domingo, 18 de diciembre de 2016

Domingo, 18 Homilia comentarios lecturas de diciembre de 201 CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO CICLO A

LUZ DEL DOMINGO

Domingo, 18 de diciembre de 201
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
CICLO A
Primera lectura: Isaías 7, 10-14
Salmo responsorial: Salmo 23
Segunda lectura: Romanos 1, 1-7 
EVANGELIO: Mateo 1, 18-24
 18Así nació Jesús el Mesías: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que es­peraba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19Su esposo, José, que era hombre justo y no quería infamarla, decidió repudiarla en secreto. 20Pero, apenas tomó esta resolución, se le apareció en sueños el ángel del Señor, que le dijo:
-José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte contigo a María, tu mujer, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo. 21Dará a luz un hijo, y le pondrás de nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
22Esto sucedió para que se cumpliese lo que había di­cho el Señor por el profeta:
23Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán de nombre Emanuel (Is 7,14).
(que significa «Dios con nosotros»).
24Cuando se despertó José, hizo lo que le había dicho el ángel del Señor y se llevó a su mujer a su casa.
COMENTARIOS
I
 DIOS ENTRE NOSOTROS
Dios entre nosotros. Este ha sido el deseo de Dios. La ma­yoría de los profesionales de lo religioso han dicho siempre que la mayor aspiración del hombre debía ser subir al cielo. Y, mientras tanto, Dios ha decidido bajar a la tierra. Pero..., a pesar de que celebremos cada año el nacimiento del Emma­nuel, Dios-con/entre-nosotros, cada vez resulta más difícil comprender que Dios habite en este mundo.

¡ALEGRÍA! ¿ALEGRÍA?
Dentro de unos días vamos a celebrar la Navidad, el naci­miento del hombre en el que Dios se hace presente en el mun­do de los hombres. Un año más, villancicos, regalos, fiesta, alegría... ¿Alegría?
¿Realmente lo que sentimos en estos días es alegría, o todo se reduce a unos días de juerga en los que nos olvidamos de los problemas, de las angustias, de las insatisfacciones del tes­to del año?
¿Y los que no pueden celebrar nada estos días?
Según ponen de manifiesto las estadísticas, en estas fechas aumenta el número de suicidios. Y la explicación que dan los entendidos a este hecho es que los que tienen algún problema lo sufren con mayor intensidad ahora, cuando el ambiente es -en realidad o en apariencia- más alegre.
Porque... también se sufre en Navidad. Si, los que sufren hambre, la sufren también en Navidad, los presos siguen en las cárceles, los desaparecidos no aparecen tampoco en estas fechas, las fábricas de armas siguen construyendo sus produc­tos para la muerte, los traficantes de droga siguen enrique­ciéndose a costa de la vida de los jóvenes, los marginados si­guen olvidados de nuestra sociedad, los opulentos derrochan aún con más descaro... Y la soledad es más soledad, el miedo más hondo y la necesidad de amor se siente a flor de piel...
¿Dios entre nosotros?
Dios-entre-nosotros... ¡eso es mentira! A Dios lo hemos expulsado o quizá ni siquiera lo hemos dejado entrar en nues­tro mundo. Porque si Dios habitara en esta tierra, esta tierra seria el cielo. ¡Y si esto es el cielo...!
Dios-entre-nosotros... ¡eso es mentira! ¡Si los países que se llaman cristianos están entre los más injustos de la tierra! 
JESÚS (= SALVADOR)
«Así nació Jesús el Mesías: María, su madre, estaba des­posada con José, y antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo».
José debía estar aturdido. ¿Cómo estaba su mujer encinta si no habían mantenido relaciones? ¿Que era cosa de Dios? Y entonces, ¿qué pintaba él en todo aquello? Y quiso salirse de escena: «Su esposo, José, que era justo y no quería infa­maría, decidió repudiarla en secreto». Pero Dios le había re­servado una tarea.
Y él aceptó colaborar para que se hiciera realidad la utopía de que estuviera Dios entre nosotros.
La tarea que Dios le encomendó fue darle nombre a su Hijo: «Dará a luz un hijo, y le pondrás de nombre Jesús, por­que él salvará a su pueblo de los pecados.»
Hasta entonces había habido muchos salvadores en Israel: Moisés, Josué (el que introdujo al pueblo en la tierra prome­tida, y que se llamaba casi igual que el que iba a nacer)... y tantos otros. Pero el pueblo estaba todavía necesitado de sal­vación porque vivía en una sociedad injusta (pecadora) y ne­cesitaba salir (salvarse) de esa injusticia que tanto sufrimiento producía. Para ello no bastaba con cambiar a los dirigentes, aunque fueran ellos los máximos culpables de esa situación. Ya habían cambiado muchas veces, pero todo volvía a ser igual. Y es que, en mayor o menor medida, todos eran o cul­pables o cómplices de la injusticia; todos aceptaban como bue­nos los valores de aquella sociedad y aspiraban a conseguirlos: el dinero, el poder, los honores. Y cuando se buscan estos va­lores, la injusticia sólo estorba al que la sufre en carne propia. De esos pecados nos viene a salvar Jesús ofreciéndonos otros valores que nos permitirán vivir como hermanos. 
DIOS-ENTRE-NOSOTROS
De nosotros depende. Dios ya ha bajado. Pero sólo se que­da allí donde lo dejen estar, esto es, allí donde lo importante es el hombre y no el poder, compartir en lugar de acumular, construir la fraternidad en vez del ansia de subir y escalar puestos; allí está Dios-entre-nosotros, allí cada día es Navidad, y volverán a realizarse las palabras del profeta: «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá de nombre Emmanuel, que significa 'Dios con nosotros’». 
II 
v. 18 Así nació Jesús el Mesías: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que es­peraba un hijo por obra del Espíritu Santo.
El matrimonio judío se celebraba en dos etapas: el contrato y la cohabitación. Entre uno y otra transcurría un intervalo, que podía durar un año. El contrato podía hacerse desde que la joven tenía doce años; el intervalo daba tiempo a la maduración física de la esposa. María está ya unida a José por contrato, pero aún no cohabitan. La fidelidad que debe la desposada a su ma­rido es la propia de personas casadas, de modo que la infidelidad se consideraba adulterio. El «Espíritu Santo» (en gr. sin artículo en todo el pasaje) es la fuerza vital de Dios (espíritu = viento, aliento), que hace concebir a María. El Padre de Jesús es, por tanto, Dios mismo. Su concepción y nacimiento no son casuales, tienen lugar por voluntad y obra de Dios. Así expresa el evangelista la elección de Jesús para su misión mesiánica y la novedad absoluta que supone en la historia (nueva creación).
v. 19 Su esposo, José, que era hombre justo y no quería infamarla, decidió repudiarla en secreto.
José es el hombre justo o recto. Por el uso positivo que hace Mt del término (cf. 13,17; 23,29; en ambos casos «justos» asociados a «profetas») se ve que es prototipo del israelita fiel a los mandamientos de Dios, que da fe a los anuncios proféticos y espera su cumplimiento; puede considerarse figura del resto de Israel. Su amor o fidelidad a Dios (cf. 22,37) lo manifiesta queriendo cumplir la Ley, que lo obligaba a repudiar a María, a la que consideraba culpable de adulterio; el amor al prójimo como a sí mismo (cf. 22,39) le impedía, sin embargo, infamarla. De ahí su decisión de repudiarla en secreto y no exponerla a la vergüenza pública. Interviene «el ángel del Señor» (cf. 28,2), y José, que en­carna al resto de Israel, es dócil a su aviso; comprende que la expectación ha llegado a su término: se va a cumplir lo anunciado por los profetas.
Se percibe al mismo tiempo el significado que el evangelista atribuye a la figura de María, quien más tarde aparecerá asociada a Jesús, en ausencia de José (2,11). Ella representa a la comunidad cristiana, en cuyo seno nace la nueva creación por la obra continua del Espíritu. La duda de José refleja, por tanto, el conflicto interno de los israelitas fieles ante la nueva realidad, la comunidad cris­tiana. Por la ruptura con la tradición que percibe en esta comu­nidad (= nacimiento virginal sin padre o modelo humano/judío), José/Israel debe repudiarla para ser fiel a esa tradición; por otra parte, no tiene motivo alguno real para difamarla, pues su conducta intachable es patente El ángel del Señor, que representa a Dios mismo, resuelve el conflicto invitando al Israel fiel a aceptar la nueva comunidad, porque lo que nace en ella es obra de Dios. Ese Israel comprende la novedad del mesianismo de Jesús y acepta la ruptura con el pasado.
v. 20 . Pero, apenas tomó esta resolución, se le apareció en sueños el ángel del Señor, que le dijo:
-José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte contigo a María, tu mujer, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo
La apelación «hijo de David», aplicada a José, indica, en relación con 1,1, que el derecho a la realeza le viene a Jesús por la línea de José (cf 12,23; 20, 30) El hecho de que el ángel se aparezca a José siempre en sueños (2,13.19) muestra que el evan­gelista no quiere subrayar la realidad del ángel del Señor.
v. 21 . Dará a luz un hijo, y le pondrás de nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
El ángel disipa las dudas de José, le anuncia el nacimiento y le encarga, como a padre legal, de imponer el nombre al niño. El nombre Jesús, «Dios salva», es el mismo de Josué, el que introdujo al pueblo en la tierra prometida. Se imponía en la ceremonia de la circuncisión, que incorporaba al niño al pueblo de alianza. El significado del nombre se explica por la misión del niño: éste va a salvar a "su pueblo", el que pertenecía a Dios (Dt 27,9; 32,9; Ex 15,16; 19,5; Sal 135,4): se anticipa el contenido de la profecía citada a continuación. El va a ocupar el puesto de Dios en el pueblo. Va a salvar no del yugo de los enemigos o del poder ex­tranjero, sino de «los pecados», es decir, de un pasado de injus­ticia. «Salvar» significa hacer pasar de un estado de mal y de pe­ligro a otro de bien y de seguridad: el mal y el peligro del pueblo están sobre todo en «sus pecados», en la injusticia de la sociedad, a la que todos contribuyen.
vv. 22-24: Esto sucedió para que se cumpliese lo que había di­cho el Señor por el profeta: 23Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán de nombre Emanuel (Is 7,14)(que significa «Dios con nosotros»). 24Cuando se despertó José, hizo lo que le había dicho el ángel del Señor y se llevó a su mujer a su casa.
El evangelista comenta el hecho y lo considera cumpli­miento de una profecía (1,22 «Todo esto sucedió, etc.»). Mientras, por un lado, el nacimiento de Jesús es un nuevo punto de par­tida en la historia, por otro, es el punto de llegada de un largo y atormentado proceso. Con el término Emmanuel, "Dios con nosotros" o, mejor, «entre nosotros», da la clave de interpretación de la persona y obra de Jesús No es éste un mero enviado divino en paralelo con los del AT. Representa una novedad radical. El que nace sin padre humano sin modelo humano al que ajustarse, es el que puede ser y de hecho va a ser la presencia de Dios en la tierra, y por eso será el salvador. Respeto de José por el designio de Dios cumplido en María.
III
 Vamos a hacer en primer lugar un comentario litúrgico-pastoral a estos textos bíblicos en una línea más bien tradicional. Luego una nota crítica.
El pasaje de Isaías que escuchamos hoy resuena ese anuncio esperanzador del nacimiento de alguien que estará permanentemente inserto en medio de su pueblo. Al parecer estas palabras del profeta al rey Acaz se dieron en un contexto en el que las esperanzas del mantenimiento de la seguridad del reino de Judá se centraban más en el poder político y militar, dejando a un lado la confianza en YHWH. Isaías ha visto los afanosos intentos del rey para aliarse con sus vecinos en orden a defenderse de las amenazas del reino del norte, quienes a su vez se han aliado con otros para defenderse del poderoso de turno. Para despertar de nuevo la confianza en Dios, el profeta se vale de un hecho probablemente histórico, el embarazo de alguna de las doncellas del rey. Así como esa joven dará a luz un primogénito, del mismo modo enviará Dios un descendiente davídico que asuma los destinos del pueblo, en medio del cual estará siempre; por eso su nombre “Emmanuel”, Dios con nosotros. Con base en esta profecía, se fue fomentando la idea de que el Mesías nacería de una virgen. Toda primeriza en Israel albergaba la esperanza de ser la madre del Mesías; todo ello debido a la misma terminología empleada tanto en el hebreo como en el griego y luego en nuestra lengua. Cuando Mateo relata la concepción de Jesús, se hace eco de esta profecía de Isaías y lo cita textualmente.
La segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo a los romanos, más exactamente se trata del encabezamiento de la carta. Allí relata Pablo a los cristianos de Roma su vocación al apostolado, para lo cual fue elegido por el mismo Dios. Para Pablo está claro que el evangelio que él predica es Jesucristo mismo, su persona, su obra, su muerte y resurrección. Es muy importante para el apóstol subrayar que este Jesús es descendiente de David en cuanto a lo humano, pero que Dios le otorgó su Espíritu constituyéndolo en Mesías todopoderoso, Señor Único, resucitándolo de entre los muertos. Otra cosa que recalca Pablo es que su actividad evangelizadora le ha sido otorgada por puro don, por vocación; de ahí que su preocupación haya sido durante toda su vida el dar a conocer a la noticia de Jesucristo especialmente a los gentiles.
En el evangelio, Mateo nos narra el origen de Jesucristo. María estaba desposada con José, pero aún no vivían juntos. Ello indica que estaban en un período que llamaban desposorio o compromiso matrimonial, período que podía durar de seis meses a un año, tiempo prudente para el esposo construir o acondicionar la casa en donde recibiría a su esposa. En el entretiempo la novia seguía viviendo con sus padres, dependiendo de su papá hasta que pasara formalmente a depender de su marido. La promesa de matrimonio o desposorio implicaba completa fidelidad al novio; todo acto de infidelidad era adulterio, y como tal podía ser castigado conforme a la ley mosaica.
En esas circunstancias, pues, nos narra el evangelio que María resultó embarazada; pero aclara diciendo “por obra del Espíritu Santo”. El hecho haría sentir muy mal a José; sin embargo, agrega Mateo, que “era un hombre justo, y para no exponerla a la infamia, decidió abandonarla en secreto”. José hubiera podido hacer valer sus derechos, exigir el castigo previsto por la ley; con todo, sin darse cuenta, va colaborando también él con los planes divinos. En estos planes divinos no todo está garantizado, pues en ellos también están involucradas la libertad y la voluntad humanas. Es una constatación que podemos hacer en toda la historia de la salvación partiendo desde el mismo paraíso. Parece que los planes de Dios caminaran sobre el filo de la navaja (!). Un ejemplo de ello lo tenemos en el relato que hoy nos cuenta Mateo.
Pero en esos planes hay siempre una cosa muy importante que se llama diálogo. Precisamente en el diálogo con el ángel que le habla en sueños a José se nos muestra cómo Dios va incorporando a su proyecto a sus mismas criaturas. El silencio de aceptación de José es la respuesta que Dios nos pide también a nosotros. Le ponemos muchas trabas y condiciones a la obra de Dios. A veces intentamos “corregir” la manera como Dios actúa; ¡no es necesario! Basta que pongamos nuestra fuerza y voluntad al servicio del plan de Dios, lo demás Él sabe cómo lo hace. Aunque en nuestro pasaje se resalta la figura de José en su duda, en su aceptación de ser padre de Jesús y de ponerle el nombre, la verdad es que María, que apenas es nombrada, está también allí recordándonos su actitud de fe y sumisión a los planes de Dios que son vida para el hombre y la mujer de todos los tiempos.
Como nota crítica podríamos decir algo que hace mucho tiempo que es ya un «lugar común» en el mundo bíblico: los profetas no fueron en su tiempo adivinos del futuro, ni muchas de las cosas que los primeros cristianos creyeron ser «cumplimiento de lo anunciado por las Escrituras» realmente lo fueron. Ese esquema apologético de que lo sucedido en Jesucristo estaría previsto y anunciado en el pasado, hace tiempo que ha sido abandonado en los estudios bíblicos. Más. Desde hace apenas unos años, menos de veinte, se está hablando de una nueva ola, un «revolcón» en el tema de la historicidad bíblica. Ya sabíamos que había muchas cosas y figuras (importantes) de la Biblia que no eran literalmente histórica. Los grandes especialistas bíblicos ya exhibían hace tiempo una visión bastante matizada de la base histórica de la Biblia. Los planteamientos concordistas de La Biblia tenían razón, aquel famoso libro, hace mucho tiempo que no gozan de audiencia. Pero en los últimos años, como decimos, se ha dado un cambio significativo de postura. Hay toda una corriente arqueológica última, la más actual, que se pronuncia ya con claridad por una postura bastante más radical sobre la historicidad. No quieren ya utilizar la arqueología para ornamentar con curiosidades la ciencia bíblica, sino que creen que debemos ser honrados y someter los estudios bíblicos a lo que la arqueología descubre y cree poder probar. Es, de alguna manera, una nueva edición del conflicto entre la ciencia y la fe, pero a estas alturas la solución del conflicto está ya muy precocinada, y no caben componendas. Ya no vamos a condenar a Galileo, ni a los arqueólogos.
No podemos entrar aquí en más profundidad. Remitimos a un libro clave, de Finkelstein, La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, Siglo XXI Editores, Madrid y Buenos Aires, 2003.
Para la revisión de vida
En esta última semana de adviento, trato de hacer una revisión de mi vida sobre cómo me estoy preparando para vivir la conmemoración del nacimiento de Jesús.
 ¿Voy a estar atento a no caer en esa tentación que se ha hecho clásica ya, la de la identificación de la navidad con el consumismo?  ¿Voy a vivir especialmente en esta navidad la solidaridad con los pobres?

Para la reunión de grupo
Retomar la lectura de todo el cap. 7 de Isaías, una vez leído, discutir y asimilar las notas explicativas que trae la Biblia Latinoamericana.
Leer de nuevo el pasaje de Mateo y estudiar la nota a este pasaje en la Biblia Latinoamericana.
Escuchar y/o leer el capítulo 133 de “Un tal Jesús” y comentar en el grupo lo que nos sugiere sobre esta vivencia de la Navidad.
Tomar esos materiales de profundización sugeridos más arriba, y organizar una o varias sesiones de estudio.
 Para la oración de los fieles
Por los cristianos de todas las confesiones, para que por encima de nuestros intereses de grupo, seamos capaces de transparentar en el mundo la presencia única y permanente de Dios. Oremos...
Para que nuestra vida personal y grupal sea fiel reflejo del amor del Padre manifestado en su Hijo. Oremos...
Para que esto en estos días de Navidad no olvidemos a los más necesitados de nuestras comunidades. Oremos...
Para que la Navidad deje en nosotros frutos de una conversión sincera y de una adhesión incondicional a los planes del Padre... Oremos...
Oración comunitaria
 Padre bueno y misericordioso, cuando hacemos nuestra propia voluntad nos perdemos, se diluye el sentido de nuestra vida y arrastramos a muchos a la perdición; que al contemplar hoy a María y José obedientes a tu voluntad, sintamos también nosotros el placer y la necesidad de adherir a Ti nuestro ser y nuestra voluntad. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en 
www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Ratzinger más Ilustrado que la ilustración


RATZINGER
Joseph Ratzinger, poco antes de tomar el nombre de Benedicto XVI, publicó un artículo titulado: “Significado y límites de la actual cultura racionalista”; como puede deducirse de dicho título, el intelectual alemán se adentra en las bases del pensamiento predominante o, más bien, dominante en occidente.
El pensamiento dominante se define asimismo como Racional, en él descubre Ratzinger “adquisiciones importantes que pueden aspirar a una validez universal”, entre los que destaca:
1-El hecho de que la religión no puede ser una imposición del Estado, sino que sólo se puede aceptar en plena libertad.
2.-El respeto a todos los demás derechos fundamentales de la persona.
3.-La separación de los poderes y el control del poder.
         Para Ratzinger, conociendo como pocos la situación mundial y la particularidad histórica de muchos países, ve cómo lo realizado en occidente, en cuanto a la vivencia de estos valores, es utópico allí donde no se dan los presupuestos sociológicos necesarios para el triunfo de la democracia.

         Se pregunta Benedicto “si las modernas filosofías inspiradas en la Ilustración, tomadas en su conjunto, se pueden considerar como la última palabra de la razón común a todos los hombres”.  Aquí, “por todos los hombres”, hay que entender precisamente eso, no sólo el hombre occidental; “todos los hombres” apela, también, a los hombres de culturas distintas a la nuestra, culturas cuyo derecho vital no lo recibe de occidente, esas culturas no europeas adquieren su legitimidad por sí mismas.
         La filosofía racional nacida de la Ilustración se caracteriza por:
                   1.-Ser positivas, antimetafísicas.
                   2.-Todas se basan en una autolimitación de la razón positiva.
                   3.-el pensamiento que nace de la Ilustración funciona  muy bien en el ámbito técnico, pero que si se generaliza, implica la mutilación del hombre.
         Ratzinger ve algunos aspectos positivos en el movimiento filosófico nacido con la Ilustración; sin embargo, vuelve a insistir en la autolimitación de la razón. Está claro, y no sólo para el Papa alemán, que cuando la Ilustración habla de “razón”, pretende abarcarla totalmente, pero realmente la está limitando, puesto que, como mostrará la Escuela de Frankfurt, la razón es entendida como razón dominadora y calculadora; conozco en la medida que domino lo conocido, quedando fuera de su ámbito aquello que no puede ser dominado.
         Joseph sitúa el mundo ilustrado y el de sus hijos en un momento histórico muy determinado que impide que la filosofía nacida de la Ilustración tenga realmente validez universal:
“Pero esos elementos están fundados en una autolimitación de la razón específica de una determinada coyuntura cultural -la del Occidente moderno- que, en cuanto tal, no puede ser la última palabra de la razón. Aunque parezcan totalmente racionales, dichos elementos no representan la voz de la razón, sino que ellos mismos están vinculados culturalmente a la situación del occidente de hoy”.
         La filosofía de la Ilustración, como he referido con anterioridad al recordar a la Escuela de Frankfurt, se centra en el poder.  Ratzinger apela a una norma moral como posibilidad limitadora del poder hacer del hombre, ya que, sin los límites éticos ese saber hacer y poder hacer llevaría al hombre a la destrucción; sirvan de ejemplo la bomba atómica, o por nombrar aspectos más de actualidad, recordemos todas las demandas de los ecologistas sobre la necesidad de un uso equilibrado de los recursos naturales, o las cada vez más insistentes reivindicaciones de una ética empresarial,  o la necesaria ética referida y aplicada al poder político:
“No existe un saber separado del poder hacer, porque iría contra la libertad, que es el valor supremo en absoluto. Pero el hombre, que sabe hacer tantas cosas, siempre sabe hacer más; y no encuentra su medida en una norma moral, el resultado será inevitablemente, como se puede comprobar, un poder de destrucción”.
         A lo largo del artículo que nos ocupa, La crisis de las culturas, Ratzinger, en distintos momentos insiste en uno de los grandes errores de la filosofía ilustrada que consiste en la separación de sus propias raíces, al olvido de la memoria histórica de la humanidad y que no sería otra cosa que el desprecio a las capacidades del ser humano:
“Para los portavoces de las ciencias naturales, el hombre, en el fondo, no tiene ninguna libertad; pero eso está en flagrante contradicción con el punto de partida de todo este problema. El hombre no debe creer que es una realidad distinta de los demás seres vivos, por lo que deberá recibir el mismo trato. Así se expresan los representantes más audaces y más avanzados de una filosofía claramente separada de las raíces de la memoria histórica de la humanidad”.
         Para Ratzinger la filosofía racionalista (positivista), no es ni estrictamente racional ni universalmente válida:
“Las dos cuestiones sólo admiten un rotundo <<no>>. Esa filosofía no expresa la razón total del hombre, sino sólo una parte; y debido a esa mutilación de la razón, no se la puede considerar como plenamente racional. Por eso es también incompleta, y sólo puede recobrar su vigor si restablece de nuevo el contacto con sus raíces. Y es que un árbol sin raíces terminará secándose…”

Para el pensador alemán, el choque entre las diversas culturas no se producirá por motivos religiosos, pues las grandes tradiciones religiosas, aunque muchas veces en lucha, siempre han sabido convivir; el gran choque cultural lo sitúa Ratzinger entre las grandes tradiciones históricas y la tendencia ilustrada a imponerse sobre ellas con su mediocre concepto de razón.

martes, 6 de diciembre de 2016

los borgia borja granada

LOS BORGIA EN GRANADA



En el número 2 de la Revista Çibdad, se publicarán todos los datos restantes. Revista de la Asociación de Amigos de Alhama Granada.









El bog se cita: José Antonio Espejo Zamora, blog.parroquiasierranevada.com

sábado, 3 de diciembre de 2016

Domingo, 4 de diciembre de 2016 SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO CICLO A

LUZ DEL DOMINGO
Domingo, 4 de diciembre de 2016
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
CICLO A

Primera lectura: Isaías 11, 1-10
Salmo responsorial: Salmo 71
Segunda lectura: Romanos 15, 4-9
EVANGELIO Mateo 3, 1-12:
 “Por aquellos días se presentó Juan Bautista en el de­sierto de Judea proclamando:-Enmendaos, que está cerca el reinado de Dios. A él se refería el profeta Isaías cuando dijo:
Una voz grita desde el desierto:
    Preparad el camino del Señor,
    enderezad sus senderos (Is 40,3).
Este Juan iba vestido de pelo de camello, con una co­rrea de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Acudía en masa la gente de Jerusalén, de todo el país judío y de la comarca del Jordán y él los bautizaba en el río Jor­dán, a medida que confesaban sus pecados.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara; les dijo -¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Pues entonces dad el fruto que corresponde a la enmienda y no os hagáis ilusiones pensando que Abrahán es vuestro padre; porque os digo que de las piedras estas es capaz Dios de sacarle hijos a Abrahán. Además, el hacha está ya tocando la base de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto será cor­tado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua, en señal de enmienda; pero llega detrás de mí el que es más fuerte que yo, y yo no soy quién para quitarle las sandalias. Ese os va a bautizar con Espíritu Santo y fuego, porque trae el bieldo en la mano para aventar su parva y reunir el trigo en su granero; la paja, en cambio, la quemará con fuego inextingui­ble.”
COMENTARIOS
I
¿NOS ESTAMOS PREPARANDO?
Cuando un gran personaje (un jefe de Estado o de Gobier­no, el Papa, un artista famoso) viaja a cualquier país, se pre­para todo desde mucho tiempo antes: itinerarios, discursos, comidas, homenajes, gestos...
Adviento significa venida: en este tiempo, esperamos la llegada de alguien muy importante, mucho más que cualquier artista, que cualquier gobernante, que el mismo Papa...
¿Cómo nos estamos preparando? 
¿SE PASA..., O NO LLEGA?
¡Qué duro y qué terrible era Juan Bautista! ¡Camada de víboras!, ... castigo inminente..., hoguera que no se apaga... Parece como si más que atraer a la gente quisiera espantarla. ¿Verdad que resulta un poco exagerado?
Sí, hay que reconocerlo: el Bautista, en algunas cosas, se pasa. Pero en otras lleva toda la razón.
Se pasa, o mejor, no llega, al hablar de Dios y de su inmi­nente intervención en la historia de los hombres. Porque la idea que Juan tiene del modo de ser de Dios quedará definiti­vamente anticuada cuando Jesús explique cómo es el Padre. Hablaremos de eso en el siguiente comentarlo.
Pero si al hablar de un Dios amenazador y terrible (Mt 3, 10-12; Lc 3,9.17) se equivoca, en lo que acierta al ciento por ciento es al exigir sinceridad y seriedad a quienes, interesados por su mensaje, se acercan a él: dad el fruto que corresponde al arrepentimiento. 
YA ESTA CERCA...
Juan anunciaba la cercanía del reinado de Dios: «Enmen­daos, que está cerca el reinado de Dios». Era ésta una vieja esperanza del pueblo de Israel, que aguardaba que Dios resta­bleciera la justicia en la sociedad israelita y en sus instituciones y devolviera a su nación su antiguo esplendor.
Por eso las gentes del pueblo responden a su anuncio ma­sivamente y se preparan para la ya próxima intervención de Dios confesando sus pecados y bautizándose. Este bautismo era señal de que estaban dispuestos a enmendar su comporta­miento, de que estaban decididos a romper totalmente con la injusticia.
También se acercaron al Jordán unos individuos que pro­vocaron la ira de Juan: unos saduceos y fariseos que preten­dían bautizarse como los demás. Estos pertenecían a dos par­tidos opuestos entre sí pero unidos por un hecho: compartían el poder y, cada grupo a su manera, dominaban y explotaban al pueblo. Y por la reacción de Juan ante su presencia, no pa­rece que estuvieran muy dispuestos a cambiar de actitud. Por eso Juan les plantea una clara exigencia: «dad el fruto que corresponde al arrepentimiento». Les está pidiendo simple­mente que sean sinceros, que no intenten engañarle a él y a la gente, que no pretendan burlarse de Dios. Ellos, responsables en gran parte del desorden establecido, de la injusticia legali­zada y de la explotación y opresión de los pobres... ¡se atreven a presentarse aparentando que también ellos vibran con la mis­ma esperanza del pueblo que soporta sus injusticias! No. Para prepararse a los acontecimientos que se acercan no basta con un gesto exterior: es menester dar frutos que demuestren que de hecho el arrepentimiento es sincero; es necesario abando­nar la injusticia y adoptar un nuevo modo de actuar.
... CERCA TAMBIÉN PARA NOSOTROS
Jesús de Nazaret sale constantemente a nuestro encuentro. Para nosotros la cercanía del reinado de Dios es un hecho per­manente. La celebración del Adviento y de la Navidad no es un puro recuerdo histórico ni una simple celebración tradicio­nal. Es una invitación a prepararnos para que Jesús entre defi­nitivamente en nuestra vida y en nuestra historia.
Y tampoco a nosotros nos basta con algunos gestos exter­nos. Para que nuestro encuentro con Jesús pueda realizarse es condición indispensable que ni practiquemos nosotros la injus­ticia ni seamos cómplices de la injusticia del sistema.
¿Cómo nos estamos preparando? 
II
 vv. 1-2. Momento histórico indeterminado. Juan Bautista (ya conocido como tal aunque no se ha mencionado su bautismo, se presenta en el desierto de Judea, es decir, en la zona más allá del Jordán. Al añadir «de Judea», muestra Mt que la ruptura con la sociedad (desierto) no saca de la tierra prometida (al contrario Jn 1,28); su concepción teológica ve en la humanidad entera la plenitud de Israel. La actividad de Juan es «proclamar» como un heraldo, es decir, dar una noticia, cuyo contenido se expresa a continuación: «Enmendaos, que está cerca el reinado de Dios». La cercanía del reinado es la noticia; la enmienda es condición para que sea posible ese reinado. Consiste en el cambio de actitud del hombre respecto a los demás, en la adopción de una conducta justa; el momento del cambio se expresa con el término «arrepen­timiento».
No ha de confundirse éste con la «conversión» (gr. epistrophé,, término teológico que designa la vuelta a Dios (el verbo hebr.sub, convertirse, no se traduce en los LXX por metanoeó). En Mc y Mt la conversión se expresará por la fe o adhesión a Jesús. Desde el momento en que está presente en el mundo el «Dios entre nosotros» (1,23), es a él a quien habrá que «volverse». Dado que Jesús no ha aparecido aún en la escena, el precursor invita al cambio de vida, como hará Jesús mismo (4,17) antes de darse a conocer. La enmienda o metanoja tiene su raíz en la predicación profética. Su paradigma está expresado por Is 1,16-17: «Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien».
«El reinado de Dios», que había sido la aspiración de Israel en toda su historia, era objeto de viva expectación en la época. Se pensaba generalmente que se realizaría por medio del Mesías, rey descendiente y sucesor de David, que vencería a los paganos y restauraría la gloria de Israel como nación. Juan Bautista, sin embargo, al exigir la enmienda como condición para el reinado, muestra que éste no es fruto solamente de la intervención de Dios, sino que requiere la colaboración del hombre. De hecho, se pensaba que el Mesías había de purificar también a Israel, sepa­rando en su interior a justos y pecadores.
v.3. Mt refiere un texto de Isaías a la predicación de Juan. La preparación de que habla el profeta coincide con la enmienda que pedía Juan. La voz grita «desde el desierto»: el lugar donde se sitúa el heraldo (en, es también el lugar desde donde ejerce su actividad. «Clamar en el desierto», en el sentido de hablar en vano, sin que nadie haga caso carecería de sentido, puesto que la voz de Juan encuentra inmediato eco «fuera» del desierto, en Jerusa­lén y Judea (3,5).
v. 4. Basándose en el texto de Mal 3,23: «Yo os enviaré al profeta Elías antes que llegue el día del Señor», la teología rabinica había desarrollado la creencia de que Elías había de llegar como precursor del Mesías para purificar a Israel y prepararlo para el reinado mesiánico (Mt 17, 10) Por su vestido y, en particular, por la correa de cuelo a la' cintura, Juan se identifica con el profeta Elías.  El es quien va a preceder el Día del Señor, es decir, la llegada del Mesías. Se asocia así la cercanía del reino con la proximidad del Mesías.
El alimento de Juan no era extraordinario. «Los saltamontes» se vendían también en los mercados. Su dieta confirma, sin embargo, su ruptura. Juan utiliza el alimento que tiene a mano, sin depender de la sociedad de la que se ha separado.
v. 5. La respuesta a la proclamación de Juan es unánime; la capital y toda Palestina acuden a su pregón («toda Judea» signi­fica todo el país judío- cf Mc 1,5; Lc 1,5- Herodes el Grande, «rey de Judea»; acude también gente de la región cercana al río. Se establecen ahí dos polos opuestos: Jerusalén, lugar de las autoridades religioso-políticas y centro del culto ofi­cial, y el desierto, desde donde se hace oír la voz de Juan. La afluencia masiva a éste es un plebiscito en su favor y en contra de la institución judía; expresa así el pueblo su profundo descon­tento con esa institución y sus dirigentes.
 v. 6. El bautismo o inmersión en el agua era un rito común en la cultura judía. Significaba la muerte a un pasado, que quedaba simbólicamente sepultado en el agua. Se utilizaba en lo civil para indicar, por ejemplo, la emancipación de un esclavo, y en religioso, para la conversión de un prosélito. En este caso signi­fica el cambio de vida- el pasado de injusticia queda sepultado. De ahí que el bautismo vaya acompañado de un reconocimiento de «los pecados», es decir, de las injusticias cometidas. Esta es la preparación para el reinado de Dios.
vv. 7-8. Los fariseos eran modelo de hombres religiosos y se pre­ciaban de su fidelidad a la Ley, interpretada según la tradición rabínica. Por su ejemplaridad al menos aparente, ejercían gran influjo sobre el pueblo; representaban el poder espiritual. Los saduceos por su parte, constituían la clase domi­nante. A ellos pertenecían los grandes terratenientes y las familias de la aristocracia sacerdotal; representaban el poder económico, religioso y político. Se acerca a Juan un buen número de ellos para recibir su bautismo, pero sin propósito de reconocer la injusticia en que viven ni de rectificar su conducta. En vista de la reacción del pueblo, el sistema opresor quiere de algún modo integrar la figura de Juan y el movimiento que ha suscitado.
Juan no los acepta, sino que los increpa de manera violenta. «Camada de víboras» caracteriza a las dos categorías como agen­tes de muerte. Juan califica así al poder político-religioso en su relación con los hombres. Lo mismo hará Jesús con fariseos y le­trados (12,34; 23,33). «Castigo» (lit. «ira»): en las lenguas semíticas y en el griego bíblico es frecuente expresar realidades por los sentimientos que las provocan o que ellos mismos provocan. Juan supone que Dios como rey o, lo que es igual, el Mesías que llega, va a infligir un castigo; los fariseos y saduceos pretenden evitarlo sometiéndose al rito externo, pero sin cumplir la condición exi­gida, la enmienda, sin cambiar radicalmente su modo de vida. Mt distingue, por tanto, entre la masa de la gente, que acepta el bau­tismo de Juan y cumple la condición propuesta (3,5s), y los círculos influyentes, que no tienen propósito de cumplirla. Pretenden ex­presar una ruptura con la injusticia, pero sin corregir su conducta personal.
vv. 9-l0. Creen que basta ser descendientes de Abrahán para ser salvados. Juan derriba esa seguridad. No cuenta el linaje, sino las obras. La descendencia de Abrahán puede provenir de fuera de Israel. Dios puede suscitarla incluso de lo que aparentemente es incapaz de vida («estas piedras»). Alusión, en boca del Bautista, a la futura entrada de los paganos en el reino de Dios (8,11). Juan espera de la llegada del Mesías un juicio inminente y severo. El fruto bueno es el fruto que corresponde a la enmienda (3,8). No bastan, pues, ritos externos para acoger el reinado de Dios, se re­quiere un cambio de conducta. Quienes no lo hagan, serán exclui­dos de él. La condena es la del árbol sin fruto, la destrucción por el fuego. La separación que va a efectuar el Mesías no se basará, por tanto, en la pureza de sangre ni en la práctica del culto (sadu­ceos) ni en la fidelidad a las prescripciones de la Ley (fariseos), sino en la actitud hacia el hombre. 
v. 11. Juan compara su bautismo con el del que ha de llegar. Se declara precursor de uno más fuerte que él mismo. El propósito de su bautismo es suscitar el cambio de conducta (metanoja). El que llega trae un bautismo muy superior al suyo: con Espíritu Santo y fuego.
«Santo» aplicado al Espíritu significa, en primer lugar, su per­tenencia a la esfera divina; en segundo lugar, su actividad «san­tificadora» o «consagradora»; él es quien “separa” al hombre transfiriéndolo a la esfera de Dios. Su comunicación interior de vida divina transforma al hombre, lo mantiene en contacto con Dios y le da la fidelidad a él. El propósito humano de cambiar de conducta no adquiere verdadera solidez hasta que no esté confirmado por el Espíritu. El bautismo del Mesías efectuará, un juicio: para los que se han preparado con la enmienda, será purificación e infusión de Espíritu (fuerza de vida y fecundidad), efecto del favor de Dios para los que no han cambiado de con­ducta, será la destrucción expresada antes manifestación de la ira divina (3,10). Juan reconoce que «no merece ni quitarle las, sanda­lias al que llega». La imagen de quitar las sandalias está inspirada en una antigua usanza matrimonial: cuando un hombre moría sin hijos, el pariente más próximo debía casarse con la viuda para dar descendencia al difunto (Dt 25,5). En caso de que no lo hiciera, otro podía tomar su puesto; el gesto simbólico que signi­ficaba esta apropiación del derecho del primero se hacía quitándola una o las dos sandalias Juan reconoce que el que viene es más fuerte que él y tiene derecho preferente. Se anuncia el tema del Esposo, que supone el de la alianza. El que viene funda una alianza nueva (cf. 26,28) donde él toma el puesto de Dios (el Esposo), por ser «Dios entre nosotros» (1,23).
v. 12. Repite Juan la idea del juicio con otra imagen: la del la­brador que recoge su cosecha. Su trigo, que será reunido, serán los que hayan producido el fruto de la enmienda; el verbo «reunir» recuerda la reunión escatológica de las tribus de Israel. La paja será quemada con fuego inextinguible, que asegura su absoluta destrucción.
La figura del Mesías que aparece en las palabras del Bautista correspondía a cierta expectación de Israel. Juan manifiesta su hos­tilidad contra los fariseos y la clase dirigente (saduceos). El movimiento iniciado por el Bautista es, por tanto de raíz popular y espera que el Mesías haga justicia sin demora. A los dirigentes los considera enemigos del reinado de Dios y absolutamente necesitados de un cambio radical En la perspectiva del reino tiene que renunciar a su modo de proceder; su conducta actual es in­compatible con él Esta conducta es particularmente perversa (carnada de víbora;). Sin la actuación del Mesías como juez, anunciada por Juan, no corresponde a la actividad posterior de Jesús.
III
 La primera lectura es uno de esos varios preciosos textos de Isaías, y de los profetas bíblicos en general, que nos «describen» la «utopía» bíblica. Por definición, la u-topía «no tiene lugar», no se la puede encontrar, todavía no se ha concretado en ningún sitio, no existe... y en ese sentido tampoco se puede describir cómo es. Pero si hablamos de la utopía -y si incluso soñamos con ella- es porque sí tiene alguna forma de existencia. No existe concretamente... «todavía». Como decía Ernst Bloch, no sólo existe lo que es, sino lo-que-no-es-todavía (el “noch nicht Sein”). No es, pero puede ser, quiere ser y, como podemos comprobar de tantas maneras, lucha por llegar a ser.
El pensamiento utópico, es un componente esencial del judeocristianismo. No lo es de otras religiones, incluidas las grandes religiones. No hay sólo un tipo de religiosidad. Podemos encontrar varias corrientes en las religiones (neolíticas, de los últimos cinco mil años). Unas experimentan lo sagrado sobre todo en la conciencia (la interioridad, el pensamiento silencioso, la experiencia de la iluminación, de la no dualidad... una especie de estado modificaco de conciencia), otras lo experimentan en la naturaleza, en la experiencia cósmica... (la experiencia de sintonía con la naturaleza, de unidad e interdependencia con ella, de su sacralidad imponente, de la Pachamama... lo que Mircea Elíade llama la «experiencia uránica» que todos los pueblos han sentido al contemplar la belleza del cosmos). Las religiones abrahámicas, por su parte, han experimentado lo sagrado en la historia, por medio de la fe, la esperanza y el amor, a través del llamado de una Utopía de Amor-Justicia.
Ésta última es, concretamente, el ADN de nuestra religión. Todo lo demás (doctrina, moral, liturgia, institución eclesiástica...) añade, reviste, completa... pero la esencia de la religiosidad abrahámica es esa fuerza de la experiencia espiritual mediante el llamado de la Utopía del Amor-Justicia. Que, por ser “amor-justicia”, obviamente, siempre estará de parte de los pobres, de los “injusticiados”, en cualquier nivel o tipo de injusticia (económica, cultural, racial, de género...).
Los profetas, Isaías en el caso de la lectura de hoy, «describe» la Utopía, o «cuenta el sueño» que le anima: un mundo amorizado, fraterno, sin injusticia, sin injusticiados, en armonía incluso con la naturaleza... La Utopía fue tomando en Israel el nombre de «reinado de Dios»: cuando Dios reina el mundo se transforma, la injusticia deja lugar a la justicia, el pecado al perdón, el odio al amor... las relaciones humanas descompuestas se recomponen en una red de amor y solidaridad. El conocido estribillo del canto del salmo 71 (el de la liturgia de este domingo) lo dice magistralmente: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor». Donde Dios está presente y «reina», es decir, donde se hacen las cosas «como Dios manda», allí hay Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia y Amor. Por eso hay que clamar con el estribillo cantado de ese salmo: «Venga a nosotros tu Reino, Señor». No hay sueño ni Utopía más grande, aunque esté tan lejana.
El adviento es, por antonomasia, el tiempo litúrgico de la esperanza. Y la esperanza es la «virtud» (la virtud, la fuerza) de la Utopía, la fuerza que la Utopía provoca, crea en nosotros para esperar contra toda esperanza. Adviento es por eso un tiempo adecuado para reflexionar sobre esta dimensión utópica esencial del cristianismo, y un tiempo para examinar si con el paso del tiempo nuestro cristianismo tal vez olvidó su esencia, tal vez arrinconó tanto la utopía como la esperanza.
El evangelio de Mateo nos presenta a Juan Bautista pidiendo a sus coetáneos la conversión, «porque el reinado de Dios [reinado “de los cielos” dirá Mateo, con el pudor reverencial judío que evita «tomar el nombre de Dios en vano»] está cerca». En aquellos tiempos de mentalidad precientífica y apocalíptica, la propensión a imaginar futuras irrupciones del cielo o del infierno servía para mover a las masas. Hoy, con una visión radicalmente distinta sobre la plausibilidad de tales expectativas apocalípticas, la argumentación de Juan Bautista ya no sirve, resulta increíble para la mayor parte de nuestros contemporáneos. No es que hayamos de cambiar (que hayamos de convertirnos) «porque el reino de Dios está cerca», sino exactamente al revés: el Reino de Dios puede estar cerca porque (y en la medida en que) decidimos cambiar nosotros (convertirnos) y con ello cambiamos este mundo... Ya no estamos en tiempos de apocalipsis (una irrupción venida de fuera y de arriba), sino de praxis histórica de transformación del mundo y de su historia (una transformación venida de abajo y desde dentro). El reinado de Dios -la Utopía, para decirlo con un lenguaje más amplio e interreligioso- no es ni puede ser objeto de «espera» (como ante algo que sucederá al margen de nosotros), sino de «esperanza» (la desinencia «anza» expresa ese matiz de actividad endógena). La esperanza es esa actitud que consiste en «desear provocando», desear ardientemente una realidad todavía «u-tópica», tratando de hacerla «tópica», presente en el «topos», en el lugar, aquí y ahora, en la Tierra, no en el cielo futuro.
Insistimos: otras religiosidades discurren por otro tipo de experiencia de lo sagrado -y ello no es malo, es muy bueno, y es muestra de la pluriformidad de la religiosidad-, pero la vivencia espiritual específicamente judeocristiana es esta esperanza activa histórico-utópica comprometida. En este Adviento podríamos hacer de esto una materia de reflexión y examen.
Por cierto, la segunda lectura, de la carta a los romanos, coincide curiosamente con este mismo enfoque esencial: «Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza»... Mantener la «esperanza», mantener esa tensión de compromiso histórico-utópico es el objetivo de las Escrituras (por cierto, de todas las Escrituras, no sólo de la Biblia...). Es decir: las Escrituras fueron escritas para eso. No para fines piadosos, para fines estrictamente transcendentes o sobrenaturales... sino «para mantenernos en la esperanza», por tanto, para comprometernos en la historia, para encontrar lo divino en lo humano, el Futuro absoluto en el futuro histórico y contingente. Cualquier utilización bíblica que nos encierre en la misma Bíblia, nos separe de la vida o nos haga olvidar el compromiso histórico de construir apasionadamente la Utopía en esta tierra, será un uso malversado -o incluso perverso- de la Biblia.
Para la revisión de vida
¿Soy persona de utopía? ¿Vibro por ella? ¿Puedo decir que mi vida es un «vivir y luchar por la causa (utopía) que Jesús nos comunicó? ¿He llegado a descubrir y vivir el cristianismo como «militancia» histórica, como construcción de un mundo nuevo?
 Juan es la antítesis de la sociedad de su tiempo; es decir, no se amoldó cómodamente a las maneras de ser y de pensar de sus contemporáneos. ¿Cómo me comporto yo en el ambiente en que vivo? ¿Hay algo de anuncio-denuncia en mi manera de ser y de transmitir el mensaje?
Para la reunión de grupo
 Recoger, reunir los pasajes bíblicos más importantes que parecen describir el mundo de la Utopía. Comentar tras su lectura.
Nos sirve hoy la manera de argumentar de la predicación de Juan Bautista? ¿Por qué no?
Recordar el canto del salmo 71 (de Juan Antonio Manzano), y su estribillo: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor. ¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!». ¿Por qué ese estribillo es una de las mejores síntesis del mensaje cristiano y de su Utopía? Aprenderse ese estribillo como una definición muy práctica y asequible del Reinado de Dios. Ponerlo como una hermosa pancarta en nuestra casa o en el local comunitario.
Para la oración de los fieles
Por nuestros grupos y comunidades células de la Iglesia, para que fieles a la misión que nos corresponde seamos capaces de anunciar valientemente el evangelio en todos los lugares.
Por los que trabajan por la paz, la justicia y la prosperidad: para que descubran en su empeño el proyecto de Dios revelado en Jesús.
Por las comunidades cristianas de todas las confesiones: para que nos preparaos a la conmemoración de la venida de nuestro salvador con obras de amor, justicia y de paz.
Por todos nosotros para que este tiempo de adviento haga resonar en nuestros corazones las palabras de Juan que nos preparen de verdad a celebrar la llegada de Jesús.
Oración comunitaria
 Dios Padre que nos entregas todo tu amor; haz que nuestras palabras y obras muestren siempre nuestra disposición al amor y la reconciliación; aleja de nosotros toda actitud de discordia, egoísmo y violencia, y haz que el encuentro que hoy celebramos nos fortalezca en la construcción de la Utopía del “otro mundo posible” que tú nos propones ayudarte a crear. Nosotros te lo pedimos por Jesús de Nazaret, hijo tuyo, hermano mayor nuestro. Amén.
Oh Fuerza Misteriosa que animas este proceso bio-cósmico, en el que nos sentimos inmersos sin comprenderlo ni terminar dejarnos transformar por él. Nos entregamos a Ti, Misterio de atracción irresistible, que del caos has originado este cosmos, con esa flecha meta-histórica que todo lo arrastra y lo lleva hacia adelante, también en nuestra propia vida, como en todo lo existente... Haz que nos sintamos cada vez más atraídos por Ti, Fuerza que todo lo atraes, y dejemos pasar esa Fuerza a través nuestro, para que asumida y multiplicada, siga transformando toda la realidad, esa Fuerza que eres Tú misma, que todo lo crea y lo recrea. Amén.
Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en 
www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico