miércoles, 26 de octubre de 2016

Huétor Tájar construcción iglesia 1510

elemento presente en la iglesia anglicana de Gibraltar, antes Católica



 CONSTRUCCIÓN PARROQUIA HUÉTOR TÁJAR
AÑO 1510

Albañilería y obra Iglesia de Huétor
        Estas cuentas corresponden a los pagos de los salarios a albañiles y peones por la construcción del templo parroquial de Huétor Tájar correspondientes al mes de noviembre del año 1510.


       Transcripción:
"Y cobra a la Iglesia de Huétor de lo que tengo de lo gastado.

*Día 17 de abril anduvo un maestro y dos peones labrando en la Iglesia de Huétor, pagué al maestro dos reales y al peón que le (...) y cuatro maraverís y al otro peón (...) maraverís...

*Sábado 18 de abril han sido un maestro y dos peones labrando en la dicha Iglesia y paguéles tres maravedís a cada uno como en el plano de arriba."
Folio 2:
*(...)
*En este dicho día pagué a Alonso Núñez, cerrajero de una llave y de adobar una cerraja cuarenta maravedís, por mandado del señor vicario para una cruz de la Iglesia.
*En once de noviembre compré cuatro vigas para los tabiques del coro de abajo; pagué por ellas ciento veinticinco maravedís.
*En doce días del mes de noviembre compré dieciséis fanegas y media de yeso y pagué por ellas ciento ochenta y siete maravedís.
*En trece de noviembre anduvieron un maestro y dos peones labrando el coro de abajo; di al maestro... CONTINUARÁ














domingo, 23 de octubre de 2016

Unamuno La voz del pueblo

Gójar Granada

LA VOZ DEL PUEBLO
Miguel de Unamuno
Artículo publicado en el periódico La Lucha de Clases, en 1905.


"¡La voz del pueblo! ¿Pero es que el pueblo tiene lenguaje articulado, tiene algo que decir y lo dice? He aquí lo que se preguntan algunos.

        Y hay que confesar que lo más de nuestro pueblo es un pueblo mudo. Nada dice, o porque nada tiene que decir o porque no sabe decirlo.

        Aun hay más, y es que por no saber decirlo, no tiene nada que decir. Y no me lo toméis a paradoja. Muchas veces los niños no saben dónde les duele hasta que, requeridos por sus padres, que les oyen quejarse, tienen que fijarse en ello y averiguan dónde radica el mal.

        Por extraño que parezca a algunos, he de declarar que estoy completamente persuadido de que la labor principal del Socialismo militante es enseñarle al pueblo dónde le duele y a que se queje y hable. 

        Hay pueblos que se creen hasta felices, mientras no venga quien les convenza de que viven muy mal. Es decir, que se puede vivir mucho mejor.

         La labor del Socialismo es darle conciencia al pueblo; es fraguar la conciencia colectiva del pueblo. Hoy apenas si la tiene, fuera de algunas grandes ciudades, y en ellas una conciencia mezquina y pobre.

        Se dice que nos pierde el hablar mucho y el hacer poco, y lo que en realidad nos pierde es el hablar mal, porque el hablar bien es un modo de hacer. Las palabras de vida y de sustancia son actos. Y lo son sobre todo cuando son palabras de un pueblo. Cuando el pueblo habla, los tiranos enmudecen. Y si no se reconoce esta verdad es porque apenas se ha oído  hablar al pueblo. Porque hablar, lo que se dice propiamente hablar, hablar, no dar voces, el pueblo no habla sino de siglo en siglo y pocas palabras.

        ¿Cuándo hablará el pueblo en España, donde tanto abusan de la lengua los que no son pueblo?"

       Miguel de Unamuno, fue miembro del Partido Socialista durante unos años; después lo abandonó.



lunes, 10 de octubre de 2016

Ermita Virgen de las Angustias o de la Santa Cruz


Ermita Virgen de las Angustias
o
de la Santa Cruz
Alhama Granada


Codicilo de Jorge Bermúdez Zamora, 1640: 


          En dicho codicilo, especifica Jorge Zamora Bermúdez y Martín de la Puebla que le vendió al licenciado Pedro Díaz de la Peña un aposento de su casa para la ampliación de la Ermita de la Santa Cruz o también llamada de Ntra. Sra. de las Angustias.




Primera casa de los Zamora Bermúdez en Alhama s. XVI -XVII


        En 1697, Josefa Garcés Medrano y Zamora Bermúdez, nieta de Jorge Bermúdez Zamora, en su testamento, dice que le deja bienes para la realización del Camarín de Ntra. Sra. de las Angustias en su ermita.


         Entre el codicilo y el testamento, sabemos cuál fue la primera casa de los Zamora-Bermúdez en Alhama de Granada durante los siglos XVI y XVII. También sabemos que la Ermita fue más pequeña y, poco a poco, se fue ampliando hasta llegar a su máximo esplendor antes de la Guerra Civil, momento en que fue destruida; ermita que, hasta  en sus ruinas, encontramos belleza.
































Primera casa de los Zamora en Alhama de Granada, s. XVI - XVII




domingo, 9 de octubre de 2016

Domingo, 9 de octubre de 2016 VIGESIMOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

LUZ DEL DOMINGO
Domingo, 9 de octubre de 2016

VIGESIMOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO C
Primera lectura: 2 Reyes 5,14-17
Salmo responsorial: Salmo 97
Segunda lectura: 
2 Timoteo 2,8-13
EVANGELIOLucas 17, 11-19
 11Yendo camino de Jerusalén, también Jesús atravesó por entre Samaria y Galilea. 12Cuando iba a entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, que se para ron a lo lejos 13y le dijeron a voces:
-¡Jesús, jefe, ten compasión de nosotros!
14Al verlos les dijo:
-Id a presentaros a los sacerdotes.
Mientras iban de camino, quedaron limpios. 15Uno de ellos, viendo que se había curado, se volvió alabando a Dios a grandes voces 16y se echó a sus pies rostro a tierra, dándole las gracias; éste era samaritano. 17Jesús preguntó:
-¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 18¿No ha habido quien vuelva para dar glo ria a Dios, excepto este extranjero?
19y le dijo:
-Levántate, vete, tu fe te ha salvado.
 
COMENTARIOS
I
 UNA LECCIÓN MAGISTRAL
Entre samaritanos y judíos -habitantes del centro y sur de Israel, respectivamente- existía una antigua enemistad, una fuerte rivalidad que se remontaba al año 721 a. C. Este año, el emperador Sargón II tomó militarmente la ciudad de Samaria y deportó a Asiria (hoy Iraq) la mano de obra cuali ficada, poblando la región conquistada con colonos asirios (2 Re 17). Con el correr del tiempo, éstos se mezclaron con la población de Samaria, dando origen a una raza mixta que, naturalmente, mezcló también las creencias.
Por esta razón, Samaria era considerada por los judíos una región heterodoxa, población de sangre mezclada y de religión sincretista. Llamar a alguien 'samaritano' era, para los judíos del sur, uno de los mayores insultos.
Esta era la situación en tiempos de Jesús, judío de naci miento, «cuando yendo camino de Jerusalén, atravesó por entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron hacia él diez leprosos, que se pararon a lo lejos y le dijeron a gritos: -Jesús, Maestro, ten compasión de nos otros. »
Los leprosos vivían fuera de las poblaciones; si habitaban dentro, residían en barrios aislados del resto de la población, no pudiendo entrar en contacto con ella ni asistir a las cere monias religiosas. El libro del Levítico prescribe cómo habían de comportarse los leprosos o enfermos de la piel: «El que ha sido declarado enfermo de afección cutánea andará hara piento y despeinado, con la barba tapada y gritando: Impuro, impuro! Mientras le dure la afección seguirá impuro. Vivirá apartado y tendrá su morada fuera del campamento» (Lv 13, 45-46). El concepto de lepra en la Biblia dista mucho de la acepción que la medicina moderna da a esta palabra, tratán dose en muchos casos de enfermedades curables de la piel.
«Al verlos Jesús, les dijo: -Id a presentaros a los sacer dotes. Cuando iban de camino, los leprosos quedaron lim pios.» Una de las funciones del sacerdote era diagnosticar ciertas enfermedades, que, por ser contagiosas, exigían que el enfermo se retirara por un tiempo de la vida pública. Una vez curado éste, debía presentarse al sacerdote para que le diera una especie de certificado de curación que le permitiera reinsertarse en la sociedad.
Pero el relato evangélico no termina con la curación de los diez leprosos. «Uno de ellos, notando que estaba curado, se volvió alabando a Dios a voces, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias; era un samaritano. Jesús le preguntó: -¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien vuelva para agradecérselo a Dios excepto este extranjero? Y le dijo: -Leván tate, vete, tu fe te ha salvado» (Lc 17,11-17).
Pienso que lo sucedido sentaría muy mal a los judíos. Quienes se las daban de religiosos, de puros y de santos de mostraron con su comportamiento el olvido de Dios que te nían y la falta de educación, que impide ser agradecidos. Sólo un samaritano, el oficialmente heterodoxo, el hereje, el exco mulgado, el despreciado, el marginado, volvió a dar gracias. Sólo éste pertenecía al pueblo de Dios; los otros, por muy judíos que fuesen, quedaron descalificados. Una lección ma gistral...
 
II
 
DON Y AGRADECIMIENTO
Don y responsabilidad eso decíamos que es la fe; la responsa bilidad se expresa en el compromiso con el proyecto de Jesús; al don corresponde el agradecimiento.
 
POBRES SIERVOS
La religiosidad farisea, tan combatida en los evangelios, basaba la relación del hombre con Dios en dos pilares fundamentales: la obediencia ciega y el mérito. El hombre debía someterse totalmente a Dios, igual que un esclavo a su amo. Y la manera de hacerlo era acatar la voluntad de Dios, mani festada en la Ley de Moisés y en las innumerables tradiciones y costumbres que habían acabado por tener más importancia que la misma ley escrita. Los fariseos renunciaban a todo lo que pudiera considerarse libertad, capacidad de iniciativa, creatividad... Pero no era la suya una renuncia desinteresada: se comportaban como pobres siervos, pero, al terminar su tarea, su actitud no era la de quienes habían hecho lo que tenían que hacer; al contrario, en seguida pasaban factura: puesto que ellos cumplían con su obligación, Dios -pensa ban- estaba obligado a darles el premio que se habían me recido.
Todo estaba claro en las relaciones del hombre con Dios: el hombre cumplía fielmente sus obligaciones y exigía de Dios los correspondientes derechos. La salvación (salud, prosperi dad y vida eterna) quedaba reducida a un intercambio mer cantil.
 
DIEZ IMPUROS, UNO SAMARITANO
Yendo camino de Jerusalén, también Jesús atravesó por entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en una aldea le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y le dijeron a voces:
-¡Jesús, jefe, ten compasión de nosotros!
Al verlos les dijo:
-Id a presentaros a los sacerdotes.
 Entendidas así las cosas, las desgracias y enfermedades, especialmente las de apariencia más repugnante, como la le pra, se consideraban como un castigo que Dios imponía al individuo por sus pecados. En relación con los leprosos había incluso una legislación específica que les prohibía cualquier contacto con el resto de las personas, obligándolos a vivir fuera de pueblos y ciudades, y no sólo para evitar el contagio de la enfermedad, sino porque eran impuros y pensaban que la impureza (situación en la que el hombre no puede presen tarse ante Dios ni participar de ninguna ceremonia religiosa) se contagiaba con el menor contacto (Lv 13,45-46). Lógica mente, tampoco había lugar para la compasión: la enfermedad que sufrían era el merecido castigo de sus propios pecados.
Pero había un grupo que, aunque no tuvieran ningún signo externo de impureza, era el más despreciado y odiado por los fariseos: los samaritanos, herejes y renegados, separa dos de la recta ortodoxia de la religión judía y que se atrevían a dar culto al Dios de Israel en un templo distinto al de Jerusalén. Cuando quisieron ofender a Jesús con los peores insultos no le dijeron otra cosa que «endemoniado» y «sama ritano» Gn 8,48).
 
SALVACIÓN GRATUITA, FE AGRADECIDA
Diez leprosos se acercaron a Jesús pidiéndole la salud. Jesús los manda a los sacerdotes para que obtengan un docu mento que certifique que están sanos y que les permitirá reintegrarse a la vida social (Lv 13 ,6.13.17.34).Ellos emprenden la marcha y...: «Mientras iban de camino, quedaron lim pios».
La mayoría, nueve, parece que siguieron hacia Jerusalén a presentarse a los sacerdotes obedeciendo a la ley y al man dato de Jesús, convencidos seguramente de que su obediencia era lo que les había devuelto la salud. Uno solo se vuelve. Ha sentido en su propio cuerpo la acción de Dios y experimenta la salud recién recobrada y la posibilidad de volver a relacio narse con normalidad con sus semejantes como un don de amor gratuito. Y la alegría de saberse objeto del amor de Dios se transforma en alabanza y gratitud: «Uno de ellos, viendo que se había curado, se volvió alabando a Dios a grandes voces y se echó a sus pies rostro a tierra, dándole las gracias». Jesús no le pide cuentas por su desobediencia; al contrario, lo pone como ejemplo... a pesar de que «éste era samaritano». Era el que tenía menos méritos; pero descubrió en el Hombre Jesús la presencia de Dios, y se abrió a ese Dios adaptando ante El una actitud de agradecida libertad. Y ésta, dice Jesús, es la postura acertada: «Levántate, vete, tu fe te ha salvado».
Así completa la respuesta a la petición que le habían hecho sus discípulos: «Auméntanos la fe» (Lc 17,5).
Ante el Padre, dice Jesús, ni servilismo, ni concurso de méritos, sino experiencia de amor gratuito y una doble con fianza: confianza como seguridad en la fuerza salvadora de ese amor; amor gratuito de Dios que se expresa en el agrade cimiento y lleva al compromiso con el proyecto de Jesús, y confianza como familiaridad que se manifiesta en la libertad -atreverse a vivir como hijos- y en el también gratuito amor fraterno  comprometerse a vivir como hermanos.
 
III
 JESÚS INICIA LA TRAVESÍA QUE CULMINARÁ EN EL CALVARIO
«Sucedió que, yendo camino de Jerusalén, también él, Jesús, se puso a atravesar por entre Samaria y Galilea» (17,11). Nuevo escenario: la tierra de nadie, como quien dice, que discurre 'por entre Samaria' (región intermedia, heterodoxa) 'y Galilea' (re gión del Norte), camino de 'Jerusalén' (capital de la Judea, región del Sur, designada con el nombre sacro, en representación de la institución judía política y religiosa). La expresión 'también él' es anafórica, es decir, hace referencia a otro personaje que, como Jesús, inició una 'travesía' que ha quedado grabada en la memoria de los oyentes. Lucas emplea con frecuencia esta expre sión. Recordad la escena de Marta y María: «Sucedió que, mientras ellos (los discípulos) hacían camino, también él, Jesús, entró en una aldea» (10,38). Jesús inicia, pues, una nueva travesía histórica en dirección a 'Jerusalén', la capital y punto neurálgico de la tierra prometida. (De hecho, la 'travesía' culminará en el templo, con la denuncia de la institución religiosa del judaísmo: 19,45-46.) Es probable que Lucas haga referencia ya sea al paso del mar Rojo, por obra de Moisés (Ex 14), ya sea a la travesía del Jordán, antes de entrar en la tierra prometida, por obra de Josué (= Jesús, en griego: Jos 3): en una y otra travesía se subraya un 'atravesar por entre' dos cosas. Según eso, Jesús emprendería ahora la última 'travesía' en el marco del 'camino' que lo llevará al futuro de la tierra prometida, 'Jerusalén'/el templo. Según se ha dicho al comienzo de este 'camino', Jesús se encamina hacia allí con el fin de encararse con la institución judía y denunciar la mentalidad idólatra de Israel.
 
LA «ALDEA», FIGURA DE LA MENTALIDAD CERRADA Y NACIONALISTA
La travesía, por lo que dice el texto, la inicia Jesús solo: «Yendo camino de Jerusalén, también él se puso a atravesar... » (17,11). Evidentemente, se trata de un artificio literario. Lo me nos que se puede decir es que Lucas quiere centrar la atención sobre la persona de Jesús. (Una función semejante a la de los focos en un escenario.) Pero hay más. En el versículo siguiente se insiste en este singular: «Y al entrar él en una aldea, le salieron al encuentro diez individuos leprosos» (17, la). Por lo que se ve, los discípulos, que hasta ahora lo acompañaban durante el viaje, se han escabullido.
Lo bueno del caso es que, en la secuencia siguiente, serán mencionados al lado de los fariseos, encontrándose ambos grupos en la misma 'aldea' que los 'leprosos', pues no hay nueva composición de lugar y, por tanto, no hay cambio de escenario. Sorprende que los 'leprosos', figura de los marginados por la teocracia de Israel, no vivan fuera de la 'aldea'; al contrario, desde allí 'salieron al encuentro' de Jesús y «se pararon a lo lejos», delimitando escrupulosamente la esfera de la vida, en que se mueve Jesús, de la suya, llena de impureza y de muerte. Como habitantes que son de esta 'aldea', participan de su mentalidad: en oposición a la 'ciudad', la 'aldea' es en el lenguaje figurado de los evangelistas el reducto de la ideología nacionalista y faná tica de Israel.
Por otro lado, a pesar de habitar en la 'aldea', propiamente no son considerados ciudadanos, sino que se les mantiene mar ginados en el ghetto de los 'leprosos', por alguna razón que tiene que ver con la mentalidad allí imperante. Finalmente, el término 'aldea' está precedido de un indefinido, «cierta aldea», típica forma de dar representatividad a un personaje individual o colectivo. La «lepra» está íntimamente relacionada con esta 'aldea' indeterminada en la que 'entra' Jesús (v. 12a) y de la que los invita a salir (v. 14a) y, al volver el samaritano (v. 15), a irse de allí definitivamente (v. 19b).
 
SAMARITANO Y LEPROSO, DOBLEMENTE MARGINADO
Más adelante Lucas nos dará a conocer la diversa condición de los diez 'leprosos' (un nuevo artificio literario, destinado a crear 'suspense'). Así, del único de los diez que regresa, puntua lizará: «y éste era samaritano» (17,16b); y más adelante: « ¿No ha habido quien vuelva para agradecérselo a Dios, excepto este extranjero?» (17,18). Esto quiere decir que los otros nueve eran 'galileos' (¡la 'aldea' se encuentra 'entre Samaria y Galilea'!) y 'auctóctonos', de raza judía. El grito que lanzan a Jesús es muy revelador: «¡Jesús, jefe, ten compasión de nosotros!» (17,13). Lucas es el único evangelista que emplea el término «jefe/caudi llo» (seis veces: 5,5; 8,24.45; 9,33.49 y aquí); hasta ahora siempre lo ha puesto en boca de los discípulos, quienes, por otro lado, evitan llamarlo «maestro» cuando se dirigen a Jesús. Nótese que los 'diez leprosos' quedan 'limpios' (lit. 'libres de impureza') al salir precisamente de la aldea. Jesús no los toca, ni los libra directamente del yugo de la impureza: cf. 5,13). Eso corrobora que la impureza los afecta porque conviven con la mentalidad que allí impera, mientras que al salir se ven libres de ella. Decir de un 'samaritano' que es un 'leproso' no tendría nada de extraño: lo es, por su condición de heterodoxo, a los ojos de los judíos. Decirlo de un 'galileo' significa que, por su mal comportamiento, ha quedado moralmente manchado e impuro a los ojos de los judíos ortodoxos.
Por otro lado, el grupo constituido por los diez leprosos es un grupo mixto (9 galileos + 1 samaritano), unidos todos ellos por una misma 'suerte': ser 'leprosos' a los ojos de la institución religiosa. A partir del momento en que todos ellos aceptan some terse a las reglas del juego de la institución judía («Id a presen taros a los sacerdotes», 17,14a, tal como prescribía la Ley), dejan de ser marginados («Mientras iban de camino, quedaron lim pios», 17,14b). Los nueve 'galileos' continúan haciendo camino hacia Jerusalén, con el fin de 'presentarse a los sacerdotes': la institución judía les abrirá de nuevo las puertas y los reintegrará al pueblo de Israel. El 'samaritano', en cambio, se ha quitado de encima una marginación, la moral, pero le queda la étnica. Por esto es capaz de darse cuenta de que Jesús es el único que lo puede liberar definitivamente de toda mancha o impureza legal, ya que simplemente no cree en nada de todo esto: «Uno de ellos, dándose cuenta de que había quedado curado, se volvió alabando a Dios a grandes voces y se echó a sus pies rostro a tierra, dándole las gracias: éste era samaritano» (17,15-16).
«LEPROSO» DISCÍPULO QUE SIGUE CREYENDO EN LA VALIDEZ DE LA LEY
Todos esos trazos que hemos aducido sólo tienen una expli cación plausible: los 'diez leprosos' que, a pesar de comulgar con la mentalidad de la 'aldea', son considerados 'impuros', representan el grupo de los discípulos de Jesús. Estos, por más que le hayan prestado su adhesión personal, siguen creyendo en la validez de la Ley de lo puro e impuro y, en el fondo, en las prerrogativas de Israel, apoyadas por la Ley, a manera de Cons titución de un pueblo teocrático. El hecho de sentirse 'leprosos' hace que puedan convivir juntos en la marginación judíos y samaritanos. Tienen una Ley común (el Pentateuco), si bien no la observan al pie de la letra, a diferencia de los judíos ortodoxos. La mayoría («nueve») seguirá aferrada a la mentalidad naciona lista de Israel; pero una pequeña parte («uno», «samaritano», «extranjero») se ha distanciado definitivamente de ella y ha com prendido cuál era el alcance de su compromiso con Jesús al saltarse olímpicamente la Ley a la que hasta ahora se sentía obligado, pero que, al no poder observarla, lo declaraba impuro, «leproso».
Los discípulos israelitas han quedado puros por el mero hecho de haberse reintegrado a la institución, convencidos de que Jesús compartía aún los principios constitutivos de Israel (lo han visto entrar en la 'aldea' y les ha ordenado 'presentarse a los sacerdotes') Como quiera que suspiraban por ser recono cidos, lo han interpretado como mejor les convenía. Jesús preten día que se liberasen ellos mismos de las ataduras que los retenían, como 'leprosos', dentro de la 'aldea'; que no viviesen divididos, dándole la adhesión a él y compartiendo al mismo tiempo la mentalidad de la institución que él iba a denunciar. Pero en vano. No pudieron seguir en el camino que lo conducía al fracaso en Jerusalén y se quedaron atrapados en la aldea. Ahora bien: los judíos ortodoxos les pasaron factura y los marginaron. Mo mentáneamente han quedado limpios, pero volverán a las anda das. Hasta que no se den cuenta, como el samaritano, de que la única forma de evitar toda clase de 'lepra' es dejar de creer en la Ley que divide el mundo en sagrado y profano, puro e impuro, buenos y malos, observantes y pecadores, no se zafarán de la poderosa y omnipresente influencia de la institución judía.
  EL «LEPROSO» SE HA CURADO EL SOLO
La última frase de la pequeña secuencia no hace sino re machar el clavo. Esta secuencia tiene dos partes: en la primera (vv. 12- 14a) son presentados los diez leprosos como un conjunto; en la segunda (vv. 14b- 19) se centra la atención en el de origen samaritano. Este representa, dentro del grupo de discípulos, la fracción de creyentes que, por su pasado, no ha comulgado nunca del todo con la institución y que, por tanto, a pesar de las presiones ambientales, conseguirá distanciarse de ella: «Le vántate, vete; tu fe te ha salvado» (17,19). Estaba postrado en la 'aldea', por haber creído por unos momentos en la validez de la Ley: Jesús lo invita a levantarse; permanecía allí inmovilizado, incapaz de seguir a Jesús hacia Jerusalén: Jesús lo invita a salir, a hacer también él su éxodo personal; estaba enfermo, con el corazón dividido por su doble adhesión, a Jesús y a su pasado nacional: su adhesión total a Jesús lo ha salvado ahora definiti vamente. 
IV
  (Después de un comentario tradicional, añadimos un comentario crítico).
Ésta era la situación en tiempos de Jesús, judío de nacimiento, cuando tiene lugar la escena del evangelio de hoy. Los leprosos vivían fuera de las poblaciones; si habitaban dentro, residían en barrios aislados del resto de la población, no pudiendo entrar en contacto con ella, ni asistir a las ceremonias religiosas. El libro del Levítico prescribe cómo habían de comportarse éstos: “El que ha sido declarado enfermo de afección cutánea andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: ¡Impuro, impuro! Mientras le dure la afección seguirá impuro. Vivirá apartado y tendrá su morada fuera del campamento” (Lv 13, 45-46). El concepto de lepra en la Biblia dista mucho de la acepción que la medicina moderna da a esta palabra, tratándose en muchos casos de enfermedades curables de la piel.
Jesús, al ver a los diez leprosos, los envía a presentarse a los sacerdotes, cuya función, entre otras, era en principio la de diagnosticar ciertas enfermedades, que, por ser contagiosas, exigían que el enfermo se retirara por un tiempo de la vida pública. Una vez curados, debían presentarse al sacerdote para que le diera una especie de certificado de curación que le permitiese reinsertarse en la sociedad. Pero el relato evangélico no termina con la curación de los diez leprosos, pues anota que uno de ellos, precisamente un samaritano, se volvió a Jesús para darle las gracias.
Por lo demás algo parecido había sucedido ya en el libro de los Reyes, donde Naamán, general del ejército del rey sirio, aquejado de una enfermedad de la piel, fue a ver al profeta de Samaría, Eliseo, para que lo librase de su enfermedad. Eliseo, en lugar de recibirlo, le dijo que fuese a bañarse siete veces en el Jordán y quedaría limpio. Naamán, aunque contrariado por no haber sido recibido por el profeta, hizo lo que éste le dijo y quedó limpio. Cuando se vio limpio, a pesar de no pertenecer al pueblo judío, se volvió al profeta para hacerle un regalo, reconociendo al Dios de Israel, como verdadero Dios, capaz de dar vida. Este Dios, además, se manifiesta en Jesús como el siempre fiel a pesar de la infidelidad humana.
Lo sucedido al leproso del evangelio sentaría muy mal a los judíos. De los diez leprosos, nueve eran judíos y uno samaritano. Éste, cuando vio que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Estar a los pies de Jesús es la postura del discípulo que aprende del maestro. Los otros nueve, que eran judíos, demostraron con su comportamiento el olvido de Dios que tenían y la falta de educación, que impide ser agradecidos. Sólo un samaritano -oficialmente heterodoxo, hereje, excomulgado, despreciado, marginado-, volvió a dar gracias. Sólo éste pasó a formar parte de la comunidad de seguidores de Jesús; los otros quedaron descalificados.
Tal vez, los cristianos, estemos demasiado convencidos de que sólo los de dentro, los de la comunidad, «los católicos», o «los de la parroquia»... somos los que adoptamos los mejores comportamientos. Con frecuencia hay gente mucho mejor fuera de nuestras iglesias, en otras iglesias, o en otras religiones, incluso entre quienes dicen que «no creen». En el evangelio de hoy es precisamente uno venido de fuera, despreciado por los de dentro, el único que sabe reconocer el don recibido de Dios, dando una lección magistral a quienes no supieron agradecer. Aprendamos la lección del samaritano.
Añadimos un comentario crítico-teológico.
Utilizar en la liturgia relatos bíblicos sobre la realización de milagros y, por tanto, tomarlos como plataforma sobre la que montar una reflexión cristiana que oriente nuestra vida actual, resulta problemático por varios conceptos. En primer lugar porque hoy dudamos seriamente de su veracidad histórica, incluso de la de muchos de los milagros atribuidos a Jesús. Pero también y sobre todo porque, aunque fueran muchos menos los milagros que los expertos bíblicos consideran «históricos», los milagros en sí mismos resultan incomprensibles para la mentalidad moderna posterior a Newton, en la que se abandona la visión precientífica de un mundo con un segundo piso superior desde el que los dioses vigilan e intervienen alterando el orden natural de las cosas. En la mentalidad moderna, los relatos religiosos sobre milagros tienen algo en común con la literatura de ficción.
Sólo simbólicamente -más allá pues o al margen de la historicidad o de la ficción- puede extraerse algún mensaje provechoso sobre el relato de la curación de Naamán (leyéndolo entero, no en el extracto que toma la liturgia de este domingo). Y otro tanto ocurre con el relato de hoy de la curación de los leprosos: fuera del valor ejemplarizante del agradecimiento precisamente del samaritano, poco nos aporta ver a Jesús haciendo ese tipo de milagros, que incluso nos lo alejan de la realidad de su entera y perfecta humanidad.
Lo cual sugiere lo que tantos están diciendo: ¿no es necesaria otra selección litúrgica de textos bíblicos en el actual ordenamiento del año litúrgico? Es cierto que la actual, que no tiene todavía cincuenta años, mejoró en mucho la anterior; pero los tiempos cambian -y nosotros con ellos-, y cunde la sensación de que la actual selección necesita una actualización importante. No se tratará sólo de seleccionar textos bíblicos mejores, sino de ampliar los criterios de selección (¿sólo textos bíblicos?), de superar la uniformidad obligatoria (¿todas las comunidades en la Iglesia cada domingo y cada día con los mismos textos?), de utilizar inteligentemente la liturgia también como vehículo de formación (con una ordenación sistemática que permita un itinerario formativo teológico, por ejemplo), de abrir la posibilidad de una liturgia experimental con símbolos y lenguajes nuevos (para los muchísimos, sobre todo jóvenes, que ya no tienen la mínima tolerancia a la simbología litúrgica actual), de abrir la posibilidad al enriquecimiento inter-religioso de formas de cultivo de la espiritualidad (una liturgia con más silencio, con menos palabra, con menos ideas, sin homilías reganoñas, dando paso a otros tipos de gestos)...
Si nadie lo dice, si nadie da voz al malestar que se percibe al respecto, seguiremos indefinidamente como estamos. Nosotros queremos decirlo. Por lo menos decirlo. Además, ¿no ha invitado el papa Francisco a los jóvenes a que «hagan lío» en la sociedad y en la Iglesia...  En todo caso, una forma de colaborar a hacerlo saber a quién corresponde, es la de tomarse la libertad de cambiarlos, allá donde las condiciones de la comunidad lo permiten y hasta lo aconsejan. El ordenamiento litúrgico de los textos, no es -ni de lejos- un dogma de fe, y supuesta la pervivencia de un ordenamiento oficial universal, debiera ser facultativa la posibilidad de acomodarlo en las comunidades locales que quieran aprovecharlo pastoralmente con inteligencia. Porque el ordenamiento litúrgico es para la comunidad, y no ésta para aquél.
¿Será que el papa Francisco ya ha pensado en que no hay por qué arrastrar por más tiempo esta situación? Tal vez él está demasiado ocupado con los problemas de la Curia... Pero no habría por qué perder más tiempo: una buena comisión de pastoralistas de mente abierta y práctica puede hacer excelentes propuestas. Cumplidos ya los 50 años de la liturgia re-ordenada por el Vaticano II, es el momento... no de cambiar, no de eliminar nada, sino de abrir una puerta a experiencias de grupos, comunidades y personas a quienes obviamente se les ha quedado demasiado chica la ordenación bíblico-litúrgica de hace 50 años...
   
Para la revisión de vida
¿Tengo personas en el círculo en que me muevo -o más allá- a las que he marcado para mí con una señal de segregación o marginación?
 ¿Vivo en actitud de acción de gracias?
Para la reunión de grupo
Naamán no quería poner en práctica lo que el profeta le había mandado para curarse, porque le parecía demasiado simple; él esperaba algo más complicado, incluso espectacular... ¿Ocurre esto hoy día también?
Un detalle curioso: Naamán, cuando percibió el milagro y dio gracias a Yahvé, pidió que le dejaran llevarse a su tierra una carga de tierra de Israel... «para poder adorar a Dios en su propia tierra». Preguntar, o buscar la explicación en algún libro, o en las notas mismas de la Biblia, y comentar esa «vinculación que se creía que había entre la Divinidad y la tierra»...
¿Quiénes son las personas más pobres y marginadas (los actuales "leprosos") del entorno en que vivimos? Describir las actitudes concretas con las que se les margina.
¿Cuál es nuestra proyección concreta hacia estas personas marginadas?
 
Para la oración de los fieles
Para que descubramos los motivos que tenemos para vivir en "continua acción de gracias", roguemos al Señor
Por los modernos "leprosos", los que la sociedad evita... para que nuestra fe rompa con esa imposición social y demos testimonio de una fraternidad que salta fronteras y separaciones...
Para que, como Jesús, estemos atentos a recibir la sorpresa de la gratitud del extranjero, del pagano, del no creyente... y para que nosotros mismos seamos siempre agradecidos...
Para que los cristianos defiendan el derecho de los pobres a buscar mejores condiciones de vida fuera de sus fronteras, cuando a los capitales de sus países nunca se les opuso resistencia para su fuga, y cuando el mercado libre proclama la igualdad de oportunidades...
Para que, como recomienda Pablo a Timoteo, "hagamos memoria permanente de Jesús", y hagamos memoria también de quienes le siguieron fielmente, especialmente de los mártires de estas últimas décadas...
Para que prolonguemos nuestra "eucaristía" (nuestra "acción de gracias") durante toda la semana que comenzamos...
Oración comunitaria
 Dios Padre Nuestro, que en Jesús nos has mostrado tu voluntad de que se rompan las barreras y fronteras que nos separan, de que los "leprosos" de todos los tiempos sean curados y se integren a la comunidad; danos una actitud abierta y acogedora como la suya, que destruya los efectos de la marginación y nos ayude a construir una ciudad humana para todos, de hijos de Dios, hermanos y hermanas sin distinción. Por Jesucristo Nuestro Señor.
 Oh Dios, Misterio inefable de Vida y Plenitud, al que nos acercamos reverentemente, cada domingo, en comunidad, para volver a la profundidad de nuestro ser, a nuestro centro espiritual y realimentar nuestra capacidad de vivir y de amar. Empápanos de tu energía, transfórmanos con tu presencia, y llena con tu entusiasmo nuestros deseos silenciados. Tú que vives y haces vivir, , porque eres la misma Vida-Energía sin principio ni fin. Amén.
Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: 
La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: 
Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: 
Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - 
Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - 
El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: 
Diario bíblico

www.koinonia.org

sábado, 8 de octubre de 2016

El tesoro de los humildes grupo literatura Gójar Granada

El tesoro de los humildes
Maurice Maeterlinck
(Reunión Grupo Literatura, parroquia Gójar, Granada, 23 de octubre)


       En 1916, Maeterlinck, visitó España, la prensa publicó varios artículos sobre la obra del autor belga, entre ellos José Ortega y Gasset, titulado: El poeta del misterio:

       "Si se ha de ir  a escuchar y ver un drama de Maeterlinck con el mismo estado de alma que llevamos de ordinario al teatro, más vale quedarse en casa..Esta es la teoría de Maeterlinck: Cuando tenemos algo que decirnos realmente importante, nos hallamos obligados a callarnos. La palabra sólo puede explicar cosas limitadas, conocidas, es decir, muy poco interesantes. Nuestros más hondos sentimientos y deseos, nuestras más admirables concepciones al ser dichas con vocablos, pierden toda su sinceridad, su fuerza y su verdad ¡Por qué otro camino Maeterlinck confirma la frase maligna de Harel! La palabra ha sido dada al hombre para ocultar sus pensamientos".
                                           (Rvta. España, semanario de la vida nacional, 1916, nº 99, fls. 8-9)



       "Vidas arrastradas por seres dolorosos que se agitan en el misterio de una noche. No saben más que sufrir, sonreír y amar; cuando quieren comprender, el esfuerzo de la inteligencia les produce sollozos. ¡Subir, subir siempre los dolorosos peldaños del calvario, hasta dar con la frente en la puerta de hierro!: así sube Sor Igraine; así suben y chocan con la crueldad de la puerta de hierro todas las pobre criaturas, cuyas tragedias sencillas nos muestra Maeterlinck...
       ...Y en ese sentido, los dramas de Maeterlinck, tan deliciosamente ideales, son profundamente vivos y verdaderos; esos personajes que tienen el aspecto de fantasmas, están llenos de vida...."
                                                                                                                                (Remy de Gourmont)