En nuestro contexto es digna de mención la extraña e ingeniosa sustitución del sentido común por el logicismo estricto, una sustitución característica del pensamiento totalitario. El logicismo no es idéntico al razonamiento ideológico, pero indica la transformación totalitaria de las ideología. Si la peculiaridad de tales ideologías consistía en que una hipótesis científica -<<la supervivencia de los más aptos>>, en la biología, o <<la supervivencia de la clase más progresista>>, en la historia- era tratada como una <<idea>> aplicable al curso íntegro de los acontecimientos, entonces la peculiaridad de su transformación ideológica consiste en la perversión de esta <<idea>> para convertirla en una premisa en el sentido lógico, es decir, un enunciado autoevidente del que todo lo demás puede deducirse con rigurosa coherencia lógica. (Aquí, la verdad se convierte, sin duda, en eso que algunos lógicos pretenden que es, a saber, coherencia; pero esta equivalencia implica, en realidad, la negación de la existencia de la verdad, en la medida en que se supone que dicha verdad siempre revela algo, mientras que la coherencia es solo un modo de encajar juntas diversas afirmaciones y, como tal, carece del poder de revelación. La nueva corriente lógica en filosofía, que surgió del pragmatismo, tiene una temible afinidad con la transformación totalitaria de los elementos pragmáticos inherentes a todas las ideologías en un logicismo que corta amarras con la realidad y con la experiencia. Por supuesto, el totalitarismo procede de un modo más crudo, el cual, por esa misma razón, y por desgracia, es también más efectivo.)
La principal diferencia política entre el sentido común y la lógica consiste en que el sentido común presupone un mundo común en el que todos encajamos, en el que podemos vivir juntos porque poseemos un sentido que controla y ajusta todos los datos sensoriales rigurosamente particulares a los datos de todas las demás personas, mientras que la lógica y toda autoevidencia, a partir de la cual procede el razonamiento lógico pueden reclamar para sí una fiabilidad completamente independiente del mundo y de la existencia de otras personas. Con frecuencia, se ha observado que la validez de la afirmación 2+2=4 es independiente de la condición humana, es válida igual para Dios y para el hombre. En otros términos, siempre que en nuestra necesidad de comprensión nos falla el sentido común, el sentido político por excelencia, tendemos a aceptar el logicismo como sustituto, pues la capacidad para el razonamiento lógico es también común a todos nosotros. Pero esta capacidad humana común, que opera incluso en condiciones de completa separación del mundo y de la experiencia, y que es rigurosamente <<interna>>, carente de vínculo con lo <<dado>>, es incapaz de comprender nada y, librada a sí misma, resulta completamente estéril. Sólo en condiciones en las que el ámbito común entre los hombres es destruido, y en las que lo único fiable que nos queda son las absurdas tautologías de lo autoevidente, puede esta capacidad para el razonamiento lógico volverse <<productiva>> y desarrollar sus propias líneas de pensamiento, cuya característica política principal consiste en comportar siempre el poder de la persuasión. Equiparar el pensamiento y la comprensión con estas operaciones lógicas significa rebajar la capacidad de pensamiento -considerada durante milenios la más elevada capacidad del hombre- a su mínimo común denominador, de modo que ya no importan las diferencias en la existencia real, ni siquiera la diferencia cualitativa entre la esencia de Dios y la de los hombres.”
Volviendo a Tomás de Aquino, el sábado 7 de febrero de 2026, Juan Manuel de Prada publicó un artículo en el que cuestionaba a los obispos españoles y a toda la Iglesia Católica por apoyar la última regularización de inmigrantes en España y, de paso, no cuestionar al gobierno: “Al abandonar el tesoro de la filosofía perenne, la Iglesia católica se ha convertido en una frágil barca a merced de las ideologías. Y las jerarquías eclesiásticas se han puesto a hablar por boca de ganso…; Ha ocurrido así recientemente cuando los obispos han celebrado que el doctor Sánchez y sus mariachis anuncien una regularización masiva de inmigrantes…; Pero si nuestros obispos leyeran a santo Tomás…”
Tomás de Aquino forma parte del patrimonio de la Iglesia Católica y siempre será una fuente de conocimiento para ella; así mismo, es patrimonio de Italia de Francia y del mundo del pensamiento de todos los tiempos; sin embargo, también Tomás puede ser interpelado desde el Evangelio y la Tradición de la Iglesia Católica de la que forma parte tanto el Concilio de Trento como los dos Concilios Vaticano, incluido el II; así mismo, se puede entrar en diálogo con el aquinate desde otros pensadores cristianos o no; por otra parte, la realidad siempre es una fuente que cuestiona el pensamiento de cualquier filósofo, incluido a Tomás; y es la realidad de miles de inmigrantes que llevan años viviendo en nuestro país intentando sobrevivir y al menos, por lo que conozco, son personas inteligentes, serias y trabajadoras que intentan salir adelante con esfuerzo y sacrificio, mirando más por el bien de sus hijos que por ellos mismos, pues ellos saben que sus vidas han sido, están siendo sacrificadas. Le aseguro que la jerarquía conoce al aquinate, el evangelio y la realidad.
A veces, surgen movimientos políticos que, al igual que otros que nacen, en el seno de la Iglesia pretenden convertir, unos la sociedad, otros a la Iglesia o a ambas a la vez a su experiencia o al pensamiento del iluminado que fundó su movimiento. La Iglesia es un grupo humano que vive en la realidad de la que forman parte y que porta no sólo el Evangelio, sino la vivencia de éste desde hace miles de años, la Tradición, y, a través tanto del Evangelio como de la Tradición, nos hace llegar a los hombres del siglo XXI la sabiduría de culturas y experiencias humanas antiquísimas, algunas desaparecidas, y vivas sólo gracias a la Iglesia Católica.


















