martes, 20 de octubre de 2015

Con los ojos abiertos

MARGUERITE YOURCENAR

        Basta ser medianamente culto para apreciar la enseñanza religiosa; y basta ser medianamente inculto o tener una tendencia dominadora, impositiva, para imponer una ideología determinada.



        "Mi educación religiosa se había detenido muy pronto, pero me alegra haberla tenido, porque es una vía de acceso hacia lo invisible, o si usted prefiere, "lo interior". La gente que no ha tenido una educación religiosa, o que ha tenido una educación estrictamente laica, o a veces demasiado estrictamente protestante, ha quedado cerrada a las verdades místicas o a lo sagrado cotidiano. 

       Es un muy buen acierto de la religión Católica, y también de algunas otras, el haber guardado contacto con ellos. Es en particular, el caso de la religión ortodoxa. Mi padre apreciaba mucho los cantos eslavos, y frecuentaba la iglesia rusa de la calle Daru, en París, ya que tenía numerosos amigos rusos, y yo fui muy sensible, desde muy pequeña, a la belleza del servicio ortodoxo, a sus ritos, que volví a encontrar en Grecia, y mucho más tarde, pero de manera inolvidable, durante una ceremonia ortodoxa en Rusia soviética.

        Sin embargo, todos los ritos son bellos. Amo los ritos. Las bases de mi cultura son religiosas, y mi público lo ignora por completo..."

Marguerite Yourcenar: 

*Escritora. 

*Poetisa, etc...

*Primera mujer que entra en la Academia de la Lengua Francesa.

*Recibió el reconocimiento de Doctor Honoris por parte de varias Universidades, europeas y noteamericanas.

historia Carlos III

EL REINO DE LAS LUCES
O 
DE LAS POCAS LUCES


Libro: El reino de las luces.
Tema: reinado de Carlos III
Autor: Ignacio Gómez de Liaño.
Editorial: Alianza editorial.
Financiación: Pública: colaboración Ayuntamiento de Málaga.

         En todos los libros de historia se nos dice que fue el mejor alcalde de Madrid, pues saneó la ciudad, puso faroles etc..., lo cual no es mucho para un reinado tan largo.

        Este libro sobre Carlos III nos aporta datos y una visión nueva sobre tal reinado. Me ha llamado la atención dos aspectos en este libro:

1.-Carlos III apoyó a Cataluña frente al resto de España.

      Carlos III benefició a Cataluña frente a Andalucía y al resto de España:

Así nos dice el autor: 

                  "...para Carlos III nada podía estar más reñido con la Ilustración que e particularismo y localismo. Esta manera cosmopolita de pensar predomina entre los ilustrados españoles y sobre todo entre los catalanes (...)"

       Desde Cataluña se presiona para abolir los monopolios de Sevilla o de Cádiz  sobre el comercio con América.

                 "El régimen unificador y, en consecuencia, centralizador iniciado por Felipe V, seguido por Fernando VI y culminado por Carlos III será especialmente beneficioso para Cataluña (...) las regiones más beneficiadas con los decretos de Nueva Planta son las periféricas, en particular Cataluña en tanto que Castilla no supera la decadencia a la que la habían reducido los reyes de la Casa de Austria."

2.-Expulsión de los Jesuitas:

         "Menéndez y Pelayo subraya, en la Historia de los heterodoxos españoles, el hecho tremendo de que en un solo día fuere arrojada de España una pléyade de grandes intelectuales, entre los que destaca, para poner unos pocos ejemplos:

*Juan Andrés, erudito historiador de la cultura.

*Hervás y Panduro, padre de  la lingüística comparada y uno de los primeros cultivadores de la etnografía y de la antropología.

*Eximeno, filósofo, matemático y autor de un nuevo sistema de estética musical.

*Arteaga, a quien debe José Nicolás de Azara la mayor parte de su gloria como promotor del gusto neoclásico, etc..."

domingo, 18 de octubre de 2015

René Girard





       "¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros y a los que están entrando se lo habéis impedido" (Lucas 11,52)


Comenta Girard:
       " Jesús quiere restituir a los hombres esa llave. En la óptica evangélica, la pasión es antes que nada la consecuencia de una revelación intolerable para sus oyentes, pero es también, y todavía más esencialmente, la verificación de facto de esta misma revelación. Es precisamente para no escuchar lo que Jesús revela por lo que sus oyentes se ponen de acuerdo para deshacerse de él..."

sábado, 17 de octubre de 2015

domingo 18 octubre 2015 xxix tiempo ordinario 29 domingo

LUZ DEL DOMINGO

Domingo, 18 de octubre de 2015

VIGESIMONOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO B
Primera lectura: Isaías 53, 10-19
Salmo responsorial: Salmo 32
Segunda lectura: Hebreos 4, 14-16
 
EVANGELIO: Marcos 10, 35-45
“ 35Se le acercaron los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: -Maestro, queremos que lo que te pidamos lo hagas por nosotros. 36Él les preguntó: -¿Qué queréis que haga por vosotros? 37Le contestaron ellos: -Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda el día de tu gloria. 38Jesús les replicó: -No sabéis lo que pedís; ¿sois capaces de pasar el trago que yo voy a pasar, o de dejaros sumergir por las aguas que me van a sumergir a mí? 39Le contestaron: -Sí, lo somos. Jesús les dijo: -El trago que voy a pasar yo, lo pasaréis, y las aguas que me van a sumergir a mi os sumergirán a vosotros; 40pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mi mano concederlo más que a aquellos a quienes esté destinado. 41Al oírlo, los otros diez dieron rienda suelta a su indignación contra Santiago y Juan. 42Jesús los convocó y les dijo: -Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las dominan, y que sus grandes les imponen su autoridad. 43No ha de ser así entre vosotros; al contrario, entre vosotros, el que quiera hacerse grande ha de ser servidor vuestro, 44y el que quiera ser primero, ha de ser siervo de todos; 45porque tampoco el Hombre ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos.” 
COMENTARIOS
I
¿QUIÉN MANDA?
Las cosas no le iban demasiado bien al Maestro nazareno. Se acercaba a Jerusalén, sede del gobierno civil y religioso del país, y la tensión había aumentado por instantes. No hacía falta ser profeta para adivinarlo. Se volvió a sus discípulos que lo seguían llenos de miedo -tal vez ellos también lo sospechaban, pero no habían podido hacer desistir al Maestro de su propósito de continuar viaje- y les dijo: "Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y este Hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y letrados: lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los tres días resucitará".
Sombrío panorama con final feliz, pero ¿creíble en aquellas circunstancias? Mal trago le esperaba a Jesús, y consiguientemente a su grupo. Pero yo no sé qué es lo que pasa que siempre hay algún distraído que no se entera, o algún testarudo que no quiere darse por enterado.
 En aquella ocasión le tocó el turno a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan quienes se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro... concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda el día de tu gloria".
Si habían oído lo que Jesús les venía diciendo por el camino, no debieron tomarse demasiado en serio la petición. Jesús hablaba del asesinato que los jefes del país iban a perpetrar en él, y ellos, de gloria y poder, de primeros puestos -derecha o izquierda-, ministros de un reino equiparable a cualquiera de los reinos de la época, verdaderas dictaduras o tiranías.
De modo fino y elegante, Jesús los invitó a seguirlo hasta la muerte, animándolos a no preocuparse de ocupar primeros puesto, cuya concesión, al parecer, no dependía de él: "El trago que voy a pasar yo, lo pasaréis y en las aguas en que me voy a sumergir yo, os sumergiréis, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado".
Ante estas palabras de Jesús no sabemos cómo reaccionaron aquellos dos discípulos. El evangelista, por el contrario, cuenta la reacción indignada contra ellos de los otros diez, igualmente deseosos de poder que los dos en cuestión. Lo que hizo merecer al grupo una amonestación de Jesús en estos términos: "Sabéis que los que figuran como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen..." ¡Qué real es todo esto! Al pueblo se le consulta, se le arranca un voto a cambio de promesas, se le utiliza como trampolín o palanca para el acceso al poder. Después se le olvida, se le posterga, se le ofende, se le desespera, se le margina.
Y Jesús añadió: "Pero no ha de ser así entre vosotros; al contrario, el que quiera subir, sea vuestro servidor y el que quiera ser el primero, sea esclavo de todos, porque tampoco este Hombre ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos".
Hoy más que nunca necesitamos líderes al servicio del pueblo, que es el único modo de ejercer el poder con dignidad; políticos o eclesiásticos que se coloquen en la cola de la sociedad para empujar a los pobres hacia arriba, que se echen a los hombros la difícil tarea de caminar hacia la muerte para hacer el milagro de que el pueblo recupere la vida, la ilusión y la esperanza, y se acabe esa cadena sin fin de poderosos cuya fuerza es la usurpación del poder del pueblo. Porque en política y en religión y en vida sólo manda con autoridad quien sirve al pueblo sin condiciones.

II
NI AMOS NI SUBDITOS
 Una sociedad sin amos ni esclavos, sin jefes ni súbditos Así debe ser la Iglesia, la comunidad de los seguidores de Jesús Y con vocación de que la humanidad entera llegue a ser así.  Y no por la fuerza ni a través de un partido «cristiano», sino por la fuerza de la propia entrega. Ni amos ni súbditos: hermanos

NO SABÉIS LO QUE PEDÍS
La enseñanza de Jesús contiene siempre, implícita o explí­citamente, un determinado análisis de la realidad en el que se descubren las causas del mal que hay en el mundo, las causas de los sufrimientos de los pobres. De acuerdo con ese análisis, Jesús indica qué hay que hacer para superarlas y avanzar hacia la conquista de la felicidad para los seres hu­manos.
Una de esas causas es, según el evangelio, la relación de poder y sometimiento que, al organizar la convivencia, los hombres hemos establecido entre nosotros: unos mandan, otros obedecen; unos dominan, la mayoría es dominada; unos pocos pueden, de hecho, no sólo de derecho, ser libres; los más, de una u otra manera, esclavos... «Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las dominan y que sus grandes les imponen su autoridad.» Y como el obedecer, el ser dominado y el vivir como esclavo no hace feliz a nadie, todos buscan el modo de salir de esa situación haciéndose obedecer, dominando y esclavizando a cuantos sea posible. De esa manera, la historia de cada persona se convierte en un permanente y desesperado intento por sobrevivir bajo el peso de la opresión o en la lucha por el poder, disputándoselo al que lo tiene o al que lo busca. Este análisis, evidente en tiempos de Jesús, sigue siendo válido hoy incluso en las socie­dades democráticas, en las que el ejercicio del poder es teóri­camente controlado por los ciudadanos; pues, prescindiendo de que ese control sea o no realmente eficaz, precisamente estas sociedades democráticas esclavizan y dominan política, militar o, con más frecuencia, económicamente a los pueblos más pobres.

NO HA DE SER ASÍ
 Se le acercaron los dos hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: -Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda el día de tu gloria. Jesús les replicó: -No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de pasar el trago que yo voy a pasar o de dejaros sumergir por las aguas que me van a sumergir a mí?
Los discípulos de Jesús, como hemos visto en domingos anteriores, también son esclavos de la ideología que impone el poder. Dos de ellos pretenden obtener su parte de felicidad. Ellos pensaban todavía que Jesús sería un día rey de Israel. Y le piden los dos cargos más importantes de su reino. Natu­ralmente, sus compañeros se irritan: todos querían los dos mejores puestos.
Jesús está dispuesto a hacer cualquier cosa por los suyos, hasta dar la vida. Pero pedirle a Jesús el poder o que conceda a alguno de sus seguidores algún privilegio sobre los demás es no saber qué se está pidiendo. Equivale a pedirle que no sea fiel a su mensaje, que trunque el proyecto que ha venido a poner en marcha.
Jesús no se limita a decirles que él no va a ser rey político de Israel. Ya les ha anunciado por tres veces que su camino pasa, si, por Jerusalén; pero que lo que allí encontrará será el conflicto, la persecución y la muerte a manos de las auto­ridades políticas y religiosas de su país. Jesús va más allá y ofrece a todos una enseñanza fundamental acerca de cómo deben organizarse sus seguidores: el modelo de convivencia que se estructura alrededor del poder y de la imposición de la autoridad no es válido para sus seguidores: «Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las dominan y que sus grandes les imponen su autoridad. No ha de ser así entre vosotros; al contrario, entre vosotros, el que quiera hacerse grande ha de ser servidor vuestro... » No es ya el abuso, sino el uso del poder, lo que excluye el evangelio en las relaciones entre los cristianos. El poder y la autoridad han de ser susti­tuidos por otros valores: la igualdad y el servicio: «Al contra­rio, entre vosotros, el que quiera hacerse grande ha de ser servidor vuestro, y el que quiera ser el primero, ha de ser siervo de todos.» Y esto del servicio tiene que ser un hecho, no un título honorífico más.
A DERECHA E  IZQUIERDA
Porque ni Jesús ni el Padre van a conceder honores a los suyos. Cuando pase el trago que ha de pasar y sea sumergido en las aguas que han de sumergirlo, en el momento en el que se coloque sobre él el título de rey, cuando en la cruz lleve hasta el final su servicio por el rescate y la liberación de todos, en ese momento, a su derecha y a su izquierda, habrá sólo dos ladrones, compañía que servirá a los dirigentes para seguir engañando al pueblo, confundiendo a Jesús con un delincuen­te más. Pero ninguno de los doce, ninguno de los que preten­dían conseguir tal colocación, estaba allí en aquel momento. De entre sus seguidores, sólo algunas mujeres, ¡precisamente mujeres!, se habían atrevido a llegarse por allí, observando lo que sucedía desde lejos...
No podemos escamotear este mensaje a la humanidad; la Iglesia no puede, de ninguna manera, esconder a los hombres que Dios nos quiere iguales, hermanos. Y para ello la Iglesia tiene que eliminar de su interior todo rastro de poder, todo rastro de dominio y, en consecuencia, todo lo que pueda parecerse, aunque sea de lejos, a la relación de amo y esclavo, de jefe y súbdito. El respeto a los derechos humanos en su interior, la igualdad de todos sus miembros -incluidas, claro está, las mujeres-, aunque los carismas sean distintos, y el estar dispuestos a pasar el trago de ser considerados reos de muerte por nuestro compromiso personal y colectivo, con la liberación de todos los hombres sometidos, son exigencias del mensaje de Jesús de Nazaret.
III
 vv. 35-37: Se le acercaron los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dije­ron: «Maestro, queremos que lo que te pidamos lo hagas por nosotros». El les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Le contestaron ellos: «Concédenos  sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda el día de tu gloria».
No hay reacción explícita de los Doce al anuncio de Jesús, pero, por la escena que sigue, queda patente que les ha resbalado. De hecho, como después del segundo anuncio de la muerte (9,31), se manifiesta también ahora la ambición del grupo (cf. 9,34). Santiago y Juan, «los Truenos» (= los autoritarios, 3,17), sin darse por enterados del anuncio anterior, esperan que Jesús ocupará el trono de Israel (el día de tu gloria) y, adelan­tándose al resto del grupo, solicitan para ellos los primeros puestos en el reino que imaginan.
v. 38: Jesús les replicó: «No sabéis lo que pedís; ¿sois capaces de pasar el trago que yo voy a pasar, o de dejaros sumergir por las aguas que me van a sumergir a mi?»
Jesús les reprocha su ignorancia, que nace de la resistencia a aceptar sus palabras (no sabéis los que pedís), y les propone otro programa: aceptar una muerte como la suya (cf. 8,34), expresada con dos figuras; pasar el trago (lit. « Beber la copa»), que subraya el aspecto de voluntariedad (acti­vo: «entregarse», cf. 4,29), y ser sumergido por las aguas (lit. «ser bautiza­do / sumergido»), que pone de relieve el de inevitabilidad (pasivo: «ser entregado», cf, 10,34).
vv. 39-40: Le contestaron: «Sí lo somos». Jesús les dijo: «El trago que voy a pasar yo, lo pasaréis, y las aguas que me van a sumergir a mi os sumergirán a vosotros; pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mi mano con­cederlo más que a aquellos para quienes están preparados».
Será la cruz el lugar donde se proclame la realeza de Jesús (15,26: «el rey de los judíos»), y los puestos a su derecha y a su izquierda corres­ponden a los de los crucificados con él (15,28). Jesús declara no poder asignar esos puestos más que a aquellos para quienes están preparados, es decir, a aquellos que, al llegar el momento de la prueba (8,34: «cargar con su cruz»), respondan con una entrega como la suya. Ocupar esos puestos depende no de Jesús, sino de los discípulos.
v. 41: Al oírlo, los otros diez dieron rienda suelta a su indignación contra Santiago y Juan.
El deseo de poder y gloria de los dos hermanos hace estallar la indig­nación de los otros y causa división en el grupo (cf. 9,50); los diez, por oposición a «los dos» (35), recuerdan el cisma de las tribus (1 Re 12); la ambición de algunos rompe la unidad del nuevo Israel.
v. 42: Jesús los convocó y les dijo: «Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las dominan, y que sus grandes les imponen su autoridad».
Jesús toma como contraste para la conducta en la comunidad a los poderes paganos absolutos (los jefes de las naciones las dominan); implícitamente está poniendo en paralelo con éstos el ideal mesiánico de los dis­cípulos. Los regímenes paganos institucionalizan la absoluta desigual­dad entre los hombres, estableciendo una clase dominante (sus grandes). Conforme a las expectativas judías, los discípulos conciben un Mesías autoritario y exigente, tan pernicioso para el hombre como las regímenes paganos que tanto desprecian. La esencia del poder dominador es la misma en todos los casos.
v. 43:  «No ha de ser así entre vosotros; al contrario, entre vosotros, el que quiera hacerse grande ha de ser servidor vuestro»...
Jesús pone de relieve el contraste de la nueva comunidad humana (el reino de Dios) con esa organización social. Excluye terminantemente todo dominio de unos sobre otros: la grandeza no consiste en pertenecer a una clase dominante, sino que se basa en el servicio; la ambición (el que quiera ser grande) no tiene más ámbito que ése (ha de ser servidor vuestro, cf. 9,35); tal debe ser la actitud de todos y cada uno dentro de la comuni­dad, actitud que, por ser de todos para con todos, crea la igualdad.
v. 44:  ... «y el que quiera ser primero ha de ser siervo de todos»...
La denominación siervo/esclavo de todos (primera vez en Mc) alude a la situación de la humanidad pagana, donde la sociedad legitimaba la esclavitud (cf. 5,2-20; 7,24-31), y designa a los seguidores de Jesús en cuanto se ponen voluntariamente junto a los que sufren la opresión de los gobernantes (42: «las dominan, les hacen sentir su autoridad»); la denominación implica, pues, la misión entre los paganos y la solidaridad con los oprimidos de todos los pueblos.
Jesús caracteriza, por tanto, a sus seguidores como los que, dentro de la comunidad, son «servidores» (gr. diákonos, el que sirve por amor) y, respecto a la humanidad, «siervos», termino explícitamente opuesto a toda concepción pagana de dominio y poder.
v. 45:  ... «porque tampoco el Hijo del hombre ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar la vida en rescate por todos».
Jesús da la razón de lo anterior (porque). La denominación «el Hijo del hombre» presenta a Jesús como modelo de la plenitud humana a la que sus seguidores deben aspirar. En su comunidad, Jesús, el Hombre pleno, no va a ser, como los dominadores de la tierra y los grandes del mundo, un dueño que reclama superioridad y exige servicio; al contra­rio, va a prestar servicio a los suyos. Y el servicio del Hijo del hombre, el Hombre pleno, se refiere siempre al crecimiento, a la madurez y pleni­tud humana de todos. 
IV
 La primera lectura de hoy, tomada de la segunda parte del libro de Isaías, nos habla de la misión del ‘siervo sufriente’, es decir, de aquel redentor del Pueblo de Dios que ofrece su vida para ver el nacimiento de una nueva posibilidad, de una nueva descendencia. Este poema nos habla más de esperanza, de tenacidad y de lucha que de sufrimiento pasivo o resignación. La misión del siervo del Señor no es ver su cuerpo destrozado, sino servir de puente para las nuevas generaciones de creyentes que se han de inspirar en su particular estilo de vida. Por esta razón la “nueva descendencia” no se refiere, ni en el texto ni en la interpretación cristiana, a los descendientes biológicos, sino a una nueva generación de personas comprometidas con la Causa de Dios en favor de su pueblo, el pueblo pobre, dolorido y oprimido.
El Salmo nos sirve de puente entre la primera y la segunda lectura, al recordarnos que la Palabra de Dios se identifica por su capacidad para ayudarnos a reconocer la verdad. Una verdad que no es un asunto metafísico o etéreo, sino la encarnación del proyecto de Dios en la historia por medio de la justicia y el derecho.
El escrito a los Hebreos nos insiste en un tema que con frecuencia se nos refunde en la memoria: la mediación de Jesús para comprender el designio de Dios. Si prescindimos de él, de lo que él hizo y de lo que él significa para nosotros, estaremos vaciando al cristianismo de su esencia.
Lucas evangelista -el gran cronista de la iglesia primitiva cuya memoria como santo celebramos precisamente hoy- nos ha dejado una obra en dos tomos, de singular belleza y valor. En su evangelio toma el esquema empleado por los de Marcos y Mateo, pero remonta la primera etapa de la Pascua para descubrirnos cómo el Espíritu se cierne sobre su nueva creación y suscita un dinamismo profético que constituye, congrega y envía al nuevo Pueblo de Dios. El evangelista es consciente de la imperiosa necesidad de recuperar la memoria de las acciones, palabras y trayectoria de Jesús. Las jóvenes generaciones se sentían tentadas por un Jesús que se reducía a una idea, o a una propuesta simpática, pero, aunque esto era un buen comienzo, hacía necesario ir a la verdadera fuente de esa historia, que era la vida misma de Jesús en su célebre camino de Galilea a Jerusalén.
Precisamente una de las enseñanzas de Jesús fue su certera capacidad para develar las ambiciones de poder que se ocultaban en las intenciones aparentemente más buenas, como la de marchar con él hacia su destino. Jesús tiene esa gran capacidad de confrontar a todas las personas, y en el contraluz poner en evidencia todas esas piruetas que hace la conciencia para evadir la voluntad de Dios y dejarse arrastrar por los seudo-valores de la cultura vigente que conducen a la búsqueda desaforada del poder.
El penúltimo domingo de octubre la Iglesia Católica lo celebra como Domingo Mundial («Do-Mund») de las Misiones. Muchos de los católicos mayores recordamos que cuando fuimos niños salimos, tal día como hoy, a las calles, con una hucha en las manos, para hacer una cuestación económica en favor de las misiones. En algunas sociedades muy católicas, aquello formó parte de un paisaje religioso urbano casi tradicional, que ya desapareció. ¿Se dejó de hacer... simplemente por pereza, o por descuido? Hoy, que ya tenemos una amplia perspectiva, nos parece que no sólo han afectado las razones clásicas de la «secularización» de la sociedad. Hay algo más: también hay razones que se refieren a las mismas «Misiones».
En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de «convertir» al cristianismo (al catolicismo concretamente en nuestro caso) a los «gentiles», y la «universalidad cristiana» era sentida como la centralidad del cristianismo: nosotros éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, la religión-destino de la humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos (a «convertirse»)... El «proselitismo» estaba justificado; más, era lo mejor que podíamos hacer por la humanidad: el fin justificaba los medios.
Todo esto, lógicamente, ha evolucionado. Comprendemos perfectamente que las religiones y las culturas (todas, no sólo la nuestra) han vivido, desde sus orígenes, aisladas, sin sentido de pluralidad. Una especie de «efecto óptico», y, a la vez, una cierta ley de «psicología evolutiva» humana les ha hecho concebirse a sí mismas -cada una- como únicas, y como «centrales» (pensando cada una que eran el centro absoluto de la realidad), igual que cada uno de nosotros, cuando niños, comenzamos a conocer la realidad a partir de nuestro ego-centramiento psicológico inevitable, e igual que todos los humanos han pensado que su tierra, y hasta «el planeta Tierra», eran el centro del mundo y hasta del cosmos. Sólo con la expansión del conocimiento y con la experiencia de la pluralidad, las personas, los pueblos y las culturas se dan cuenta de que no son el centro, sino de que hay otros centros, y son capaces de madurar y de descentrarse de sí mismas reconociendo la realidad.
Todas las religiones, no sólo la nuestra, están desafiadas a entrar en esta maduración y este reconocimiento de una perspectiva panorámica mucho más amplia que aquella en la que han vivido precisamente «toda» su historia, los varios (aunque pocos) milenios de su existencia. La religiosidad, la espiritualidad del ser humano, es mucho más amplia, y mucho más antigua (decenas de milenios al menos) que cualquiera de nuestras religiones. Dar al tiempo sagrado de nuestra religión la centralidad y unicidad cósmica y universal decisiva que le solemos dar, tal vez necesite una reevaluación más ponderada. El pensamiento religioso más sereno y maduro se inclina cada día más hacia una revalorización generosa hacia las otras religiones, y a una profundización del sentido de modestia y de pluralismo, que no es claudicación ante nada, sino apertura de corazón al llamado divino que hoy sentimos, vibrante y poderoso, hacia una convergencia universal que antes no acabábamos de captar.
Buen día hoy para presentar estos desafíos y para profundizarlos en la homilía, en la reunión de la comunidad, en el grupo de estudio, o en el aula con mis alumnos si soy profesor. No desaprovechemos la oportunidad para actualizar también nuestra visión personal en estos temas: hay muchas lecturas (véase, por ejemplo, en la RELaT -servicioskoinonia.org/relat- no pocos artículos sobre el tema: en el menú desplegable «selección por materias», escoger «Teología sistemática - Diálogo de religiones - Pluralismo religioso» y pulsar en «ir»).

Para la revisión de vida
¿Cómo me siento afectado por una sociedad en la que se valora ante todo la imagen, el prestigio, el ser una persona "exitosa", "bien colocada", con dinero y con poder...? ¿Permanezco firme -junto al Evangelio- en mi valoración de que el servicio es realmente el valor verdadero, el que da sentido a nuestra vida?
Para la reunión de grupo
Si para Freud el placer sexual era la tentación más fuerte, para Adler, otro gran psicoanalista, la más fuerte pulsión humana es la voluntad de poder. Jesús, en el Evangelio, parecería, desde luego, más partidario de Adler que de Freud, porque en absoluto pareció estar obsesionado por la sexualidad, como todavía hoy -dicen muchos- una cierta Iglesia parece estar obsesionada. ¿Por qué la moral cristiana se ha desarrollado mucho menos en el campo de la obligación del servicio y respecto a la pecaminosidad de la búsqueda del poder, que en campo del control de la sexualidad? ¿Qué tiene eso de evangélico?
Hoy es el día de «las misiones»... ¿Qué nos evoca la palabra? ¿Pueden seguir siendo las misiones lo que fueron? ¿En qué sentido ha cambiado “la misión”? ¿Qué condiciones tendría que seguir hoy la misión, en este nuevo mundo que ha tomado conciencia de una pluralidad religiosa insuperable? ¿Se trata de ir a convertir a los demás a nuestra propia religión? ¿Por qué?
Hacer un elenco de realidades humanas y sociales en las que observamos el apego al poder, la búsqueda del mismo... También en la Iglesia.

Para la oración de los fieles
Por los que rigen los gobiernos de nuestros países, en esta época de la que se dice que es de "corrupción a todos los niveles"; para que la participación ciudadana presione adecuadamente para conseguir la superación de la situación actual, roguemos al Señor.
Para que en la comunidad cristiana y en la Iglesia como tal no se repita el caso de los hijos de Zebedeo, para quienes su madre buscaba los puestos de poder...
Para que los cristianos colaboremos a articular una nueva forma de organización mundial de las naciones, de forma que el gobierno del mundo -que actualmente está en manos de las grandes transnacionales del poder y del dinero- pase a estar en manos de la sociedad civil participativa...
Por todas las Eucaristías que celebramos, para que sean verdaderamente la cena del Señor, y no rito vacío, adorno de festividades o rito cumplido por obligación...
Por esta comunidad nuestra, para que, a ejemplo de Jesús, sepamos partirnos y repartirnos entre cuantos nos rodean y pasan necesidad...

Oración comunitaria
 Dios Padre nuestro, que en Jesús has desplegado para nosotros el prototipo de lo que es una existencia humana totalmente volcada al servicio, incluso anónimo y desinteresado. Te pedimos que nuestro ser cristianos nos lleve a imitar a Jesús profundamente en esta actitud fundamental. Por Jesucristo tu Hijo nuestro Señor.

Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en 
www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico

viernes, 9 de octubre de 2015

comentario lecturas evangelio domingo 11 de octubre 2015; domingo 28 del tiempo ordinario

LUZ DEL DOMINGO 
Domingo, 11 de octubre de 2015
VIGESIMOOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 

 
Primera lectura: Sabiduría 7, 7-11
Salmo responsorial: Salmo 89
Segunda lectura: Hebreos 4, 12-13 

EVANGELIO: Marcos 10, 17-30

           "Cuando salía al camino, he aquí que un rico se le acercó corriendo y, arrodillándose ante él, le preguntó: -Maestro insigne, ¿qué tengo que hacer para heredar vida definitiva?  Jesús le contestó: -¿Por qué me llamas insigne a mí? Insigne como Dios, ninguno. Ya   sabes los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, sustenta a tu padre y a tu madre. Él le declaró: -Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven: Jesús se le quedó mirando y le mostró su amor diciéndole: -Una cosa te falta: ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza; y anda, ven y sígueme. A estas palabras, el otro frunció el ceño y se marchó entristecido, pues tenía muchas posesiones. Jesús, paseando la mirada alrededor, dijo a sus discípulos: -¡Con qué dificultad van a entrar en el reino de Dios los que tienen el dinero! Los discípulos quedaron desconcertados ante estas palabras suyas. Jesús insistió: -Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios para los que confían en la riqueza! Más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el reino de Dios. Ellos comentaban, enormemente impresionados: -Entonces, ¿quién puede subsistir? Jesús se les quedó mirando y les dijo: -Humanamente, imposible, pero no con Dios; porque con Dios todo es posible. Pedro empezó a decirle:  -Pues mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos venido siguiendo. Jesús declaró: -Os lo aseguro: No hay ninguno que deje casa, hermanos o hermanas, madre o padre, hijos o tierras, por causa mía y por causa de la buena noticia, que no reciba cien veces más: ahora, en este tiempo,  casas,  hermanos y  hermanas, madres,  hijos y tierras -entre persecuciones- y, en la edad futura, vida definitiva." 
COMENTARIOS
I
 ¿RICO Y CRISTIANO?
En cierta ocasión, cuenta el evangelista Marcos , "se le acercó a Jesús un hombre corriendo, se arrodilló y le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar vida eterna?". Aquel hombre andaba preocupado por su situación en el más allá, por su salvación, por la vida eterna.
"Jesús le contestó: . . .Ya sabes los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre". De entrada llama la atención que Jesús se olvide de enumerar, como condición para salvarse, los tres primeros mandamientos que se refieren a Dios, quien al parecer se contenta con que andemos a bien con el prójimo. Para salvarse sólo se requiere no cometer injusticia contra el prójimo, su vida, sus bienes o su honor. Prójimo son también los padres a quienes hay que honrar, expresión que equivale en la mentalidad bíblica a cuidarlos durante la vejez de modo que no pasen calamidades.
Aquel hombre, al oír la respuesta de Jesús, declaró: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven. A esto, Jesús se le quedó mirando, le tomó cariño y le dijo: Una cosa te falta: vete a vender lo que tienes, dáselo a los pobres, que Dios será tu riqueza; y anda, sígueme a mí". (Hoy, tal vez, Jesús no invitaría a "vender y dar" sino a invertir y crear puestos de trabajo, pues la limosna engendra por sistema miseria y humilla a quien la recibe). La exigencia del Maestro le pareció excesiva a aquel hombre, que "a estas palabras, frunció el ceño y se marchó entristecido, pues tenía muchas posesiones". Era un buen judío, observante de los mandamientos de Dios. Jesús lo había invitado a seguirlo, exigiéndole como condición indispensable abandonar la riqueza, condición que los católicos hemos olvidado llenando iglesias y altares de ricos y santos de las clases elevadas de la sociedad.
Al irse el hombre rico, Jesús aprovechó la ocasión para abundar en el tema y comentó: "¡Con qué dificultad van a entrar en el Reino de Dios los que tienen el dinero!". "Reino de Dios" indica aquí al grupo de los seguidores de Jesús que cumplen la primera bienaventuranza: "Dichosos los que eligen ser pobres porque esos tienen a Dios por rey". Y añadió: "Más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el Reino de Dios". Dicho de otro modo, es prácticamente imposible que un rico pueda ser seguidor de Jesús o verdadero cristiano. Así de claro y contundente lo dijo el Maestro.
Ante la clarividencia de estas palabras, los discípulos "comentaron completamente desorientados: Entonces, ¿quién podrá subsistir?". La pregunta no versa sobre quién podrá salvarse como traducen algunas biblias en uso, pues a esto se había respondido ya diciendo que lo conseguiría quien guardase los mandamientos. Se trata más bien de dar respuesta a un problema real: ¿Cómo podrá subsistir el grupo de discípulos renunciando a la riqueza, al deseo de acaparar y poseer? Jesús que comprendió el problema respondió: "Humanamente, imposible, pero no con Dios, porque todo es posible con Dios".
Humanamente imposible no vivir centrado en el deseo de acaparar y poseer; sólo Dios puede hacer nacer en el corazón el deseo de renunciar a la riqueza. De hecho, algunos de los seguidores de Jesús ya lo habían hecho: "Pedro se puso a decirle: Pues mira, nosotros ya lo hemos dejado todo y te hemos seguido". Ahora con estas palabras parece pedir algo a cambio.
"Jesús declaró: Os lo aseguro: No hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por la buena noticia, que no reciba en este tiempo cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras- y en la edad futura vida eterna". Esta es la promesa de Jesús a sus seguidores: no echarán de menos lo dejado por él. En la comunidad cristiana encontrarán mucho más de lo que dejaron. 
II
 AHORA, EN ESTE TIEMPO
Ahora. Ahora es cuando hay que realizar el reino de Dios. Ahora, en esta vida. El proyecto de Jesús, el evangelio, tiene como objetivo que ahora, en este tiempo, reine la justicia de Dios; lo demás, hasta la vida eterna, se nos dará por añadidura.
 
LA VIDA ETERNA

Mientras salía de camino se le acercó uno corriendo y, arrodillándose ante él, le preguntó: Maestro insigne, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida definitiva?
 Para ir al cielo basta con ser personalmente honrado, con no ser injusto, con no hacer daño a los demás; ni siquiera hace falta ser religioso. A la pregunta de aquel hombre, Jesús le responde recordándole los mandamientos que se refieren a la convivencia humana: «Ya sabes los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, sustenta a tu padre y a tu madre»; respetar la vida, el amor, la justa propiedad, la fama ajena, los derechos de cada cual, la dignidad de los padres... Ese es el camino para ir al cielo. Si eso era lo único que interesaba al hombre aquel, podía haberse ahorrado la pregunta: había tenido el mejor maestro, Dios, que dio al pueblo los mandamientos para que por ellos obtuviera la vida.
Pero el interés de Jesús era más cercano. El estaba pre­ocupado, en primer lugar por ese puñado de años que hay que vivir antes de que la vida se haga definitivamente eterna, años que tan duros resultan a la mayoría de los humanos. La misión que Dios le había encomendado no era enseñar a los hombres el camino del cielo, sino mostrarles la manera de convertir la tierra en un cielo, ofrecerles la posibilidad de gozar, ya en la etapa pasajera de la existencia humana, del carácter definitivo de la vida. Por eso, a aquel hombre que había sido honrado desde pequeño, Jesús le hace una oferta: «ven y sígueme».
 
LA AGUJA Y EL CAMELLO

Pero para seguir a Jesús hay que aceptar algunas exigen­cias. Para Jesús, que en esto continúa la línea de los profetas del Antiguo Testamento, la causa de la desgracia y el sufri­miento de los pobres y de los humillados está en los ricos y poderosos. Dios no hace pobres a los pobres y ricos a los ricos; son los que se enriquecen los que, al acumular lo que a otros les falta, empobrecen a la mayoría (Is 3,14-15; 5,8; Am 2,6-7; 4,1; 5,7-12; Miq 2,1-2; 3,1-4; 6,9b-12; véase comen­tario núm. 63). Es cierto que puede darse algún caso en el que la riqueza se tenga sin haber cometido personalmente ninguna injusticia, por herencia, por ejemplo; éste parece ser el caso del rico del evangelio. Dios no va a negar a estas personas la vida definitiva; pero lo que es imposible es que, manteniendo su situación, puedan ser seguidores de Jesús:
«Una cosa te falta: ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza, y anda, ven y sígueme.» Y la razón es ésta: Jesús, cuando invita a alguien a unirse a él, lo está invitando a incorporarse a la tarea de construir el reino de Dios, y el reino de Dios no es otra cosa que una nueva manera de vivir según la idea que Dios tiene de lo que debe ser la convivencia humana: convivencia basada en la justicia, en la igualdad, en el servicio por amor... Y no se puede colaborar en un proyecto desde una situación que debe desaparecer para que ese proyecto se cumpla; no se puede construir la justicia desde la riqueza, que es efecto y causa de injusticias.
Por eso es tan difícil que un rico entre en el reino de Dios. Según el evangelio, si sigue siendo rico, es imposible: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios para los que confían en la riqueza! Más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que no entre un rico en el reino de Dios.» No le demos más vueltas, no hay agujas tan grandes: «La palabra de Dios es viva y enérgica, más tajante que una espada de dos filos...» (Heb 4,12).
 
UN MUNDO DE HERMANOS

Cierto que, para entender esto, hay que tener muy claro en qué consiste el reino de Dios. Los que están interesados en que las cosas no cambien aquí abajo se han empeñado en identificar el reino de Dios con «el cielo», mandándolo todo a la otra vida, a la otra historia, al otro mundo. Pero, según el evangelio, el proyecto de Dios que Jesús nos da a conocer es, primero, para este tiempo. El reino de Dios es, primero, este mundo organizado según el plan de Dios. Jesús no vino a enseñarnos el camino del cielo, que ya se conocía. El mensaje de Jesús no es un libro de moral para enseñarnos a ser buenos individualmente, y siendo buenos, merecer la vida eterna. Jesús viene a enseñarnos el método para hacer de este mundo un mundo feliz; Jesús viene a enseñarnos a cambiar este mun­do en un mundo de hermanos. La opción por la pobreza o, lo que es lo mismo, la renuncia a la riqueza, no es una virtud con la que conseguir méritos para el cielo; es una opción revolucionaria cuyo objetivo es cambiar la situación de sufri­miento de los pobres y oprimidos de la tierra por otra situación en la que nadie sufra, en la que a nadie le falte nada: «No hay ninguno que deje casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, por causa mía y por causa de la Buena Noticia, que no reciba cien veces más: ahora en este tiempo, casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y tierras -entre persecuciones-, y en la edad futura, vida definitiva.» Lo que Dios quiere no es que repartamos el sufrimiento, que compar­tamos la miseria, sino que construyamos un mundo en el que todos gocen del amor (hermanos y hermanas, madres, hijos) y de los bienes de la tierra (casas y tierras). Y todos iguales, sin primeros ni últimos, sin padres (compárese la lista de las personas a las que se renuncia y la de las que promete Jesús: en la segunda lista falta el padre, símbolo del poder y la autoridad en este tiempo); con un único Padre: el del cielo, que tan preocupado está por los problemas de la tierra.
III

 v. 19:  «Ya sabes los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, sustenta a tu padre y a tu madre».
De los diez mandamientos, Jesús omite los tres primeros, que se refieren a Dios; le recuerda solamente los éticos, los que se refieren al prójimo, que son independientes de todo contexto religioso. Mc añade no defraudes, no privar a otro de lo que se le debe. Son mandamientos negativos, que prohíben cometer ciertas injusticias con el prójimo. En último lugar, invirtiendo el orden, menciona el cuarto mandamiento (sustenta a tu padre y a tu madre), insinuando con ello que la obligación para con la familia no puede servir de pretexto para eximirse de la obli­gación para con la humanidad en general. La condición mínima para superar la muerte es, pues, no ser personalmente injusto con los demás.

v. 20: Él le declaró: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven».
El hombre declara que siempre ha sido fiel a esos mandamientos. Esto hace ver que Mc describe aquí una figura ideal, el perfecto judío, para crear el contraste con las exigencias del mensaje de Jesús. 
v. 21:  Jesús se le quedó mirando y le mostró su amor diciéndole: «Una cosa te falta: ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza; y anda, ven y sígueme».
Jesús le demostró su amor invitándolo a seguirlo incorporándose al grupo de discípulos, y le expone la condición que tiene que cumplir. Una cosa te falta: el hombre está preocupado por el más allá, pero eso no basta para su desarrollo como persona; éste se obtiene siguiendo la línea de Jesús, haciéndose último y servidor de todos (9,35), y para ello tiene que abandonar sus muchas posesiones. Así contribuirá a crear en este mundo una sociedad nueva (el reino de Dios) donde reine la justicia y el ser humano encuentre su plenitud.
De hecho, aunque personalmente no es injusto, este hombre está implicado, por su riqueza, en la injusticia de la sociedad. La ética pro­puesta en los mandamientos de Moisés no elimina la desigualdad ni lleva a una sociedad verdaderamente justa.
Es condición, por tanto, para todo seguidor tomar la decisión de eli­minar, en cuanto esté de su parte, la injusticia. Para ello ha de renunciar a la acumulación de bienes (todo lo que tienes), que crea la pobreza de otros, la desigualdad y la dependencia humillante; darlo a los pobres repa­ra a nivel personal esa injusticia.
Por otra parte, la acumulación de bienes proporciona una seguridad en el plano material, pero, al ser injusta, impide el desarrollo humano; la verdadera riqueza y la seguridad definitiva se encuentran sólo en Dios (Dios será tu tesoro, alusión a 10,14: «Dios reina sobre ellos»), que actúa a través de la solidaridad y el amor mutuo de la comunidad de Jesús, y garantiza el desarrollo personal.
v. 22: A estas palabras, el otro frunció el ceño y se marchó entristecido, pues tenía muchas posesiones.
El hombre, por su apego a la riqueza, no asiente a la invitación de Jesús. Su amor a los demás es relativo, no llega al nivel necesario para un cristiano. No está dispuesto a trabajar por un cambio social, por una sociedad justa; la antigua le basta. Prefiere el dinero al bien del hombre. 
v. 23: Jesús, paseando la mirada alrededor, dijo a sus discípulos: «¡ Con qué dificultad van a entrar en el Reino de Dios los que tienen el dinero!»
Jesús resume lo sucedido con el rico y resalta el obstáculo que consti­tuye la riqueza para formar parte del Reino, es decir, de la sociedad nueva. Aquí aparece la diferencia entre la «vida definitiva» a que aspira­ba el rico y que puede alcanzar si evita la injusticia, y «el reino de Dios», en el cual no entra y que no puede referirse en concreto más que a la comunidad de Jesús.
vv. 24-25: Los discípulos quedaron desconcertados ante estas palabras suyas. Jesús insistió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios para los que con­fían en la riqueza! Más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el Reino de Dios».
Las palabras de Jesús siembran el desconcierto entre los discípulos: ellos piensan que en el reino de Dios (la nueva sociedad) continúan exis­tiendo la riqueza individual y la dependencia que ésta crea.
Jesús no se retracta, sino que insiste en la misma idea (para los que confían en la riqueza, frase muy bien atestiguada y requerida por el v. 25); añade un matiz: el rico no sólo tiene riquezas, sino que confía en ellas, cree que son el único medio de asegurar la propia existencia. Con una frase hiperbólica (más fácil es que un camello pase...) acentúa la práctica imposibilidad de que un rico renuncie a la seguridad que le da su rique­za para contribuir a la creación de una sociedad nueva (el reino de Dios).
v. 26:  Ellos comentaban, enormemente impresionados: «Entonces, ¿quién puede subsistir?»
Los discípulos no se explican la exigencia de Jesús; se preguntan si es posible la subsistencia del grupo sin el apoyo de la riqueza material de algunos de sus miembros (subsistir, gr. sôthênai, escapar de un peligro, aquí el de la indigencia; vse. en 8,35 los dos sentidos de «salvar su vida»).
v. 27: Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Humanamente, imposible, pero no con Dios; porque con Dios todo es posible».
Jesús les da la solución: ellos miran la cuestión desde el punto de vista puramente humano y la juzgan según la experiencia de su socie­dad: en ese planteamiento no hay más solución que la riqueza para el problema de la subsistencia. Pero ésta es también posible de otro modo alternativo: con la solidaridad que produce el reinado de Dios. 
v. 28: Pedro empezó a decirle: «Pues mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos venido siguiendo».
Pedro se hace portavoz del grupo; no se conforma con el principio enunciado por Jesús; quiere saber qué les va a tocar a ellos. Atribuye al grupo dos méritos: haberlo dejado todo, que responde a la verdad (1,18.20) y haber seguido siempre a Jesús, que, como se ha ido viendo a lo largo de los episodios precedentes, no responde a la verdad: acompa­ñan a Jesús materialmente, pero las actitudes del grupo están muy lejos de las de él (8,32; 9,10.32.34; 10,13).
vv. 29-30: Jesús declaró: «Os lo aseguro: No hay ninguno que deje casa, her­manos o hermanas, madre o padre, hijos o tierras, por causa mía y por causa de la buena noticia, que no reciba cien veces más: ahora, en este tiempo, casas, her­manos y hermanas, madres, hijos y tierras -entre persecuciones - y, en la edad futura, vida definitiva».
Por eso, la respuesta de Jesús no se refiere en particular al grupo de discípulos (seguidores procedentes del judaísmo), sino a cualquier seguidor que lo abandone todo para manifestar su adhesión a él y dedi­carse a la propagación del mensaje. En el Reino o sociedad nueva no habrá miseria, sino afecto y abundancia para todos, pero sin desigualdad ni dominio; en efecto, comparando las dos enumeraciones que hace Jesús, la de lo que el seguidor deja y la de lo que encuentra, se advierte que en la segunda se omite la mención del padre, figura de la autoridad. Como se trata de la etapa terrena del Reino, todo eso se verificará en medio de la hostilidad de la sociedad (entre persecuciones); y esos segui­dores, por supuesto, heredarán la vida definitiva.

IV

 La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, expresa la preferencia de la Sabiduría frente a todos los bienes de la tierra. El sabio pone en la plegaria de Salomón la superioridad de los valores espirituales sobre los materiales, supeditándolos todos al don de la sabiduría y la prudencia para el gobierno de su pueblo.
En el texto de la carta a los hebreos, el autor, al describir la fuerza transformadora de la Palabra de Dios, se hace eco de hondas raíces veterotestamentarias. En efecto, ya Isaías 42,9 había comparado la Palabra de Dios con la espada, y Jeremías la había presentado como una realidad operante por sí misma. ( Jer 23,29).
La íntima acción salvadora de la Palabra en la persona oyente es descrita en el texto diciendo que es “penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu”. Allí, en el santuario de la intimidad del corazón de la persona, de la comunidad oyente activa de esa voz salvadora que le muestra caminos de liberación, allí, donde reside la voluntad y la decisión de aceptarla o de rechazarla, donde anida lo más denso del ser humano: sus intereses, sus afectos, su libertad, es hasta donde la Palabra llega cuestionante, incisiva, liberadora, transformante. Por eso, el autor de la carta coloca intencionadamente las palabras “corazón, deseos, intenciones”, como abarcando en estas categorías la integralidad humana. Dios y su Palabra, “más íntimo que yo mismo” en expresión de San Agustín, conoce hasta los secretos más recónditos del corazón. El más absoluto misterio humano está patente ante sus ojos. Por eso, la Palabra es juez densamente imparcial, que conoce amando lo que ocurre en la conducta humana y en el corazón de hombres y mujeres.
La imagen del camino es central en el evangelio de Marcos (cf Mc 10, 17). Estamos ante el tema del seguimiento de Jesús. En ese sentido va la pregunta de aquel que únicamente Mateo llama "el joven rico" (19, 22); para Marcos (y Lucas) parece tratarse más bien de una persona mayor que pregunta: ¿cómo heredar la vida? (cf Mc 10,17). Jesús comienza por remitir a Dios; su bondad está al inicio de todo. Esto equivale a resumir la primera tabla de los mandamientos. En seguida enuncia explícitamente los correspondientes a la segunda tabla, con un añadido importante (que sólo se encuentra en Marcos): "no seas injusto" (v. 19). La frase es algo así como un sumario del listado que se recuerda. Se trata de la condición mínima que se plantea al creyente. Con sencillez el rico dice que todo eso lo ha observado (cf v. 20), no hay nada de arrogante en esta afirmación. Esa era la convicción de los sabios de la época: la ley puede ser cumplida plenamente.
Pero seguir a Jesús es algo más exigente. Con afecto lo invita Jesús a ser uno de los suyos. No sólo debe abandonar la riqueza, hay que entregarla a los pobres, a los necesitados. Esto lo pondrá en condiciones de seguirlo (cf v. 21). No basta respetar la justicia en nuestras actitudes personales, hay que ir a la raíz del mal, al fundamento de la injusticia: el ansia de acumular riqueza. Pero, dejar sus posesiones, le resultó una exigencia muy dura al preguntante; como muchos de nosotros prefirió una vida creyente resignada a una cómoda mediocridad (cf v. 22). «Creer sí, pero no tanto». Profesar la fe en Dios, aunque negándonos a poner en práctica su voluntad. Jesús aprovecha la ocasión para poner las cosas en claro con sus discípulos: el apego al dinero y al poder que él otorga es una dificultad mayor para entrar en el Reino (cf v. 23). La comparación que sigue es severa; algunos han querido suavizarla, pretendiendo -por ejemplo- que había en la ciudad unas puertas pequeñas llamadas "agujas"... Bastaba entonces al camello agacharse para poder entrar por el ojo de la aguja...
Los discípulos, en cambio, entendieron bien el mensaje. El asunto se les presenta poco menos que imposible. Pasar por el ojo de la aguja significa poner su confianza en Dios y no en las riquezas. No es fácil ni personalmente ni como Iglesia aceptar este planteamiento, siguiendo a los discípulos nos preguntamos -con pretendido realismo-: “entonces, ¿quién se podrá salvar?" (cf v. 26). El dinero da seguridad, nos permite ser eficaces, decimos. El Señor recuerda que nuestra capacidad de creer solamente en Dios es una gracia (cf v. 27).
Como comunidad de discípulos, como Iglesia, debemos renunciar a la seguridad que da el dinero y el poder. Eso es tener el "espíritu de sabiduría" (Sab 7,7), aceptar que ella sea nuestra luz (cf v. 10). A la sabiduría nos lleva la palabra de Dios, cuyo filo corta nuestras ataduras a todo prestigio mundano. Ante ella nada queda oculto, todas nuestras complicidades aparecen con claridad (cf Heb 4,12-13). Como creyentes, como Iglesia, ¿seremos capaces de pasar por el ojo de una aguja?

Una lectura ecológica del evangelio de hoy
El mundo, la humanidad, se encuentra hoy, también, ante el desafío de tener pasar «por el ojo de una aguja» si quiere conseguir... no ya la vida eterna celestial, sino simplemente la supervivencia terrestre.
Es un «ojo de aguja» nuevo. Nunca nos habíamos visto en esta situación. Siempre, desde siempre -es decir, desde hace varios millones de años, desde que el homo et mulier sapientes son lo que son-, el ser humano percibió la tierra como ilimitada, inagotable, cuasi infinita, capaz de absorber impasible nuestro proyecto de desarrollo continuo, infinito.
Pero hace sólo cinco siglos (Magallanes, 1522) se dio cuenta de que la tierra no era una superficie plana infinita, sino una superficie esférica, cerrada sobre sí misma, y por tanto, limitada. Y ha sido sólo al final del pasado siglo XX cuando ha descubierto que su proyecto humano de desarrollo podría topar con los límites de la Tierra. Así lo proclamó proféticamente, en solitario, el famoso libro del Club de Roma «Los límites del crecimiento», 1972, que no fue escuchado. Pero su profecía fue confirmada y ratificada al filo del cambio del siglo («Más allá de los límites del crecimiento», 1992), al denunciar que estábamos en peligro de sobrepasarnos («overshot») más allá de la capacidad del planeta para absorber y regenerar los recursos que consumimos. Ese peligro ya se hizo realidad oficialmente el 23 de septiembre de 2008: los científicos que siguen el estado del Planeta, especialmente la Global Foot Print Network han hablado del «Día del sobrepasamiento», el «Earth Overshoot Day», día en el que calculan que hemos sobrepasado en un 30% su capacidad de reposición de los recursos necesarios para las demandas humanas. En este momento necesitamos más de una Tierra para atender a nuestra subsistencia...
El Informe de Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008 confirmó la denuncia, y, de otra manera y con otros datos, confirmó que si toda la humanidad adoptara un nivel de vida como el de EEUU o Europa, necesitaríamos 9 planetas (pág. 48 de la edición en español).
Despidámonos pues de la «vida eterna» para la Humanidad. El planeta seguirá, sí, pues ha pasado crisis semejantes, pero seguirá... sin nosotros. Ésta en la que estamos ya hace tiempo es la «sexta extinción». La anterior, la quinta, hace 65 millones de años, por efecto de un meteorito según las actuales hipótesis, causó la desaparición de los dinosaurios. La sexta, la presente, actualmente en curso acelerado, está causada por una especie biológica concreta, la única que ha llegado a convertirse en fuerza geológica, y parece que va a ser profunda, y que se llevará consigo a dos tercios de las especies actuales (entre ellas la causante). Nada de «vida eterna», pues, sino la condena a «una muerte anunciada», y con inminencia.
Pero... «sólo una cosa tienes que hacer si quieres todavía alcanzar»... una prolongación de la vida: abandona el «sistema» que te lleva a la muerte, centrado obsesivamente en el enriquecimiento material, ciego a los costes ecológicos, y pasa a adoptar un nuevo estilo de vida, un nuevo paradigma, una nueva forma de mirar al planeta, comprendiendo que eres Tierra y dependes de ella, y que en vez de vivir de espaldas a ella y en guerra contra ella, debes vivir en amistad y en relación cariñosa y simbiótica con ella.
El tema sería mucho más largo, porque es también muy hondo. Es mucho más que el tema del “cuidado” para con la naturaleza... Es eso, sí, pero es mucho más. La Agenda Latinoamericana’2010 ya disponible en unos veinte países (latinoamericana.org) plantea la necesidad de afrontar a fondo el tema de nuestra «conversión ecológica», y el de la «re-conversión ecológica» del cristianismo (incluida nuestra teología, nuestras creencias y nuestra espiritualidad). Todos los cristianos/as deberíamos insistir en nuestras comunidades en tocar, en hacer presente, en estudiar este tema, el tema «planetariamente más urgente»... La Agenda Latinoamericana’2010 ofrece también sugerencias para organizar grupos de estudio, materiales para la educación popular, textos y reflexiones para organizar en nuestras comunidades una reflexión profunda sobre el tema: http://latinoamericana.org/2010/info

Para la revisión de vida
Aunque creamos en la Providencia, Dios nos ha encomendado procurarnos la materialidad de nuestra vida y debemos preocuparnos por todo lo económico. ¿Qué lugar ocupa el dinero en el "ranking" de mis valores y preocupaciones? ¿Un lugar adecuado, sometido a los valores?
Para la reunión de grupo
Comentar/discernir sobre la propuesta de lectura ecológica que se propone para este evangelio en el comentario bíblico-pastoral. ¿Está fundamentada la propuesta? ¿Qué aplicaciones tiene en nuestro contexto social? ¿Qué podemos/debemos hacer en nuestra comunidad cristiana?
Leer el libro de Tim FLANNERY, «El clima está en nuestras manos», de Taurus, colección menor, México y Madrid 2007, 291 pp. Absolutamente convincente. Encarecidamente recomendable. Comprar un ejemplar en el grupo y pasarlo de mano en mano, y organizar al final un ciclo de reuniones para tomar decisiones en los planos personales, comunitarias, barriales, sociales...
"¡Qué difícilmente entrarán los ricos en el Reino de Dios!". ¿Captan los ricos ese mensaje en la Iglesia oficial, como conjunto? A pesar de las críticas al "capitalismo salvaje", de hecho, en el nivel de la práctica, el capitalismo occidental se siente enjuiciado por la Iglesia o más bien apoyado? ¿Por qué? ¿En qué? Sea cual sea la respuesta, ¿qué corresponde hacer?
"Vende todo lo que tienes, repártelo entre los pobres... ven y sígueme". Si esto no se hace materialmente, ¿cómo puede realizarlo de alguna manera un creyente que desee ser radical con el evangelio?
"El camello que no entra / por el ojo de una aguja/ entra en cualquier catedral" (Pedro Casaldáliga). Comentar.

Para la oración de los fieles
Por la Iglesia, para que dé testimonio del desprendimiento generoso que todos desean ver en ella, roguemos al Señor.
Para que comprendamos que el mensaje del evangelio de hoy no es para algunos "profesionales de la santidad" sino para todos los cristianos, y que todos debemos dar al dinero el lugar que le corresponde en nuestra vida...
Para que no falten también entre los cristianos figuras emblemáticas que testimonien y nos recuerden a todos la urgencia de cambiar nuestro actual sistema de civilización en favor de un sistema sostenible, no enemigo de la naturaleza...
Por los religiosos y religiosas, para que afronten la grave falta actual de vocaciones a la vida religiosa como un mensaje, una interpelación que algo o alguien o la sociedad o Dios mismo les está haciendo...
Por tantos hombres y mujeres que viven la pobreza de un modo obligado, tratando sólo de salir de ella, sin hacer opción por luchar por la transformación del mundo y por la superación de la situación de exclusión actual de los pobres...
Por los que utilizan el argumento del desprendimiento espiritual respecto de las riquezas como el pretexto para acallar su conciencia ante lo crecido de sus riquezas, para que entiendan que Dios no quiere de nosotros sólo desprendimientos interiores sino actitudes exteriormente comprobables...

Oración comunitaria
 Oh Dios, Padre nuestro, que nos has hecho responsables del sustento de nuestra propia vida y de la de nuestros hijos. Ayúdanos a tener una sana relación con lo económico, que evite tanto un romanticismo idealista o espiritualista, como el materialismo romo y sin ideales. Y líbranos sobre todo de poner lo económico por encima de la justicia y del amor. Por Jesucristo N.S.
 Oh Dios que a través de los avances científicos actuales nos «revelas» de forma nueva la divinidad del cosmos y de la Tierra, así como lo descaminado de nuestro modelo actual de civilización... Abre nuestras mentes a la captación de esta nueva «revelación», y haznos sentir experiencialmente la «divinidad», el carácter divino de la realidad. Con Jesús de Nazaret y todos tus testigos. Amén.

Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: Diario bíblico