martes, 4 de diciembre de 2012

Henri J.M. Nouwen: El regreso del hijo pródigo.


 
EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO
Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt
 Henri J. M. Nouwen
 
 




          Este libro ha sido presentado por Olga y las opiniones vertidas en este documento corresponden a todos y cada uno de los miembros del grupo de literatura.
          Esta obra toma como base el famoso cuadro que pintó Rembrand (El retorno del hijo pródigo), la parábola del Hijo Pródigo, contenida en la Biblia, y la trayectoria espiritual del propio autor. 
 
          El retorno del hijo pródigo es una obra del pintor holandés Rembrandt. Está realizado en óleo sobre tela, y fue pintado hacia el año 1662. Mide 2'62 m. de alto y 2'05 m. de ancho. Se exhibe actualmente el Museo del Hermitage, de San Petersburgo.

          Rembrandt, es el maestro del claroscuro, pintor del barroco que llevó una vida llena de inestabilidad, de grandes conflictos personales y familiares. Un año antes de su muerte, falleció su hijo Tito.

          Al final de su días, vivió una sincera y quizás angustiada búsqueda de Dios.

          El cuadro se inspira en la parábola del hijo pródigo, contenida en la Biblia, en el evangelio de San Lucas (Lc 15, 11-32). La escena representa el momento cumbre del perdón, de la reconciliación y de la misericordia. Es el arrepentimiento del Hijo, que había desgastado su vida y despilfarrado su patrimonio, perdiendo su dignidad, y vuelve al Padre, quien le perdona y lo restituye en su humanidad. El anciano padre lo acoge con un gesto afectuoso, lleno de amor, con una misericordia infinita. Coloca las manos sobre la espalda de su andrajoso hijo. La luz incide sobre esta pareja padre-hijo, así como en el rostro del personaje de la derecha, identificado como el hijo mayor.

Parroquia Granada: Gójar

         “¿Quién no ha escuchado o rezado alguna vez esta escena del evangelio de Lucas?¿Quién en su vida no ha exigido lo que le corresponde, se ha ido y luego ha tenido que regresar con la cabeza baja; o quién no ha sido cabezota y se ha negado a entrar en razones como el hijo mayor... o quién, por qué no, no ha sido alguna vez ese padre que acoge perdona y entiende a quien se acerca a su lado?” 
                                                 
          Todos nosotros regresamos a Dios, al Padre. Pasamos por todos los pasos y por todos los personajes que conforman esta escena evangélica. Es éste un libro que, leído despacio y meditando, hace que uno se identifique con cada frase. Es un libro para la meditación:

          “¿Cómo podemos encontrar la morada de Dios dentro de nosotros? A través de la oración continua.”

          Oramos para no desfallecer. Somos el hijo extraviado o el hijo resentido, pero podemos llegar a ver con la luz interior que da la maduración personal.

          Necesitamos de una conversión (hijo menor), o nos creemos justos (hijo mayor); pero Dios padre dice: “Todo lo mío es tuyo”. Dios sale a nuestro encuentro y nos acoge, nos perdona, nos reconcilia y nos restituye a nuestra propia humanidad.

          Esta parábola expresa quién es Dios y cómo es el hombre. Dios es misericordioso, que restituye la frágil humanidad del hombre por medio de un anillo, signo de la filiación recuperada; con sandalias, signo de la libertad también recuperada; con un traje nuevo, imprescindible para una vida nueva, reconciliada; y con el sacrificio de un novillo, el mejor, preanuncio del sacrificio del Cordero de Dios. Todo ello enmarcado en el abrazo de la acogida, íntima, gozosa, misericordiosa, festiva, comunicativa.


          Podemos conocer la vida oscura, pero elegimos vivir en la luz. El pecado del hijo mayor es el pecado de la envidia, la soberbia...; nosotros somos el hijo menor, o el hijo mayor en algún momento de nuestra vida; o somos el padre en el momento que  vemos necesidades en los demás.

          Profundizamos cada día en el diálogo con Dios y es necesario mantener una “tensión” diaria en todas nuestras actuaciones, como cuando cantamos, sin bajar la nota musical; ahora bien, esa tensión es agotadora, requiere de una lucha y de una disciplina en la relación con los demás y con Dios. Hay que hacer “lo ordinario extraordinariamente bien”.

         Es una tensión espiritual que hace que avancemos con un impulso que ya hemos recibido en la acogida, que restituye con ese abrazo íntimo del Padre que no ha olvidado su fidelidad para con el Hijo.

          En la Carta Encíclica DIVES IN MISERICORDIA,(30-nov-1980), Juan Pablo II nos presenta el proceso de conversión del hijo pródigo como el camino en busca de la dignidad perdida de la humanidad destrozada y despilfarrada, de la filiación despreciada. El hijo pródigo es el hombre de todos los tiempos, la humanidad entera que peca y busca el perdón. El Padre se mantiene fiel a su paternidad, a su amor para con el hijo. El Padre es consciente de que se ha salvado un bien fundamenteal: el bien de la humanidad de su hijo, que ha gastado todo su patrimonio, pero ha quedado salvada su humanidad.

         Según Juan Pablo II,  “la misericordia se manifiesta en su aspecto verdadero y propio, cuando revalida promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre ;[..] es el amor que no se deja vencer por el mal, sino que vence con el bien al mal”.


viernes, 30 de noviembre de 2012

Escuela de Frankfurt.

ESCUELA FRANKFURT
 
Theodor Wiesengrund Adorno - Max Horheimer
 
 
¿Qué es la "Escuela de Frankfurt?
 
          Fue un centro de  pensamiento e investigación Social y filosófico; surgió en la década de los 20 porolongandose en el tiempo más allá de la II Guerra Mundial.
 
          Se propusieron investigar la sociedad no sectorialmente sino como un todo, con todo el entramado de relaciones y manifestaciones: económicas, psicológicas, políticas etc...
 
Miembros destacados: Karl Grünberg, Friedrich Pollock, Marx Horkheimer, Adorno, Marcuse, Fromm, Wittfogel y Löwnthal.
 
Ideas principales de la Escuela
 
1. Theodor Wiesengrund Adorno:
 
          En diálogo, o mejor en lucha con Hegel, Adorno se centra en un momento de la dialéctica hegeliana, en la Anti-tesis; en el momento en que ser y razón quedan separados. Dialética negativa: niega la identidad entre realidad y pensamiento (negación por tanto de la Modernidad y del Idealismo).
         Adorno en su obra Tres estudios sobre Hegel afirma: "la razón se vuelve impotente para captar lo real no por su propia impotencia, sino porque lo real no es razón". 
 
         Giovanni Reale y Dario Antiseri, en su Historia de la Filosofía afirman:
 
                   "Por Ilustración, ambos autores no entienden sólo aquel movimiento de pensamiento que caracterizó la llamada época de las luces. sino que piensan más bien en el trayecto recorrido por la razón que, desde Jenófanes, ha tratado de racionalizar el mundo, convirtiéndolo en algo manipulable y sometido a la dominación del hombre (...) la Ilustración se opone a la autodestrucción y esto ocurre porque ha quedado paralizada por el miedo a la verdad. En ella ha prevalecido la idea de que el saber es más bien técnica que critíca (...) Vivimos en una sociedad totalmente administrada, y ésta <la condena natural de los hombres se muestra hoy inseparable del progreso social> <El aumento de la producción económica, por una parte, genera condiciones de un mundo más justo, pero, por otro lado, otorga al aparato técnico y a los grupos sociales que disponen de él una superioridad inmensa sobre el resto de la población. Ante las potencias económicas el individuo se ve reducido a cero...>"
 
         En Dialéctica de la ilustración afirma Adorno:

                  "La Ilustración, en el más amplio sentido, ha perseguido desde siempre el objeto de quitar a los hombres el miedo y convertirlos en señores. Pero la Tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad".

          A veces te topas con algún hombre que se autoerige en representante de la Ciencia y en nombre de todos los científicos: pasados, presentes y futuros, se dispone a lanzarnos un discurso, al tiempo que se le alarga el cuello, se le tensan los tendones, se le aligera la lengua, mira a izquierda y derecha, y como si fuese el héroe que posee la única verdad, grita al que pasa ante él; a unos los llama ignorantes, a otros dogmáticos, a sus compañeros incompetentes. Este hombre es lo que nos queda de aquellos ilustrados que ve derrumbarse el mundo en el que había creído. Los descubrimientos actuales, desmienten los anteriores, la ciencia ilustrada fue complice de los que dirigieron los campos de concentración en la Alemania de Hitler, la ciencia después de esta guerra será señalada como "Ideología".

          Todavía la soberbia ciega al hombre que se autodenomina científico, le basta ésta para despreciar al resto de los hombres, aún no sabe que es un hombre del siglo XIX; precisamente su ciencia le impide reconocer todo ese mundo que supera la realidad del laboratorio, la reducción de los conceptos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cristovao de Bermudes

 Alcazar Segovia
 
CRISTÓBAL BERMÚDEZ
 
Capitán de Enrique IV de Castilla, degollado por Isabel la Católica
 

"Procedem os Bermudes deste Reyno de Christovao Bermudes, que sevio a el Rey D. Asfonso V na guerra de Castella, e sendo prezo pe los castelhados no desbarato de D. Garcia bispo de Evora, el Rey D. Fernando Catholico o mandou de golar pe los grandes dannos, que no Reyno fizera em companhia de Pedro de Mendanha tem poc Armas o escudo em palla, na primeira de vermelho sete redomas ouro, na segunda escaques  de ouro de cinco penças em faxa." ("Tratado da nobreza hereditaria e politica", Antonio de Villas Boas).
 
 
escudo  Bermúdes-Zamora
Conservado por los descendientes en Alhama de Granada
Heráldica Zamora - Bermúdez

         Cristóbal Bermúdez 24 de Córdoba, Capitán de Enrique IV, fue fiel al Rey hasta su muerte. Al producirse la guerra civil entre Isabel de Castilla hermana de Enrique IV y la hija de éste, Juana la Beltraneja, conocida en Portugal como la Excelente Senhora, Bermúdez permanecerá luchando a favor de ella, esto no lo perdonará Isabel que lo manda degollar en el pueblo extremeño de Lobón en 1479.
 
           Bermudo Dias era el otro nombre como era conocido el capitán Bermúdez, estuvo casado don doña Mayor Martínez de Cárdenas y Córdoba. Ambos tuvieron varios hijos: Fernando, María y Elvira Bermúdez de Cardenas.
 
 
Armaduras
 
          "Fenao Bermudez- capitao na armada de D. Francisco de Almeida (1505). Era filho de Cristóvao Bermudez que tomou o partido da Beltraneja o que o obrigou, depois da vitória de Isabel, a Católica a refugiar-se em Portugal. Este cavaleiro de origem castelhana recibeu, conjuntamente, con a sua mulher D. Isabel de Ataíde a protecçao da Excelente Senhora. En 1490, era membro da guarda de D. Joao II. Era pai de Cristovao Bermudez que viajou consigo até ao Oriente e parente de Diogo bermudez Guadalajara que foi alcaide-mor de Cananor". (Os capitaes das Armadas da Índia no reinado de D. Manuel I - uma análise social, autora: Teresa Lacerda: Dissertaçao de mestrado em historia e arqueologia da Expansao e dos descobrimientos portugueses, Universidade Nova de Lisboa).
 
          El hijo, como hemos visto, tuvo que exiliarse a Portugal, mientras que las hijas Elvira y Maria de Bermúdez y Cardenas permanecieron en España, suponemos que en el entorno de sus abuelos maternos: Gonzalo Gómez de Córdoba, XXIV de Córdoba, alcalde mayor de Lucena y doña Leonor Sánchez de Cárdenas.
 
Reverso escudo Zamora-Bermudez
 
           El que Isabel de Castilla mandara degollar a Cristóbal Bermúdez, es uno de los motivos junto con otros por los cuales nunca será beatificada. Para dar razón de los hechos acaecidos que llevaron a la muerte al capitán de Enrique IV voy a seguir el artículo del historiador don Eloy Benito Ruano: "Canales y Perales, un episodio en las rebeldías del arzobispo Carrillo", publicado en Anuario de estudios medievales, instituto de historia medieval de España, 2, Barcelona, 1965.

Castillo de Juan Pacheco, Belmonte Cuenca

          "En los últimos meses de 1470 la escisión política de los magnates castellanos mantenían el reino en este estado de endémica inquietud, rayando la guerra civil (...) Papel muy principal en la facción insumisa a Enrique IV desempeñaba el arzobispo de Toledo D. Alonso Carrillo (...) Y era precisamente esta ciudad sede de su arzobispado, ocasionalmente fiel al monarca, la que sufría por entonces las peores consecuencias de la rivalidad entre los partidos. Unos y otros (...) pugnaban por su dominio, y los habitantes de su tierra, o quienes a la capital se dirigían, sufrían depredación y vejaciones por parte de los secuaces del arzobispo, que guarnecían las fronteras de éste en la comarca"
 
Interior del Castillo de Juan Pacheco, Belmonte, 500 años más tarde
 
          "Para combatir tales desmanes, aunque actuando al parecer por propia iniciativa, dos capitanes del rey, Cristóbal Bermúdez y Vasco de Contreras, se apoderaron (...) de Canales y Perales. El primero de aquéllos -<capitán muy acepto al servicio del rey> le califica Enríquez del Castillo, -lo tomó por combate, al decir del expresado cronista y capellán de Enrique IV; si bien el maldicente Alonso de Palencia afirma que si ocupó la fortaleza fue por traición. (...) son unánimes en consignar que todo se verificaba, si no por orden, sí con consentimiento del rey, que daba y ordenaba dar a sus capitanes toda clase de apoyos para la depredación de los dominios del arzobispo".
 
           "(...) En cuanto a las censuras contra el propio rey y sus capitanes Contreras y Bermúdez, fueron levantadas, con carácter provisional, el 27 de enero de 1472, por el pontífice Sixto IV, quien comisionaba a su legado a latere D. Rodrigo de Borja, para resolver definitivamente la cuestión. Sin embargo, todavía en la primavera del año siguiente, el rey habría de dirigirse al cabildo de la Iglesia toledana para que hiciese recaer sobre Cristóbal Bermúdez, los efectos de la absolución pontificia que, al parecer, el arzobispo se obstina en no reconocer".
 
Borgia
 
          "Muerto su señor Enrique IV, Bermúdez se había exilidado a Portugal y adoptado el servicio de Alfonso V y la Beltraneja. En 1479 era uno de los tres capitanes que permanecieron en territorio extremeño con el ejercito lusitano al mando del obispo de Evora. Derrotado y prisionero en Albuera, los reyes católicos lo mandaron degollar por traidor".

Archivo Simancas

          Como siempre, los políticos y sus acompañantes (periodistas hoy, en tiempos pasados cronistas) pronto se pusieron de parte de la ganadora, la traidora Isabel de Castilla y justificaron todos sus actos consiguiendo mitificarla. La historia, ayer igual que  hoy, se escribe siempre a favor del bando ganador; en tiempos pasados, el historiador heterodoxo podía correr el peligro de perder su libertad, hoy se le puede negar el favor en la publicadión de las obras históricas, por parte de universidades y editoriales, consiguéndose con ello el asesinato intelectual.
 
GENEALOGÍA
 
MAYOR MARTÍNEZ DE CÁRDENAS Y CÓRDOBA
 
Mujer de Cristóbal Bermúdez
 
 
Padre: Señor de la Montesina Gonzalo Gómez de Córdoba.
Abuelos 1º. (paternos): Antonio Gómez de Córdoba y Mayor Martínez Cerón.
 

Madre: Leonor Sánchez de Cárdenas:
 
Abuelos 1º. (maternos): Luis Sánchez de Cárdenas y Elvira Gutiérrez de Aguayo.
Abuelos 2º: Pedro Ruiz de Cárdenas y Leonor Narváez.
Abuelos 3º: Juan Sánchez de Cárdenas y Gracia Martínez de Baena.
Abuelos 4º:  Lope Ruiz de Cárdenas y María Méndez de Sotomayor.
Abuelos 5º: Pedro Ruiz de Cárdenas y Leonor López de Haro.
Abuelos 6º: Conquistador de Córdoba Rui Sánchez de Cárdenas y Señora de Cortijo Rubio Teresa de Peralta.
Abuelos 7º: I Señor de la Villa de Cárdenas Sancho López de Cárdenas y Urgel y Teresa González.
Abuelos 8º: Ricohombre Lópe López de Haro y Ruiz de Castro y Señora de Almenara María Urgel.
Abuelos 9º: IX Señor de Vizcaya, Nájera y Castilla la Vieja Lope IV Diaz de Haro y Sánchez.
Abuelos 10º: VIII Señor de Vizcaya, Álava, Nájera y Haro Diego III López de Haro y María Sánchez.
Abuelos 11º: VII Señor de Vizcaya, Álava, Nájera Lope II Iñiguez y Tildo o Tiello Álvarez.
Abuelos 12º: VI Soberano de Vizcaya, Durango y Nagera Iñigo López y Toda Hortiz.
Abuelos 13º: V Señor de Vizcaya Lope III Nuñez y Useda Ramirez y Godinez.
Abuelos 14º: IV Señor de Vizcaya Nuño López y Infanta Velasquita Navarra y Aznare.
Abuelos 15º: III Señor de Aza y Marañón García Fernández Castilla y Señora de Cabrera Nuña Gutierrez de Soberano y Osorio.
Abuelos 16º: Duque y Señor II de Vizcaya Fortun López y Aurea o Oria N.
Abuelos 17º: I Señor, Capitán o conde de Vizcaya Lope Sarraciniz y Dalda Estiguiz y.
Abuelos 18º: Conde Diego Suarez.
Abuelos 19º:
 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Libertad y verdad

LIBERTAD Y VERDAD
 
 
          "La Libertad en su esencia es interior al hombre, connatural a la persona humana, signo distintivo de su naturaleza. La libertad de la persona encuentra, en efecto, su fundamento en su  dignidad transcendente: una dignidad que le ha sido regalada por Dios, su Creador, y que le orienta hacia Dios. El hombre, dado que ha sido creado a imagen de Dios, es inseparable de la libertad, de esa libertad que ninguna fuerza o apremio exterior podrá jamás arrebatar y que constituye su derecho fundamental, tanto como individuo cuanto como miembro de la socidad. El hombre es libre porque posee la facultad de determinarse en unción de lo verdadero y sobre el mundo". (Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, 1981, nº 5)
 
 
 
 
Peregrina camino de Santiago
 
 
          "En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación dada por Dios para su misión concreta. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos, como germen, un conjunto de aptitudes y cualidades para hacerlas fructíferas: su floración, fruto de la educación recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada uno orientarse hacia el destino, que se le ha sido propuesto por su creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento lo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces estorbado, por los que lo educan y lo rodean, cada uno permanece siempre, sea lo que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en su humanidad, valer más, ser más" (Populorum Progressio, nº 15)






 Alhama de Granada


 
 
          "Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: "Conoceréis la verdad y la verdad os liberará" (Jn 8, 32). Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: la exigencia de una relación honesta conrespecto a la verdad, como condición de una auténtica libertad; la advertencia, además de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundice en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo".  (Redemptor Hominis, nº 12)


Entrada de Jesús en Jerusalén, Huétor Tájar

 
          Pero la libertad, no es sólo un derecho que se reclama para uno mismo, es un deber que se asume cara a los otros. Para servir verdaderamente a la paz, la libertad de cada ser humano y cada comunidad humana debe respetar las libertades y los derechos de los demás, individuales o colectivos. Ella encuentra en su respeto su límite, pero además su lógica y su dignidad, porque es por naturaleza un ser social" (mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, 1891, nº 7)


San Benito de Palermo, esclavo que consiguió su libertad; era el Santo venerado por las cofradías formadas por esclavos en la Granada del S. XVII. Esta imagen se conserva en la parroquia de Gójar.
 
          "...al consumar en la cruz la obra de la redención, (...) Dió testimonio de la verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza a los que le contradecían. Pues su reino no se impone con la violencia, sino que se establece dando testimonio de la verdad y prestándole oído, y crece por amor con que Cristo, levantado en la cruz, atrae a los hombres a sí mismo (Jn 12,32)". (Dignitatis Humanae, n 5).


Parroquia Gójar

 
           "....la verdadera libertad no es promovida tampoco en la sociedad permisiva, que confunde la libertad con la licencia de hacer cualquier opción y que proclama, en nombre de la libertad, una especie de amoralidad general. Es proponer una caricatura de la libertad pretender que el hombre es libre para organizar su vida sin referencia a los valores morales y que la sociedad no está para asegurar la protección y la promoción de los valores éticos. Semejante actitud es destructora de la libertad y de la paz" (Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, 1981, nº 7)



 
 
          "La Iglesia tampoco cierra los ojos ante el peligro del fanatismo o fundamentalismo de quienes, en nombre de la ideología con pretensiones de científica o religiosa, creen que pueden imponer a los demás hombres su concepción de la verdad y del bien. No es de esta índole la verdad cristiana. Al no ser ideológica, la fe cristiana no pretende encuadrar en un rígido esquema la cambiante realidad socio-política y reconoce que la vida del hombre  se desarrolla en la historia en condiciones diversas y no perfectas. La Iglesia, por tanto, al ratificar constantemente la transcendente dignidad de la persona, utiliza como método propio el respeto de la libertad". (Centesimus Annus, nº 46





No hay que olvidar que en Francia la democracia comenzó con la guillotina ni que Hitler accedió al poder mediante la democracia.
 
          La democrácia no puede mantenerse sin un compromiso compartido con respecto a ciertas verdades morales sobre la persona humana y la comunidad humana. La pregunta fundamental que ha de plantearse una sociedad democrática es: " ¿Cómo debemos vivir juntos?". Al tratar de responder esta pregunta, ¿puede la socidad excluir la verdad y el razonamiento moral?...Cada generación...necesita saber que la libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, sino en tener el derecho de hacer lo que debemos. Cristo nos pide que conservemos la verdad, porque, como nos prometió: "conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8,32). Depositum custodi! Debemos custodiar la verdad, que es la condición de la auténtia libertad, y permite que ésta alcance su plenitud en la bondad. Tenemos que conservar el depósito de la verdad divina, que nos han transmitido en la Iglesia, especialmente con vistas a los desafíos que plantea la cultura materialista y la mentalidad permisiva, que reducen la libertad a libertinaje". (Juan Pablo II, Homilia en Baltimore, nnº 7-8)








Simone Weil, Filósofa francesa, que no sólo buscó la verdad y la libertad sino que la vivió 


          "No sólo no es lícito desatender desde el punto de vista ético la naturaleza del hombre que ha sido creado para la libertad, sino que esto ni siquiera es posible en la práctica. Donde la sociedad se organiza reduciendo de manera arbitraria o incluso eliminando el ámbito en que se ejercita legítimamente la libertad, el resultado es la desorganización la decadencia progresiva de la vida social". (Centesimus Annus, nº 25)

Plaza Gójar

          

viernes, 16 de noviembre de 2012

Discurso Ratisbona.

Discurso de Benedicto XVI
Universidad de Ratisbona



 
 
«Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones»
 
 
 
 
 
¡Ilustres señores, gentiles señoras!

           Para mí es un momento emocionante estar nuevamente en la cátedra de la universidad y poder impartir una vez más una lección. Mi pensamiento vuelve a aquellos años en los que, tras un hermoso periodo en el Instituto Superior de Freising, inicié mi actividad de profesor académico en la Universidad de Bonn. En el año 1959 se vivían todavía los viejos tiempos de la universidad en que había profesores ordinarios. Para las cátedras individuales no existían ni asistentes ni dactilógrafos, pero en compensación se daba un contacto muy directo con los estudiantes y sobre todo entre los profesores.

            Se daban encuentros antes y después de las lecciones en los cuartos de los docentes. Los contactos con los historiadores, los filósofos, los filólogos y también entre las dos facultades teológicas eran muy cercanos. Una vez al semestre había un «dies academicus», en el que los profesores de todas las facultades se presentaban delante de los estudiantes de toda la universidad, haciendo posible una verdadera experiencia de «universitas» --algo a lo que también ha aludido usted, señor rector, hace poco--: el hecho que nosotros, a pesar de todas las especializaciones, que a veces nos impiden comunicarnos entre nosotros, formamos un todo y trabajamos en el todo de la única razón con sus diferentes dimensiones --estando así juntos también en la común responsabilidad por el recto uso de la razón--, hacía que se tratase de una experiencia viva. La universidad, sin duda, estaba orgullosa también de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionalidad de la fe, desarrollan un trabajo que necesariamente forma parte del «todo» de la «universitas scientiarum», aunque no todos podían compartir la fe, por cuya correlación con la razón común se esfuerzan los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón tampoco quedó perturbada cuando se supo que uno de los colegas había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía: Dios. En el conjunto de la universidad era una convicción indiscutida el hecho de que incluso frente a un escepticismo así de radical seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y en el contexto de la tradición de la fe cristiana.
 
 
 

Benedicto XVI y un grupo de Judíos
 
          Me acordé de todo esto cuando recientemente leí la parte editada por el profesor Theodore Khoury (Münster) del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez durante el invierno del 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y la verdad de ambos. Fue probablemente el mismo emperador quien anotó, durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402, este diálogo. De este modo se explica el que sus razonamientos son reportados con mucho más detalle que las respuestas del erudito persa. El diálogo afronta el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero necesariamente también en la relación entre las «tres Leyes» o tres órdenes de vida: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Corán. Quisiera tocar en esta conferencia un solo argumento --más que nada marginal en la estructura del diálogo-- que, en el contexto del tema «fe y razón» me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre este tema.


           En el séptimo coloquio (controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la «yihad» (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de la fe». Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte…».




Antiguo acceso museos vaticanos

           La afirmación decisiva en esta argumentación contra la conversión mediante la violencia es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, comenta que para el emperador, como buen bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. Para la doctrina musulmana, en cambio, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a la de la racionalidad. En este contexto Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien revela que Ibh Hazn llega a decir que Dios no estaría condicionado ni siquiera por su misma palabra y que nada lo obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría.

           Aquí se abre, en la comprensión de Dios y por lo tanto en la realización concreta de la religión, un dilema que hoy nos plantea un desafío muy directo. La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o es válido siempre por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda concordancia entre aquello que es griego en el mejor sentido y aquello que es fe en Dios sobre el fundamento de la Biblia. Modificando el primer verso del Libro del Génesis, Juan comenzó el «Prólogo» de su Evangelio con las palabras: «Al principio era el logos». Es justamente esta palabra la que usa el emperador: Dios actúa con «logos». «Logos» significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero, como razón. Con esto, Juan nos ha entregado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra en la que todas las vías frecuentemente fatigosas y tortuosas de la fe bíblica alcanzan su meta, encontrando su síntesis. En principio era el «logos», y el «logos» es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. La visión de San Pablo, ante quien se habían cerrado los caminos de Asia y que, en sueños, vio un macedonio y escuchó su súplica: «¡Ven a Macedonia y ayúdanos!» (Cf. Hechos 16, 6-10), puede ser interpretada como una «condensación» de la necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y la filosofía griega.

           En realidad, este acercamiento ya había comenzado desde hacía mucho tiempo. Ya el nombre misterioso de Dios de la zarza ardiente, que separa a Dios del conjunto de las divinidades con múltiples nombres, afirmando solamente su ser, es, confrontándose con el mito, una respuesta con la que está en íntima analogía el intento de Sócrates de vencer y superar al mito mismo. El proceso iniciado hacia la zarza alcanza, dentro del Antiguo Testamento, una nueva madurez durante el exilio, donde el Dios de Israel, entonces privado de la Tierra y del culto, se presenta como el Dios del cielo y de la tierra, con una simple fórmula que prolonga las palabras de la zarza: «Yo soy». Con este nuevo conocimiento de Dios va al mismo paso una especie de ilustración, que se expresa drásticamente en la mofa de las divinidades que no son más que obra de las manos del hombre (Cf. Salmo 115). De este modo, a pesar de toda la dureza del desacuerdo con los soberanos helenísticos, que querían obtener con la fuerza la adecuación al estilo de vida griego y a su culto idolátrico, la fe bíblica, durante la época helenística, salía interiormente al encuentro de lo mejor del pensamiento griego, hasta llegar a un contacto recíproco que después se dio especialmente en la tardía literatura sapiencial. Hoy nosotros sabemos que la traducción griega del Antiguo Testamento, realizada en Alejandría --la Biblia de los «Setenta»--, es más que una simple traducción del texto hebreo (que hay que evaluar quizá de manera poco positiva): es de por sí un testimonio textual, y un paso específico e importante de la historia de la Revelación, en el cual se ha dado este encuentro que tuvo un significado decisivo para el nacimiento del cristianismo y su divulgación. En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente desde la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, desde la naturaleza del pensamiento helenístico fusionado ya con la fe, Manuel II podía decir: No actuar «con el "logos"» es contrario a la naturaleza de Dios.
 
Casa de Goethe en Roma

           Honestamente es necesario anotar, que en el tardío Medioevo, se han desarrollado en la teología tendencias que rompen esta síntesis entre espíritu griego y espíritu cristiano. En contraposición al así llamado intelectualismo agustiniano y tomista, con Juan Duns Escoto comenzó un planteamiento voluntarista, que al final llevó a la afirmación de que sólo conoceremos de Dios la «voluntas ordinata».

           Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual Él habría podido crear y hacer también lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que, sin lugar a dudas, pueden acercarse a aquellas de Ibn Hazn y podrían llevar hasta la imagen de un Dios-Árbitro, que no está ligado ni siquiera a la verdad y al bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien dejan de ser un espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraposicio´n, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente las desemejanzas son infinitamente más grandes que las semejanzas --como dice el Concilio Lateranense IV en 1215--, pero que no por ello se llegan a abolir la analogía y su lenguaje. Dios no se hace más divino por el hecho que lo alejemos en un voluntarismo puro e impenetrable, sino que el Dios verdaderamente divino es ese Dios que se ha mostrado como el «logos» y como «logos» ha actuado y actúa lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor «sobre pasa» el conocimiento y es por esto capaz de percibir más que el simple pensamiento (Cf. Efesios 3,19); sin embargo, el amor del Dios-Logos concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón, como añade san Pablo es «lógico» (Cf. Romanos 12, 1).

           Ese acercamiento recíproco interior, que se ha dado entre la fe bíblica y el interrogarse a nivel filosófico del pensamiento griego, es un dato de importancia decisiva no sólo desde el punto de visa de la historia de las religiones, sino también desde el de la historia universal, un dato que nos afecta también hoy. Considerado este encuentro, no es sorprendente que el cristianismo, no obstante su origen e importante desarrollo en Oriente, haya encontrado su huella históricamente decisiva en Europa. Podemos expresarlo también al contrario: este encuentro, al que se une sucesivamente el patrimonio de Roma, ha creado Europa y permanece como fundamento de aquello que, con razón, se puede llamar Europa. 
 
Colegio Juan XXIII Zaidín
 Mari Carmen Molina, Colegio Juan XXIII Granada: Zaidín, Chana, Cartuja. Gójar.
 
           A la tesis, según la cual, el patrimonio griego, críticamente purificado, forma parte integrante de la fe cristiana, se le opone la pretensión de la deshelenización del cristianismo, pretensión que desde el inicio de la edad moderna domina de manera creciente en la investigación teológica. Si se analiza con más detalle, se pueden observar tres oleadas en el programa de la deshelenización: si bien están relacionadas entre sí, en sus motivaciones y en sus objetivos, son claramente distintas la una de la otra.

           La deshelenización se da primero en el contexto de los postulados fundamentales de la Reforma del siglo XVI. Considerando la tradición de las escuelas teológicas, los reformadores se veían ante a una sistematización de la fe condicionada totalmente por la filosofía, es decir, ante un condicionamiento de la fe desde el exterior, en virtud de una manera de ser que no derivaba de ella. De este modo, la fe ya no parecía como una palabra histórica viviente, sino como un elemento integrado en la estructura de un sistema filosófico. 

 
J. Ant. Espejo Zamora
 
           La «sola Scriptura», en cambio, busca la forma pura primordial de la fe, tal y como está presente originariamente en la Palabra bíblica. La metafísica se presenta como un presupuesto derivado de otra fuente, de la que tiene que liberarse la fe para hacer que vuelva a ser ella misma. Kant siguió este programa con una radicalidad que los reformadores no podían prever. De este modo, ancló la fe exclusivamente en la razón práctica, negándole el acceso al todo de la realidad.


           La teología liberal de los siglos XIX y XX acompaña la segunda etapa del proceso de deshelenización, con Adolf von Harnack, como su máximo representante. Cuando era estudiante y en mis primeros años como docente, este programa influenciaba mucho incluso a la teología católica. Tomó como punto de partida la distinción que Pascal hace entre el Dios de los filósofos y el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En mi discurso inaugural en Bonn, en 1959, traté de referirme a este asunto. No repetiré aquí lo que dije en aquella ocasión, pero me gustaría describir, al menos brevemente, lo que era nuevo en este proceso de deshelenización. La idea central de Harnack era volver simplemente al hombre Jesús y a su mensaje esencial, sin los añadidos de la teología e incluso de la helenización: Este mensaje esencial era visto como la culminación del desarrollo religioso de la humanidad. Se decía que Jesús puso punto final al culto sustituyéndolo por la moral. En definitiva, se le presentaba como padre de un mensaje moral humanitario.

           La meta fundamental era hacer que el cristianismo estuviera en armonía con la razón moderna, es decir, liberarle de los elementos aparentemente filosóficos y teológicos, como la fe en la divinidad de Cristo y en Dios uno y trino. En este sentido, la exégesis histórico-crítica del Nuevo Testamento restauró el lugar de la teología en la universidad: Para Harnack, la teología es algo esencialmente histórico y por lo tanto estrictamente científico. Lo que se puede decir críticamente de Jesús, es por así decir, expresión de la razón práctica y consecuentemente se puede aplicar a la Universidad en su conjunto.

           En el trasfondo se da la autolimitación moderna de la razón, expresada clásicamente en las «críticas» de Kant, que mientras tanto fue radicalizándose ulteriormente por el pensamiento de las ciencias naturales. Este concepto moderno se basa, por decirlo brevemente, en la síntesis entre el platonismo (cartesianismo) y el empirismo, una síntesis confirmada por el éxito de la tecnología. Por un lado presupone la estructura matemática de la materia, y su intrínseca racionalidad, que hace posible entender cómo funciona la materia funciona como es posible usarla eficazmente: esta premisa básica es, por así decirlo, el elemento platónico en el entendimiento moderno de la naturaleza. Por otro lado, se trata de la posibilidad de explotar la naturaleza para nuestros propósitos, y en ese caso sólo la posibilidad de la verificación o falsificación a través de la experimentación puede llevar a la certeza final. El peso entre los dos polos puede, dependiendo de las circunstancias, cambiar de un lado al otro. Un pensador tan positivista como J. Monod declaró que era un convencido platónico. 
           Esto permite que emerjan dos principios que son cruciales para el asunto al que hemos llegado. Primero, sólo la certeza que resulta de la sinergia entre matemática y empirismo puede ser considerada como científica. Lo que quiere ser científico tiene que confrontarse con este criterio. De este modo, las ciencias humanas, como la historia, psicología, sociología y filosofía, trataron de acercarse a este canon científico. Para nuestra reflexión, es importante constatar que el método como tal excluye el problema de Dios, presentándolo como un problema acientífico o precientífico. Pero así nos encontramos ante la reducción del ámbito de la ciencia y de la razón que necesita ser cuestionada.

           Volveré a tocar el problema después. Por el momento basta tener en cuenta que cualquier intento de la teología por mantener desde este punto de vista un carácter de disciplina «científica» no dejaría del cristianismo más que un miserable fragmento. Pero tenemos que decir más: si la ciencia en su conjunto no es más que esto, el hombre acabaría quedando reducido. De hecho, los interrogantes propiamente humanos, es decir, «de dónde» y «hacia dónde», los interrogantes de la religión y la ética no pueden encontrar lugar en el espacio de la razón común descrita por la «ciencia» entendida de este modo y tienen que ser colocados en el ámbito de lo subjetivo. El sujeto decide entonces, basándose en su experiencia, lo que considera que es materia de la religión, y la «conciencia» subjetiva se convierte en el único árbitro de lo que es ético. De esta manera, sin embargo, la ética y la religión pierden su poder de crear una comunidad y se convierten en un asunto completamente personal. Este es un estado peligroso para los asuntos de la humanidad, como podemos ver en las distintas patologías de la religión y la razón que necesariamente emergen cuando la razón es tan reducida que las preguntas de la religión y la ética ya no interesan. Intentos de construir la ética a partir de las reglas de la evolución o la psicología terminan siendo simplemente inadecuados. 

 
 

           Antes de esgrimir las conclusiones a las que todo esto lleva, tengo que referirme brevemente a la tercera etapa de deshelenización, que aún está dándose. A la luz de nuestra experiencia con el pluralismo cultural, con frecuencia se dice en nuestros días que la síntesis con el Helenismo lograda por la Iglesia en sus inicios fue una inculturación preliminar que no debe ser vinculante para otras culturas. Esto se dice para tener el derecho a volver al simple mensaje del Nuevo Testamento anterior a la inculturación, para inculturarlo nuevamente en sus medios particulares. Esta tesis no es falsa, pero es burda e imprecisa. El Nuevo Testamento fue escrito en griego y trae consigo el contacto con el espíritu griego, un contacto que había madurado en el desarrollo precedente del Antiguo Testamento. Ciertamente hay elementos en la proceso formativo de la Iglesia antigua que no deben integrarse en todas las culturas, Sin embargo, las decisiones fundamentales sobre las relaciones entre la fe y el uso de la razón humana son parte de la fe misma, son desarrollos consecuentes con la naturaleza misma de la fe.

           Y así llego a la conclusión. Este intento, hecho con unas pocas pinceladas, de crítica de la razón moderna a partir de su interior, no significa que hay que regresar a antes de la Ilustración, rechazando las convicciones de la era moderna. Los aspectos positivos de la modernidad deben ser conocidos sin reservas: estamos todos agradecidos por las maravillosas posibilidades que ha abierto para la humanidad y para su progreso que se nos ha dado. La ética científica, además, debe ser obediente a la verdad, y, como tal, lleva una actitud que se refleja en los principios del cristianismo. Mi intención no es el reduccionismo o la crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y su aplicación. Mientras nos regocijamos en las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, también podemos apreciar los peligros que emergen de estas posibilidades y tenemos que preguntarnos cómo podemos superarlas. Sólo lo lograremos si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo, si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, y si una vez más generamos nuevos horizontes. En este sentido la teología pertenece correctamente a la universidad y está dentro del amplio diálogo de las ciencias, no sólo como una disciplina histórica y ciencia humana, sino precisamente como teología, como una profundización en la racionalidad de la fe.

           Sólo así podemos lograr ese diálogo genuino de culturas y religiones que necesitamos con urgencia hoy. En el mundo occidental se sostiene ampliamente que sólo la razón positivista y las formas de la filosofía basadas en ella son universalmente válidas. Incluso las culturas profundamente religiosas ven esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón como un ataque a sus más profundas convicciones. Una razón que es sorda a lo divino y que relega la religión al espectro de las subculturas es incapaz de entrar al diálogo con las culturas. Al mismo tiempo, como he tratado de demostrar, la razón científica moderna con sus elementos intrínsecamente platónicos genera una pregunta que va más allá de sí misma, de sus posibilidades y de su metodología.

           La razón científica moderna tiene que aceptar la estructura racional de la materia y su correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el que se basa su metodología. Incluso la pregunta ¿por qué esto tiene que ser así? es una cuestión real, que tiene que ser dirigida por las ciencias naturales a otros modos y planos de pensamiento: a la filosofía y la teología. Para la filosofía y, si bien es cierto que de otra forma, para la teología, escuchar a las grandes experiencias y perspectivas de las tradiciones religiosas de la humanidad, de manera particular las de la fe cristiana, es fuente de conocimiento; ignorarla sería una grave limitación para nuestra escucha y respuesta. Aquí recuerdo algo que Sócrates le dijo a Fedón. En conversaciones anteriores, se habían vertido muchas opiniones filosóficas falsas, y por eso Sócrates dice: «Sería más fácilmente comprensible si a alguien le molestaran tanto todas estas falsas nociones que por el resto de su vida desdeñara y se burlara de toda conversación sobre el ser, pero de esta forma estaría privado de la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida».

           Occidente ha estado en peligro durante mucho tiempo a causa de esta aversión, en la que se basa su racionalidad, y por lo tanto sólo puede sufrir grandemente. Hace falta valentía para comprometer toda la amplitud de la razón y no la negación de su grandeza: este es el programa con el que la teología anclada en la fe bíblica ingresa en el debate de nuestro tiempo. «No actuar razonablemente (con «logos») es contrario a la naturaleza de Dios» dijo Manuel II, de acuerdo al entendimiento cristianos de Dios, en respuesta a su interlocutor persa. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran «logos», esta amplitud de la razón. Es la gran tarea de la universidad redescubrirlo constantemente.

 
 


 







miércoles, 14 de noviembre de 2012

La España corrupta.


ESTADO DÉBIL, LADRONES PODEROSOS
          No cabe duda de que la democracia es el mejor de los sistemas; de ella nos hemos beneficiado todos, aunque algunos más que otros.
          En psicología se sabe que el carácter, o lo que algunos llaman personalidad, es una estructura psíquica presente en todo ser humano. La persona es mucho más que esa estructura; ésta funciona como un filtro y, aunque tiene mucha importancia, es la parte más superficial de la persona. Sin embargo, el hombre percibe todo, incluso a él mismo, desde esa estructura; ésta condiciona no sólo las percepciones, sino también los actos, los juicios etc... El autoconocimiento, la decisión por la madurez personal, es lo que puede convertir a esta estructura en una posibilidad para la realización personal plena.
 

         Los países, los pueblos, las naciones..., parece que, como colectividad, tienen también, si no una estructura común, sí elementos presentes en las distintas generaciones que se suceden en el desarrollo histórico de una nación. En España, la corrupción está presente en la democracia, como lo estuvo durante la dictadura, como estuvo presente en otras épocas. Se dirá: ¿en qué país no ha habido corrupción? Y es verdad, pero no en todos los países se ha tolerado por parte del mismo Estado como ha sucedido en el nuestro. ¿Ésto sigue pasando en nuestro país? La respuesta a esta pregunta debe dársela cada uno a sí mismo.
          El historiador Santos Madrazo por el año 2.000, profesor de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Madrid, publicó en la editorial Catarata un magnífico libro: "Estado débil y ladrones poderosos en la España del siglo XVIII, historia de un peculado en el reinado de Felipe V".



 Felipe V

          En la introducción de este libro, nos indica el profesor:

          "La historia intelectual de la humanidad está empedrada de mentiras. Una de las mayores ha consistido en decir que  el robo siempre nació de la miseria y habitó entre las clases bajas. (...) El conocimiento del pasado, o simplemente mantener los ojos abiertos en el presente, dejan muy claro que el robo ha sido y es inherente a las gentes y grupos de las clases privilegiadas, dominantes".

          El libro se va a centrar en las tropelías del Tesorero General de Hacienda  Nicolás de Hinojosa, que llegó a robarle al Estado "4.500.000 reales, una cantidad que equivaldría a mil millones de pesetas actuales y que superó sin duda el valor de lo robado por las clases bajas madrileñas durante todo el primer cuarto del siglo XVIII". 

Nicolas de Hinojosa

         El profesor va a fundamentar su argumentación aportando datos muy interesantes y ejemplos de la criminalidad en el mundo de lo que él llama clases privilegiadas; sin embargo, nos hace notar como en la Roma del Imperio o en la Atenas de la Oligarquía, había mecanismos tanto de control como penales, para perseguir el robo del dinero público, "en los Estados absolutistas de hace doscientos años se carecía de una regulación precisa en materia de responsabilidad penal de los cargos públicos. En la actualidad seguimos más o menos igual, ya que sólo muy de tarde en tarde aparece algún proceso por esas ilegalidades, mientras no faltan países (la Rusia de hoy, por ejemplo) en los que robos y malversaciones de dineros públicos han desaparecido del código penal".


          Cantaba Julio Iglesias que la vida siempre sigue igual; si del libro del maestro Santos quitásemos  nombres y fechas, poniendo en su lugar  otros, podría parecer que se trata de nuestro tiempo:

                    "Por ejemplo, ante la sustracción de dineros en las oficinas estatales de recaudación y gasto, lo normal es que no pase nada. Y cuando se producen denuncias, lo que hay detrás no es el robo per se, sino intrigas y tensiones políticas entre grupos y políticos rivales".



          El hombre de alta cuna y baja cama, como cantaba Cecilia, no estaba solo, sino que a sueldo ponía a "ideólogos (juristas, teólogos, maestros, periodistas...)"
          La resignación, o la actitud estoica de la mayor parte del pueblo español deberíamos analizarla, pues, el pueblo es consciente siempre de la situación anómala en la que se desarrollaba la vida del país. Quisiera concluir con una concioncilla que aparece en este libro: "Estado débil y ladrones poderosos en la España del siglo XVIII":
Más de ochenta mil ladrones
en toda España insolentes
se ocupan en cobrar sólo
pechos que jamás florecen.
Quedando el Rey siempre pobre
son ellos quien se enriquecen.