sábado, 8 de julio de 2017

9 de julio 2017 DECIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO homilia lecturas

LUZ DEL DOMINGO



 DECIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO "A"


Primera lectura: Zacarías 9, 9-10
Salmo responsorial: Salmo 144
Segunda lectura: Romanos 8, 9. 11-13
EVANGELIO Mateo 11, 25-30
 “25En aquella ocasión exclamó Jesús:
-Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; 26sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien.
27Mi Padre me lo ha entregado todo; al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abru­mados, que yo os daré respiro,. 29Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde: encontrareis vuestro respiro,  30pues mi yugo es llevadero y mi carga li­gera.”



COMENTARIOS
 I
 DEMASIADO COMPLICADO
Me da la impresión de que con la Religión pasa como con el circo. Hay en ella una especie de juego de trapecio, de triple salto mortal donde lo que vale es “el más difícil todavía”. Lo sencillo, lo ordinario no tiene mérito, no parece tener valor.
 En tiempos de Jesús no bastaba con cumplir los Diez Mandamientos. Para ser un buen judío había que observar 613 preceptos, de los que 365 eran prohibiciones -una por cada día del año- y 248 mandamientos positivos -tantos cuantas partes integraban el cuerpo humano según la medicina vigente.
 No era fácil ser una persona como Dios manda. Sólo quien tenía cultura y tiempo para estudiar leyes y “escrutar las Escrituras" podía conseguirlo. La religión, que debía ser para todos, era patrimonio de abogados, teólogos y laicos cultos y pudientes (doctores de la ley, escribas, fariseos y saduceos). El pueblo sencillo, dado lo complicado del sistema, se distanciaba cada vez más de Dios. No sabía de leyes, ni entendía de teología ni de derecho canónico. No tenía tiempo ni medios para dedicarse a ello. La Biblia, enciclopedia del saber religioso, estaba escrita en hebreo, lengua culta y muerta, ininteligible para el pueblo que hablaba arameo y, por lo demás, en su gran mayoría no sabía leer. Como en los tiempos de la misa en latín.
 Por si esto fuera poco, los abogados (doctores de la ley) habían desarrollado una ingente casuística, rayana en lo ridículo y absurdo, en torno a cada uno de los 613 preceptos, dando lugar a una jurisprudencia de cinco mil mandamientos aproximadamente.
 Demasiados mandamientos. Demasiados preceptos. Excesivas leyes y reglas. Todo demasiado complicado.
 También hoy. Los mandamientos de la Ley de Dios y los de la Iglesia; normas para el ayuno, la abstinencia y la penitencia cuaresmal. Decretos de la Santa Sede, de las Sagradas Congregaciones romanas, de las Conferencias Episcopales... Cuántos hijos hay que tener, cómo hay que vivir, cómo hay que vestir (no olvidemos los gloriosos tiempos en los que la moral y la decencia se medían por los centímetros de mangas y escote), qué hay que hacer en cada momento... Todo ha estado -y sigue estando- regulado, legislado, codificado.
 El pueblo, ante esta barahúnda de leyes, hoy -como ayer- ha terminado por no entender. Cansado y agobiado por el peso de una Religión para élites se ha separado de la Iglesia. No entiende la teología escrita en clave para iniciados, ni le sirve. Eso sí, soporta sobre las espaldas de su conciencia esos fardos leguleyos que le han colocado los eclesiásticos. Como los judíos, también los cristianos lo hemos complicado todo.
 Lo de Jesús de Nazaret era más sencillo. Un día reunió a la gente y le dijo: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". Fue una convocatoria revolucionaría, dirigida contra el sistema religioso y teológico de su tiempo -y de hoy-.
 El yugo de la Religión-Ley era insoportable. Jesús lo alivió simplificándolo. Los 613 mandamientos y la innumerable casuística creada en torno a cada uno de ellos quedaron reducidos a uno: "Amaos como Yo os he amado". Así de fácil. Lo suficientemente difícil como para no complicarlo más.
 Adiós a la Religión como sistema del "más difícil todavía", patrimonio de los menos. No hace falta ser ni culto, ni sabio, ni teólogo para ser buen cristiano. Basta con amar como Jesús. Lo que sucede es que de amor entienden sólo los sencillos. Quienes no lo son, saben de leyes. "Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla...


II
 FE Y CIENCIA
A lo largo de la historia han sido muchos los conflictos entre los dogmas religiosos y la ciencia, y en muchos casos el transcurso del tiempo parece que ha ido dando la razón a los científicos. Y hoy son muchos los científicos que se confiesan ateos o agnósticos. ¿Será incompatible la inteligencia humana y la fe en Jesús de Nazaret? ¿Es eso lo que quiere decir el evangelio de este domingo?
 
SABIOS Y ENTENDIDOS
La oración de Jesús a que se refiere el evangelio de hoy: «Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla», hay que entenderla a la luz de una advertencia que hace Dios a su pueblo por medio del profeta Isaías: «Dice el Señor: Ya que este pueblo se me acer­ca con la boca y me glorifica con los labios, mientras su cora­zón está lejos de mí, y su culto a mí es precepto humano y rutina, yo seguiré realizando prodigios maravillosos: fracasará la sabiduría de sus sabios y se eclipsará la prudencia de sus prudentes» (Is 29,13-14; véase también Mt 15,8-9).
Dios se había dado a conocer a su pueblo por medio de su actuación liberadora, al sacarlo de la esclavitud de Egipto; en el Sinaí les dio unas normas que cumplir, que en sus primeras formulaciones estaban siempre basadas en los acontecimientos que dieron origen al pueblo de Israel (~x 20,2; Dt 5,6.20-25). La relación del hombre con Dios debía estar siempre basada en esta experiencia liberadora, de tal forma que, como repiten una y otra vez los profetas, es imposible relacionarse con Dios si no se practica la justicia para con el prójimo (véase, p. ej., Is 1,10-18; 58,1-12).
Pero, según se deduce de las palabras de Isaías que hemos citado antes, algunos sabios y entendidos habían hecho creer al pueblo que lo que Dios quería es que los hombres estuvie­ran pendientes de él, que rezaran mucho, que frecuentaran mucho el templo. Así habían conseguido que los mandamien­tos que Dios había dado a los israelitas para que, poniéndolos en práctica, consiguieran evitar que entre ellos se pudieran re­producir relaciones de esclavitud y opresión semejantes a las que sufrieron en Egipto, quedaran sustituidos por preceptos humanos, y que la práctica religiosa se redujera a pura rutina. Esos son los sabios y entendidos, que no comprenden el men­saje de Jesús. Los que utilizan su sabiduría y su ciencia para vaciar de contenido liberador la relación de Dios con su pueblo.

RENDIDOS Y ABRUMADOS
En contraposición a ellos, dice Jesús, la gente sencilla sí que puede entender su mensaje. Ellos, rendidos y abrumados por la injusticia de los que se aprovechan de las doctrinas de sabios y entendidos y por la imagen que los mismos presentan de Dios -un tirano cruel dispuesto a castigar sin piedad las equivocaciones más insignificantes o, lo que es peor, celoso de la felicidad de sus criaturas, que se irrita por todo lo que da un poco de alegría a la vida de los pobres-, sienten en Jesús la presencia del Dios de Israel, amigo y liberador de esclavos, al que no le agradan las prácticas religiosas que no estén basa­das en «abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo...» (Is 58,6-7). A Jesús se le da en el evangelio de Mateo el nombre de «Dios con nosotros» (1,23), que ya se usa en el profeta Isaías con un claro sentido liberador (Is 7,14); Jesús ha recibido del Padre la misión de continuar y llevar a su culminación su obra salvadora y liberadora: «Mi Padre me lo ha entregado todo... » Eso sólo lo entiende la gente sencilla. Porque, además, Jesús es, él mismo, sencillo y humilde, soli­dario con los pequeños y los humillados. Los sabios y enten­didos, los que se creen tales, los que usan su ciencia para cargar fardos pesados en las espaldas de los hombres (Mt 23,4), jamás entenderán -no les interesa- el mensaje de Jesús, jamás aceptarán el Dios cuyo ser nos da a conocer plenamente Jesús: «Al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Por otro lado, el proyecto de Jesús tiene sus exigencias; pero éstas no son un yugo insoportable que esclavice al hom­bre, sino un compromiso que debe ser libremente aceptado y que, al mismo tiempo, es liberador: «Acercaos a mi todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro. Car­gad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde: encontraréis vuestro respiro, pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
No es la ciencia, la inteligencia humana, lo que es incom­patible con el mensaje de Jesús; es la utilización de estas facul­tades para engañar y oprimir a los sencillos lo que incapacita a los hombres para conocer a un Dios que, además de libera­dor, quiere ser Padre.
No es la fe enemiga del saber; lo es de la sabiduría que se utiliza para engañar, dominar, humillar, adormecer, infantili­zar...; para explotar a los pobres. Lo es la sabiduría que se opone no a la necedad, sino a la sencillez; porque eso no es conocimiento, sino soberbia; no es ciencia, sino malas artes, incompatibles con el que, en un obrero, quiso ser Dios con nosotros.




 
III
 v.25: En aquella ocasión exclamó Jesús: -Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; 26sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien.
La expresión introductoria «por aquel entonces» enlaza de algún modo esta perícopa con la anterior. Después de la recriminación a las ciudades que no responden aparece la respuesta favorable de la gente sencilla. Por contraste con la invectiva anterior, en esta perícopa Jesús alaba al Padre por lo que está sucediendo. Aparece el Padre como el Señor del universo.
Jesús bendice al Padre por una decisión: los intelectuales no van a entender esas cosas; los sencillos, sí. «Esas cosas» puede referirse a «las obras» del Mesías (11,2.19). La revelación de que habla Jesús respecto a los sencillos tiene un paralelo en la que recibe Simón Pedro para reconocer en Jesús al Mesías, después de los episodios de los panes (16,17). Se trata, pues, de comprender el sentido de las obras de Jesús, de ver en ellas la actividad del Mesías. La revelación del Mesías podía haberse hecho de manera deslumbradora y autoritaria. Sin embargo, el Padre ha querido ha­cerla depender de la disposición del hombre. Es la limpieza de corazón, la ausencia de todo interés torcido, la que permite discernir en las obras que realiza Jesús la mano de Dios.
Precisamente, la denominación «los sabios y entendidos» alude a Is 29,14. En el texto profético, Dios recrimina al pueblo su hipocresía en la relación con él: lo honra con los labios, pero su corazón está lejos (cf. Mt 15,8s). A eso se debe que fracase la sabi­duría de los sabios y se eclipse el entender de los entendidos. En el trasfondo del dicho de Jesús se encuentra, por tanto, esta reali­dad: los sabios y entendidos no captan el sentido de las obras de Jesús porque su insinceridad inutiliza su ciencia, impidiéndoles aceptar las conclusiones a las que su saber debería llevarlos. Los «sencillos» no tienen ese obstáculo y pueden entender lo que Dios les revela. El hecho de que Dios «oculta» ese saber no se debe a su designio, sino al obstáculo humano; se atribuye a Dios lo que es culpa del hombre. De hecho, la realidad de Jesús está patente a todos, viene para ser conocido de todos. El pasaje está en relación con el aserto de Jesús en 9,13: «No he venido a llamar justos, sino pecadores.» El «justo» es el que se cierra a la llamada por estar conforme con la situación en que vive. No es culpa de Jesús, sino del hombre. El que se tiene por «justo», sin reconocer su necesidad de salvación, se cierra a la llamada de Jesús. Lo mismo el «sabio y entendido», cuyo corazón está lejos de Dios, está cerrado a la re­velación del Padre (25s).
v. 27: Mi Padre me lo ha entregado todo; al Hijo lo conoce sólo el Padre y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
La frase de Jesús «mi Padre me lo ha entregado todo» está en relación con la designación «Dios entre nosotros»: Jesús es la presencia de Dios en la tierra. También con la escena del bautis­mo, donde el Espíritu baja sobre Jesús y el Padre lo declara Hijo suyo. La posesión de la autoridad divina fue afirmada por Jesús en el episodio del paralítico (9,6). La relación íntima entre Jesús y el Padre la establece la comunidad de Espíritu. Por eso nadie pue­de conocer al Padre, sino aquel a quien el Hijo comunique el Espí­ritu, que establecerá una relación con el Padre semejante a la suya. Es decir, el conocimiento de Dios de que se glorían los sabios y entendidos, que se adquiriría a través del estudio de la Ley, no es verdadero conocimiento. Este consiste en conocerlo como Padre, experimentando su amor, y sólo se consigue esta experiencia por la comunicación que hace Jesús del Espíritu que recibió.
            De ahí que invite a todos los que están cansados y agobiados por la enseñanza de esos sabios y entendidos. El se presenta como maestro, pero no como los letrados, dominando al discípulo; él no es violento, sino humilde, en contraposi­ción al orgullo de los maestros de Israel. Su enseñanza es el descanso, después de la fatiga del pasado (11,28s).
Jesús invita a aceptar su yugo, imagen de las exigencias que se derivan de su mensaje; su yugo es llevadero, no como el de la Ley propuesta por los letrados, y su carga es ligera (cf. 23,4). Estudiar la Ley debía servir para acercarse a Dios; Jesús invita a acercarse a él directamente; su persona es el medio (la Ley) y el término (Dios). Invita a romper con otros maestros y a aceptar su enseñanza. El legalismo judío era abrumador, una moral sin alegría. Jesús propone, en cambio, el servicio en la alegría de la amistad (9,15). Propone sus exigencias prometiendo la felicidad (bienaventuranzas).


IV
 La profecía de Zacarías era ‘una piedra en el zapato’ para los fanáticos que en la época de Jesús buscaban un mesías triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las comunidades que, después del exilio babilónico, intentaron reconstruir la identidad nacional a partir de elementos universales, pluralistas y comunitarios. La esperanza del pueblo de Dios no podía estar en un guerrero triunfador como David ni en un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo quería algo diferente y definitivo. Atrás quedaron los modelos militaristas, administrativos y centralistas de todos los reyes de Israel y Juda. El pueblo quería una persona que fuera capaz de encaminar la nación por los rumbos desconocidos de la justicia, la paz y la solidaridad. El profeta Zacarías asume esta propuesta y la relanza a todo el pueblo de Dios como una gran utopía.
Para Zacarías, el nuevo gobernante debía distinguirse por la humildad, la justicia y pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la verdad y no como sumisión y conformismo. La justicia como pilar de una organización social en la que se le da a cada persona de acuerdo con sus necesidades y no según sus ambiciones. El pacifismo como la actitud básica para solucionar los inevitables conflictos que se presentan en toda organización humana. Tres cualidades que configuran una nueva forma de ejercer el poder. Sin embargo, Israel se estrello con la ambición de algunos grupos minoritarios y poderosos que impusieron una teocracia centralista, prepotente y uniformadora. Fueron suprimidas de manera sistemática, todas las disidencia posibles y se le negó así al pueblo de Dios la posibilidad de intentar una utopía universalista, solidaria y transformadora. Se centró todo el poder en unas pocas familias que controlaban el Templo, el gobierno y la tierra. Así, ‘los pobres de Yahvé no tuvieron la posibilidad de darle vida a su proyecto por falta de posibilidades económicas, de apertura política y de libertad religiosa.
El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús con las características mesiánicas de la profecía de Zacarías: una persona pacífica y humilde, dispuesta a hacer realidad la utopía de Dios. Por esta razón, Jesús no se identifica con los ideales acerca del Mesías, vigentes en su época. No hay el más mínimo asomo del militar aguerrido e irresistible que con un formidable despliegue eliminaría las pretensiones del imperio romano, ni con el sacerdote excelso que con sus extraordinarias dotes santificadoras transformaría el santuario de Jerusalén, ni con el gobernante extraordinario que congregaría al pueblo de Israel disperso por el mundo. Jesús no comparte estos proyectos, como tampoco las extravagantes aspiraciones de los nacionalistas furibundos que veían en el imperio romano un peligro que no eran capaces de descubrir al interior de ellos mismos: la violencia incontenible.
Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo alternativo de sociedad. Por esta razón, los valores como el pacifismo y la humildad eran tan urgentes y necesarios. El pacifismo obliga a asumir actitudes dinámicas de transformación social pero, al mismo tiempo, no se rinde a la imparable lógica de la violencia. La humildad, por su parte, exige reconocer en cada momento los propios límites de la existencia y las barreras intrínsecas de la historia. Humildad y pacifismo hacen de un proyecto tan grandioso e imponente como el reino de Dios, algo al alcance de los pobres y excluidos.
Jesús, sin embargo, sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ o líder poseyera atributos excepcionales para que la situación cambiara. Para él, era necesario que una comunidad de hermanos y hermanas se comprometiera a vivir la alternativa, a demostrarle al mundo que eran posibles otras maneras de organización, que la lógica aparentemente inextinguible de la violencia podía ser controlada. Por esto, Jesús insiste en la necesidad de asumir el ‘suave yugo’ de la vida comunitaria y la ‘ligera carga’ de las opciones evangélicas. Pero, atención, esto no es para todo el mundo. Es necesario madurar la fe y crecer como personas antes de meterse en este proyecto. Porque para quien no ha crecido en la dinámica de la comunidad, sino que ve todo desde ‘afuera’, desde los valores sociales vigentes, los ideales de Jesús son una carga abominable y el ideal de la cruz una ideología insufrible. No podemos pedirle a cualquiera que asuma la inmensa responsabilidad del pacifismo si toda su vida ha creído que la ‘ley del revolver’ es un destino inexorable’. No podemos pedirle mansedumbre a una persona a la que siempre le han enseñado que el control de los demás, las ambiciones de ascenso social y el arribismo son las herramientas para ‘progresar’ en la vida.
Jesús quiere una comunidad donde los lazos de solidaridad, afecto y respeto hagan de un grupo humano una gran familia consagrada a la realización del reino. Una comunidad donde los sencillos, los pequeños, hallen un lugar de importancia y sean los gestores de una nueva manera de organizar las relaciones interhumanas. Porque, como dice Pablo, sólo el ser humano espiritual, o sea, el ser humano que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios, es capaz de vivir la vida a plenitud, es decir, en gozosa aceptación y armonía con la humanidad. 


Para la revisión de vida
 Dice Jesús: "vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré". ¿Cuáles son mis cansancios? ¿Qué los causa: el trabajo por el Reino o mis intereses personales, mis egoísmos? ¿Dónde y cómo busco alivio a mi cansancio?
 Cuál es mi valoración de la sabiduría de los pequeños, los sencillos... los obreros, los campesinos, los indígenas...? ¿Creo que el pueblo, la clase popular, tiene su sabiduría y su capacidad, o que siempre necesitará de la clase «superior» para gobernar la sociedad, la política, la cultura...?

Para la reunión de grupo
“Te alabo, Padre, porque has revelado estas cosas a la gente sencilla...” La frase podría entenderse como la afirmación de que Dios ha hecho “revelaciones especiales” a los pobres y sencillos... Pero, ¿cuáles son “estas cosas” a las que se refiere Jesús?
Orientación de la respuesta: El contenido de esa “revelación” no son afirmaciones doctrinales, “verdades reveladas”... sino “las cosas del Reino”. El Padre ha revelado “las cosas del Reino” a la gente sencilla, a los pobres... Jesús no está hablando quizá de ningún “milagro”, de ninguna “revelación positiva”, sino de un hecho fácilmente comprobable: dada la naturaleza del Reino de Dios, sólo lo ven con claridad (sólo entienden ‘estas cosas’) los sencillos, los que tienen corazón de pobre, los que no dejan que el egoísmo les sofoque la transparencia de su mirada...
“Porque has revelado estas cosas...”. La palabra de Jesús puede ser ocasión para revisar el concepto de «revelación». El concepto de revelación dominante en muchos sectores del pueblo cristiano, todavía es, normalmente, un concepto de revelación cuasi-mágica: una revelación que viene de fuera, de lo alto, extrínseca, como una especie de milagro sobre natural, cuyo contenido viene como un paquete ya hecho y preparado, ajeno a toda participación o implicación de los sujetos que “reciben” esa revelación. Este concepto está superado y hay qua abandonarlo. ¿Cuál sería el concepto renovado de revelación? Sugerimos un libro de lectura: Andrés TORRES QUEIRUGA, La revelación de Dios en la realización del hombre, Ediciones Cristiandad, Madrid 1987, y Repensar la Revelación, Trotta Madrid 2008.

Para la oración de los fieles
 Por la Iglesia, para que sume su esfuerzo al de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que luchan por conseguir la esperanza, la alegría, la paz y el gozo de quienes se saben en manos de Dios padre. Oremos.
Por todos los que viven su fe como una obligación que cumplir, para que se encuentren con el Jesús vivo que libera de toda atadura y agobio, incluso de los de la ley. Oremos.
Por todo son los que no tienen paz en sus vidas, en sus relaciones con los demás, en su relación con Dios; para que encuentren la paz que Jesús trae para todos. Oremos.
Por todos los gobernantes, para que sus palabras y promesas de servicio a la comunidad y al bien común se traduzcan en hechos reales. Oremos.
Por los pobres, los sencillos, los pequeños... para que tengan parte esencial en la construcción del nuevo mundo, justo y fraterno, que todos anhelamos. Oremos.
Por todos nosotros, para que encontremos en Jesús la paz y la alegría que él nos trae de parte del Padre, y que nos libera de nuestras fatigas. Oremos.

Oración comunitaria
Te bendecimos, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido grandes cosas a los ‘sabios y prudentes’, y se las has revelado a los sencillos. Te pedimos que también a nosotros nos des un corazón de pobre, un amor a la Causa de los pobres, y el desprendimiento necesario para no dejarnos atar por los intereses egoístas, de forma que siempre sepamos captar el sentido de “estas cosas” que revelas a los sencillos.

Los comentarios que se adjuntan se toman de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en 
www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico



domingo, 4 de junio de 2017

domingo pentecostés lecturas biblia

LUZ DEL DOMINGO

DOMINGO DE PENTECOSTÉS
CICLO A
Primera lectura: Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Salmo responsorial: Salmo 103
Segunda lectura: 1 Corintios 12, 3b-7. 12-13
EVANGELIO: Juan 20, 19-23
 19Ya anochecido, aquel día primero de la semana, es­tando atrancadas las puertas del sitio donde estaban los discípulos, por miedo a los dirigentes judíos, llegó Jesús, haciéndose presente en el centro, y les dijo:
-Paz con vosotros.
20y dicho esto. les mostró las manos y el costado. Los discípulos sintieron la alegría de ver al Señor.
21Les dijo de nuevo:
Paz con vosotros. Igual que el Padre me ha enviado a mí, os envío yo también a vosotros.
22y dicho esto sopló y les dijo:
-Recibid Espíritu Santo. 23A quienes dejéis libres de los pecados, quedarán libres de ellos; a quienes se los im­putéis, les quedarán imputados.


COMENTARIOS
I
 UNA FRATERNIDAD UNIVERSAL
A pesar de que las ideologías o los intereses de las clases dominantes enfrenten a unos hombres con otros, a pesar de que esos enfrentamientos se hayan justificado siempre que se ha podido en nombre de Dios (¡en su nombre se ha llegado a justificar hasta las guerras!), ni al hombre le conviene, ni Dios quiere otra cosa sino que los hombres lleguen definitivamente a entenderse.
 
LA TORRE DE BABEL
Los escritores bíblicos más antiguos estaban convencidos de que la humanidad tenía un origen único, de que todos los hombres procedían de un tronco común. Pero esta convicción chocaba con la experiencia de ver a los hombres enfrentados, divididos e incapaces de entenderse ni siquiera mediante una de las facultades que más les diferenciaba de los animales: el lenguaje.
Casi mil años antes de nuestra era, uno de aquellos anti­guos escritores, reflexionando a la luz de su fe, impresionado seguramente por los templos que se edificaban en Mesopota­mia desde el tiempo de los antiguos sumerios (una de las pri­meras civilizaciones de la historia de la humanidad), construyó el relato de la torre de Babel (Gn 11,1-8), con el que pretendía explicar cómo a los hombres, a pesar de proceder de un tronco común, les resultaba imposible entenderse, pues hablaban di­versas lenguas. El significado de ese relato es claro: los hom­bres intentaron edificarse un templo a sí mismos, volvieron a caer en la trampa de Adán y Eva: «seréis como dioses» (Gn 2,4). Y al igual que en el Paraíso se rompió la armonía entre la pareja, también ahora, como consecuencia de ese tremendo y repetido error, se quebró aún más la unidad del género humano.
 
OTRAS BABELES
Porque el hombre, cuando cree que puede ser dios y se empeña en conseguirlo a su manera, lo único que consigue, ya lo decíamos el domingo pasado, es convertirse en un peligro para sus semejantes; y sus semejantes, si tienen la misma pre­tensión, se convierten automáticamente en un peligro para él. Porque, a pesar de que de esta clase de dioses puede haber muchos, cada uno de ellos quiere ser más dios que los demás.
Esta tentación, a pesar de ser tan antigua como el hombre mismo, jamás ha dejado de estar de actualidad. Todavía hoy sigue habiendo muchos que, aunque digan que creen en un Dios supremo, o aunque digan que no creen en ningún Dios, se endiosan a si mismos y se comportan como amos, como se­ñores de sus semejantes, violando sus derechos, limitando su libertad, esclavizando sus conciencias, pisoteando su dignidad y exigiendo de hecho para sus decisiones un sometimiento se­mejante al que, según el concepto que ellos tienen de Dios, debería estar reservado sólo al Ser Supremo: ahí están para probar lo que decimos todos los totalitarismos, los ateos y los que se dicen creyentes, los meramente políticos y los parcial o totalmente religiosos... Y ahí están esas verdaderas Babeles, obstáculos casi insalvables para el entendimiento de los hom­bres, que se han ido edificando a lo largo de la historia: la esclavitud, la santa Inquisición, los campos de exterminio del nazismo, las purgas estalinistas, la represión franquista, los desaparecidos argentinos, la agresión imperial contra Nicara­gua...; los bloques militares, cualquier tipo de militarismo, la carrera de armamentos, el tráfico de armas...; la tortura, el hambre, el colonialismo...
 
PENTECOSTÉS
El domingo pasado decíamos que Jesús había mostrado a la humanidad el único camino posible para llegar a ser seme­jantes a Dios (la entrega por amor en favor de los hombres) y que, tras realizar él este camino, está permanentemente al lado del Padre. Diez días después de la Ascensión, según las cuentas que hace San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, Dios volvió a bajar a la tierra para meterse dentro de un puñado de hom­bres que estaban asustados pero que se hallaban dispuestos a tomar el relevo y a andar también ellos el camino que anduvo Jesús. Al sentir la fuerza del Espíritu de Dios, perdieron el miedo y empezaron a dar los primeros pasos. Y lo que antes había servido para separar a los hombres se convirtió en ve­hículo de entendimiento, lo que era causa para que los hom­bres no pudieran comunicarse se convirtió en instrumento de unidad: empezaron a hablar en lenguas diversas a personas que entendían idiomas distintos; y todos se comprendían a las mil maravillas: .... y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma». El Espíritu no los había uniformado, pero había hecho posible la unidad: las len­guas seguían siendo distintas, pero el entendimiento era po­sible. Y esto porque el Espíritu les facilitaba un lenguaje universal, el único que, respetando los diversos modos de expresarse que cada cual tenga, conduce al entendimiento ple­no: el lenguaje del amor, el lenguaje de la entrega en favor de la construcción de un mundo nuevo en el que nadie pretenda ser dios de nadie, el lenguaje de la revolución más profunda que el hombre pueda realizar y en la que hasta el mismo Dios está comprometido: la revolución que pretende construir una verdadera fraternidad universal. Sin padres, sin amos, sin diosecillos..., con un solo Padre y un único Espíritu que nos hace a todos hijos y hermanos.


II
 v. 19: Ya anochecido, aquel día primero de la semana, es­tando atrancadas las puertas del sitio donde estaban los discípulos, por miedo a los dirigentes judíos...
La escena tiene lugar el mismo día en que comienza la nueva creación (v. 19: aquel día pri­mero de la semana); esta realidad va a ser considerada ahora desde el punto de vista de la nueva Pascua, con alusión al éxodo del Mesías Los discípulos son todos los que dan su adhesión a Jesús, no hay nombres propios ni limitación alguna. Con la frase estando atrancadas las puertas  muestra el desamparo de los seguidores de Jesús en medio de un ambiente hostil El miedo denota la inseguridad; los discípulos aún no tienen experiencia de Jesús vivo (16,16) Como José de Arimatea, son discípulos clandestinos (19,38) Su situación es como la del antiguo Israel en Egipto (Ex 14,10); pero, como en el Éxodo, están en la noche (ya anochecido) en que el Señor va a sacarlos de la opresión (Ex 12 42 Dt 16, 1).

vv. 19-20: llegó Jesús, haciéndose presente en el centro y les dijo: -Paz con vosotros, y dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos sintieron la alegría de ver al Señor.
Jesús se hace presente, como había prometido (14,18s, 16, l8ss) y se sitúa en  el centro: fuente de vida, punto de referencia, factor de unidad. Paz con vosotros es  el saludo que les confirma que ha vencido al mundo y a la muerte y, a continuación, Jesús les muestra los signos de su amor y de su victoria (v. 20). El que está vivo delante de ellos es el mismo que murió en la cruz; se les muestra como el Cordero de Dios, el de la Pascua nueva y definitiva, cuya sangre los libera de la muerte (Éx 12,12s); el Cordero preparado para ser comido esta noche (Ex 12,8), es decir, para que pue­dan asimilarse a él. La permanencia de las señales en las manos y el cos­tado indica la permanencia de su amor; Jesús será siempre el Mesías-rey crucificado, del que brotan la sangre y el agua. Alegría.
v. 21: Les dijo de nuevo: Paz con vosotros. Igual que el Padre me ha enviado a mí, os envío yo también a vosotros  y, dicho esto, sopló y les dijo: -Recibid Espíritu Santo.
La repetición del saludo (v. 21) introduce la misión, a la que tendía la elección de los discípulos (15,16; 17,18). Ésta ha de ser cumplida como él la cumplió, demostrando el amor hasta el fin (manos y costado). El Espíritu (v. 22) los capacitará para la misión. Sopló «exhaló su aliento», éste es el verbo usado en Gn 2,7 para indicar la infusión en el hombre del aliento de vida. Jesús les infunde ahora su propio aliento, el Espíritu (19, 30), creando de este modo la nueva condición humana, la de  espíritu  (3 6 7 39) por el «amor y lealtad» que reciben (1, 17). Culmina así la obra creadora, esto significa «nacer de Dios» (1,13), estar capacitado para «hacerse hijo de Dios» (1,12). Quedan liberados «del pecado del mundo» (1,19) y salen de la esfera de la opresión. La experiencia de vida que da el Espíritu es «la verdad que hace libres» (8,31s); quedan «consagrados con la verdad» (17,17s). El éxodo del Mesías no se hace saliendo físicamente del «mundo» injusto (17,15), sino dando la adhesión a Jesús y, de este modo, dejando de pertenecer al sistema mundano (17,6.14). 
v. 23: A quienes dejéis libres de los pecados, quedarán libres de ellos; a quienes se los im­putéis, les quedarán imputados.
Este es el resultado positivo y negativo de la misión, en paralelo con la de Jesús. El pecado, la represión o supresión de la vida que impide la realización de proyecto creador, se comete al aceptar los valores de un orden injusto. Los pecados son las injusticias concretas que se derivan de esa aceptación.
El testimonio de los discípulos (15,26s), la manifestación del amor del Padre (9,4), obtendrá las mismas respuestas que el de Jesús: habrá quienes lo acepten y quienes se endurezcan en su actitud (15,18-21; 16,1-4).
Al que lo acepta y es admitido en el grupo cristiano, rompiendo de hecho con el sistema injusto, la comunidad le declara que su pasado ya no pesa sobre él; Dios refrenda esta declaración infundiéndole el Espí­ritu que lo purifica (19,34) y lo consagra (17,16s). A los que rechazan el testimonio, persistiendo en la injusticia, su conducta perversa, en con­traste con la actividad en favor de los hombres que ejerce el grupo cris­tiano, les imputa sus pecados. La confirmación divina significa que estos hombres se mantienen voluntariamente en la zona de la reproba­ción (3,36).

III
 Celebramos hoy la fiesta solemne de Pentecostés cincuenta días después de la Pascua. Fiesta del Espíritu Santo y de la «inauguración» de la misión de la Iglesia.
El relato de Hechos que leemos en la primera lectura es una construcción del escritor lucano. Su finalidad es eminentemente teológica. No es un acontecimiento cronológico sino kairótico en la misma línea de la fiesta de la ascensión que celebramos y comentamos el domingo pasado. Lucas recoge la «fiesta de las semanas» del antiguo Israel. Esta fiesta se celebraba para conmemorar la llegada del pueblo al Sinaí. La entrega de las tablas de la Ley a Moisés en medio de truenos relámpagos y viento huracanado.
El redactor de Hechos toma los elementos simbólicos de resonancia cósmica para manifestar que es una intervención de Dios. Quiere significar la irrupción del Espíritu Santo en la historia humana. Es el comienzo de la etapa definitiva en la historia de la salvación. Es el comienzo de la predicación del evangelio por parte de la Iglesia apostólica. Estos elementos también recuerdan el anuncio profético del «Día del Señor». Este pasaje entrelaza elementos históricos y escatológicos. El Espíritu empuja a la Iglesia más allá de las fronteras geográficas y culturales. Por eso todos entienden el mensaje en su propia lengua. Allí se han dado cita todos los pueblos hasta entonces conocidos indicando la universalidad del mensaje evangélico. Otro elemento importante es el aspecto comunitario: los discípulos están reunidos en comunidad y el anuncio inaugura una nueva comunidad.
En la primera de Corintios Pablo enfatiza la acción del Espíritu en la vida de los creyentes y en la construcción de la Comunidad eclesial. Consciente de las divisiones que se vivían al interior de esta comunidad insiste en que los dones, los carismas, los ministerios y los servicios proceden de un mismo Espíritu. Por lo tanto todos los carismas, dones y ministerios están en función del crecimiento de la Iglesia. La acción del Espíritu cualifica la misión de la Iglesia en el mundo y no sólo para la santificación individual. El Espíritu articula interiormente la misión de Jesús y la misión de la Iglesia.
El cuarto evangelio presenta dos escenas contrastantes. En primer lugar, los discípulos encerrados en una casa, llenos de miedo y al anochecer. En segundo lugar, la presencia de Jesús que les comunica la paz, les muestra sus heridas como signo de su presencia real, se llenan de alegría y Jesús les comunica el Espíritu que los cualifica para la misión. El miedo, la oscuridad y el encerramiento de «la casa interior» se transforman ahora con la presencia de Jesús en paz, alegría y envío misionero. Son signos tangibles de la acción misteriosa y transformante del Espíritu en el interior del creyente y de la comunidad. Resurrección, ascensión, irrupción del Espíritu y misión eclesial aparecen aquí íntimamente articuladas. No son momentos aislados sino simultáneos, progresivos y dinamizadores en la comunidad creyente.
Jesús cumple sus promesas. Les ha prometido a sus discípulos que pronto regresará, que nos les dejará solos. Les ha dicho que el Espíritu Santo de Dios les asistirá para que entiendan todo lo que él les ha anunciado. Así lo hace. Ahora les comunica el Espíritu que todo lo crea y lo hace nuevo. Jesús sopla sobre ellos como Dios sopló para crear al ser humano. Ellos son las personas nuevas de la creación restaurada por la entrega amorosa de Jesús.
La violencia, la injusticia, la miseria y la corrupción en todos los ámbitos de la sociedad nos llenan de miedo, desaliento y desesperanza. No vemos salidas y preferimos encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros asuntos individuales y olvidarnos del gran asunto de Jesús. Entonces es cuando él irrumpe en nuestro interior, traspasa las puertas del corazón e ilumina el entendimiento para que comprendamos que no nos ha abandonado. El sigue presente en la vida del creyente y en el seno de la comunidad. Sigue actuando a través de muchas personas y organizaciones que se comprometen a cabalidad para seguir luchando contra todas las formas de pecado que deshumanizan y alienan al ser humano. El Espíritu de Dios sigue actuando en la historia aunque aparentemente no lo percibamos. No es necesario hacer tanta bulla para decir que el Espíritu está actuando. Muchas veces no lo sentimos porque actúa en forma muy sencilla a través de gestos que pueden pasar desapercibidos.
¿Qué signos de la presencia dinamizadora del Espíritu de Dios podemos percibir en nuestra vida personal, familiar y comunitaria? ¿Conocemos personas que actúan bajo la acción del Espíritu? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para descubrir y potenciar los dones y ministerios que el Espíritu sigue suscitando en personas y comunidades?


Para la revisión de vida
Hacer un tiempo de oración más profunda, tratando de escuchar las mociones que el Espíritu suscita en mí y que quizá no tengo condiciones de escuchar en la prisa diaria.
 Educar la mirada: lograr "ver" al Espíritu actuando en tantas cosas como él mueve y dirige...
 No dejarnos deslumbrar por todos los que se remiten fácilmente al "espíritu" y en su nombre se apartan del compromiso del amor, de la atención a los pobres...: hacer "discernimiento de espíritus"…

Para la reunión de grupo
¿Qué reacción nos produce la palabra "espíritu"? Presentemos y comentemos algunos sinónimos explicativos.
Hoy hablan muchos del "espíritu" y lo encuentran en regiones o en actividades muy lejanos de la realidad, del compromiso social, en lo "puramente religioso"... ¿Es así lo que la Biblia nos dice del Espíritu? Pongamos ejemplos.
«Hay que ser espirituales, no espiritualistas»: comentar la frase, con razones y con experiencias.
Lucas, en la narración que hace del acontecimiento de Pentecostés en el libro de los Hechos de los Apóstoles (1ª lectura) utiliza en el trasfondo de lo que escribe los símbolos de lo que ocurrió en Babel: ¿en qué sentido?

Para la oración de los fieles
Para que el Espíritu de Pentecostés se siga derramando hoy en la Iglesia en todos sus miembros, para animarla a ser fermento y catalizador de todas las transformaciones que el mismo Espíritu produce en todos los hombres y mujeres de todas las razas y credos, roguemos al Señor...
Por este mundo que en la actualidad tiene en curso más de 30 guerras, para que el Espíritu de Dios, que actúa en todos los pueblos, nos lleve poco a poco a superar la Babel de la confusión y nos encamine a la reconciliación y la Paz...
Por esta humanidad, hija de Dios, que se refiere a El y lo ama desde las más diversas religiones y tradiciones espirituales; para que, sin perder la identidad espiritual que Dios ha dado a cada pueblo -destello singular de su gloria- todas las religiones dialoguen activa y fructuosamente, como mediaciones que son del único Dios...
Para que el Espíritu Dios, "padre de los pobres" [Pater páuperum], que siempre les ha dado a lo largo de la historia, sobre todo en los momentos más difíciles y de máxima postración, claridad en la visión y coraje para la lucha, les dé hoy también en todo el mundo, fe convencida y esperanza activa...
Para que el Espíritu del Dios creador, "que repuebla la faz de la Tierra" y deposita -también en todas las criaturas- una participación de sí mismo, nos haga a los humanos conscientes de que no poseemos el mundo en propiedad para utilizarlo y consumirlo, sino para co-existir con todas las cosas y con-vivir con todas las criaturas animadas reverenciando así tanto a la Creación como al Creador...


Oración comunitaria
 Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de la Gloria: ilumina nuestra mirada interior para que, viendo lo que esperamos a raíz de tu llamado, y entendiendo la herencia grande y gloriosa que reservas a tus santos, comprendamos con qué extraordinaria fuerza actúa en favor de los que creemos. Por N.S.J. [cfr Ef 1, 17ss]
 Dios nuestro, Espíritu inasible, Luz sobre toda luz, Amor que está en todo amor, Fuerza y Vida que alienta en toda la Creación: derrámate hoy de nuevo sobre toda la Creación y sobre todos los pueblos, para que buscándote más allá de los diferentes nombres con que te invocamos, podamos encontrarte, y podamos encontrarnos en ti unidos en amor a todo lo que existe. Tú que vives y haces vivir, por los siglos de los siglos.

Los comentarios que se adjuntan se toman de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en 
www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico



viernes, 2 de junio de 2017

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