jueves, 26 de mayo de 2016

Domingo, 29 de mayo de 2016 EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO CICLO C

LUZ DEL DOMINGO


Domingo, 29 de mayo de 2016
EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTOCICLO C


Primera lectura: Génesis 14, 18-20
Salmo responsorial: 
Salmo 109
Segunda lectura: 
1 Corintios 11, 23-26
 
EVANGELIOLucas 9, 11-17
 11pero las multitudes se dieron cuenta y lo siguieron. El las acogió, estuvo hablándoles del reinado de Dios y fue curando a los que lo necesitaban.
12Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle:
-Despide a la multitud, que vayan a las aldeas y cor tijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque esto es un descampado.
13Él les contestó:
-Dadles vosotros de comer.
Replicaron ellos:
-¡Si no tenemos más que cinco panes y dos peces! A menos que vayamos nosotros a comprar de comer para todo este pueblo.
14Eran unos cinco mil hombres adultos.
Jesús dijo a sus discípulos:
-Decidles que se echen en grupos de cincuenta.
15Así lo hicieron, diciendo a todos que se echaran. 16y tomando él los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, los bendijo, los partió y se los dio a sus discípulos para que los sirvieran a la multitud. 17Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras de los trozos: doce cestos.
 


COMENTARIOS
I
 REPARTIR LO MULTIPLICADO
La sociedad de consumo nos tiene acostumbrados al mi lagro de la multiplicación de los bienes materiales. Hoy día se fabrica casi todo en serie, hay más alimentos que nunca, más cultura, más desarrollo, más riqueza en la tierra. Sin embargo, y siendo esto muy necesario, creo que hace falta poner urgen temente en marcha otro milagro, aún mayor, más difícil de realizar. Se trata del milagro del “reparto” de lo que ya hay entre los que estamos, practicando la comunión de bienes.
Porque si la sociedad de consumo realiza a diario la mul tiplicación de panes y peces en clave moderna, sin embargo, paradójicamente, cada día aumentan en la humanidad las carencias más radicales, la miseria más increíble, el subdesarrollo más inhumano, la ignorancia más brutal, la falta de cultura más absoluta. Del milagro de la multiplicación de los bienes de consumo se benefician sólo unos pocos, que se han habitua do a lucrarse y a enriquecerse en detrimento de la inmensa mayoría de los que habitan el planeta Tierra.
No se trata ya tanto de multiplicar cuanto de dividir. Al menos este es el camino que Jesús enseña en el relato mal denominado de la “multiplicación de los panes”, pues la pala bra “multiplicación” no aparece en él.
La situación de aquella gente era similar a la de muchos de los hombres de hoy: «Despide a la gente -dijeron a Je sús-; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado» (Lc 9,1 lss). En descampado está la mayoría de la humanidad, carente de las necesidades más vitales: pan y habitación.
Inesperadamente, Jesús invita a sus discípulos a realizar el milagro: «-Dadles vosotros de comer. Y como ellos pien san que el milagro consiste en multiplicar los alimentos, replican: -No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío. (Por que eran unos cinco mil hombres.)» La vía de salida que ellos piensan para resolver el problema es inviable: se trata de comprar.
Pero Jesús trata de mostrar que 'comprar' no es el camino. «-Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta. Lo hicieron así, y todos se echaron. El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente.»
Jesús no compra ni multiplica, sino que parte y reparte. Tal vez éste sea el camino para salir de este callejón sin salida en el que nos hemos metido los humanos. Partir el pan entre todos, partirse por los demás, repartir, dividir entre todos eso que la técnica, gracias a Dios, ha conseguido multiplicar.
Y éste es el símbolo de la eucaristía: un pan -cuerpo-persona- que se parte y se entrega como alimento que genera vida alrededor.


II
 
AMAR TAMBIÉN CON EL BOLSILLO
No se trata de tranquilizar conciencias con limosnas. Decimos amar, que significa trabajar para que los que amamos sean felices, y según el evangelio nadie debe quedar excluido de nuestro amor. Y decimos también con el bolsillo para que el amor no quede reducido a un sentimiento más o menos romántico. El amor cristiano es un amor -también económicamente- revo lucionario.
UN LENGUAJE TRASNOCHADO
Hablar de revolución en la próspera Europa de finales del siglo XX suena a rancio. Las revoluciones se han desmoro nado todas (o han sido arrasadas a sangre y fuego, como la sandinista). El capitalismo -nos dicen- se ha mostrado el menos malo de todos los sistemas conocidos (eso se había dicho de la democracia, pero nuestros progres quieren hacer méritos y demostrar que son más demócratas que nadie); sin embargo, como demuestran los millones de vidas que cada año se cobra el hambre, el capitalismo es incapaz de resolver el problema de la pobreza de dos terceras partes de la huma nidad porque está basado en la idolatría del dinero, un dios que premia a los que le ofrecen como sacrificio la vida de los pobres. Pero éste es un lenguaje trasnochado; de hecho -o mejor, de palabra-, nadie aconseja el capitalismo, sino la democracia, la libertad..., aunque la única libertad que realmente interesa es la del capital, que permite a los amos del dinero disponer de él a su capricho. Pero hablar de todo esto es, sin duda, anticuado y de muy mal gusto.
 
DESPIDE A LA MULTITUD
Caía la tarde y los Doce se acercaron a decirle:
-Despide a la multitud, que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque esto es un descampado.
Al volver de la primera misión importante de los Doce -Jesús los había enviado para que anunciaran la Buena No ticia, la presencia del reinado de Dios-Jesús quiere retirarse con ellos para revisar cómo han llevado a cabo la misión y para ver el grado de maduración al que han llegado en su comprensión del reinado de Dios. Pero las multitudes, el pueblo, habían empezado a descubrir en el mensaje de Jesús la posibilidad de la liberación tanto tiempo esperada y se van tras él. Jesús aprovechará la circunstancia para enseñar, tanto a sus discípulos como a las multitudes, que la justicia y la libertad se logran siempre que -y sólo si- nos comprome temos a conquistarla.
Los Doce se dieron cuenta de que había un importante problema que resolver: aquellas personas tenían hambre. Pero no encontraron otra solución más que dejar que cada cual lo resolviera por su cuenta –“Despide a la multitud... “-. Y no allí, en despoblado, sino en la civilización, en donde había actividad económica y comercial y se podía comprar la vida: el alimento y el descanso; así, cuando Jesús les dice «Dadles vosotros de comer», no se les ocurre otra cosa que acudir al mercado-« ¡ Si no tenemos más que cinco panes y dos peces! A menos que vayamos nosotros a comprar de comer para todo este pueblo»-, volviendo a la sociedad que divide a los hombres en pobres y ricos y que, según el programa de Jesús, debe ser superada (Lc 6,20-26; véase comentario núm. 34).
 
ESTO ES MI CUERPO
Y tomando él los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, los bendijo, los partió y se los dio a sus discípulos para que los sirvieran a la multitud. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras de los trozos: doce cestos.
Lo que hace Jesús no es un milagro en el sentido en el que hoy se entiende esta palabra: es una lección para que nosotros aprendamos a hacer el milagro y resolvamos esa cuestión que la humanidad tiene pendiente desde que tenemos noticia: el hambre. Si consideramos que los bienes que da la tierra, en especial los que son necesarios para vivir con digni dad, no nos pertenecen, sino que son don de Dios para toda la humanidad, si obramos en consecuencia y compartimos lo que tenemos, si organizamos nuestras relaciones económicas de acuerdo con esta convicción, si superamos así la injusticia que estructura nuestra sociedad, nadie pasará hambre, habrá pan para todos y sobrará.
Naturalmente que con esto no basta: el evangelio no es un tratado de economía (nos indica los efectos intolerables de cualquier sistema económico: todo lo que hace daño al hombre: la injusticia, la explotación del hombre por el hom bre, la desigualdad, la destrucción del medio ambiente); el evangelio es un tratado acerca del amor: no basta con dar lo que tenemos, tenemos que entregarnos por entero. Por eso el reparto de los panes adquiere su pleno significado en el reparto del pan eucarístico: «el Señor Jesús, la noche en que iban a entregarlo, cogió un pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced lo mismo en memoria mía”...» (primera lectura). Para el cristia no, comprometerse en la lucha por un mundo económicamen te más justo adquiere su pleno sentido cuando, celebrando la eucaristía, se compromete a dar la propia vida por amor, en unión con Jesús; pero es una traición celebrar la Eucaristía sin estar comprometidos en la construcción de un mundo más justo y solidario, y una blasfemia si se trata de compati bilizar con el culto al dios dinero.
 
III
 
COMPARTIR LOS BIENES, SIGNO DISTINTIVO DEL REINO
            Las multitudes de seguidores, en contrapartida, han sido acogidas por Jesús. Este “se puso a hablarles del reino de Dios y fue curando a los que lo necesitaban” (9,11). ¿Quiénes son estos “seguidores”? Recuérdese que al comienzo del segundo tramo, cuando Jesús se dispuso a «atravesar pueblos y aldeas proclaman do la buena noticia del reino de Dios», lo acompañaban «los Doce», de un lado, y «algunas mujeres, curadas de malos espíri tus y enfermedades», de otro; María Magdalena, Juana y Susana, «y otras muchas que habían puesto sus bienes al servicio del grupo» (8,1-3). Aquí tenemos nuevamente «los Doce» y «las multitudes que lo seguían», tan marginadas de Israel como «las mujeres», entre las cuales algunas tienen necesidad todavía de curación. Pero los Doce no pagan con la misma moneda: las mujeres habían puesto sus bienes a disposición del grupo, mien tras que los Doce no están dispuestos a compartir «los cinco panes y los dos peces» que traen consigo. A lo sumo transigirían en «ir a comprar de comer» para toda esta clase de gente, a la que designan despectivamente («para todo el pueblo ese»).
El número de estos seguidores contiene una cifra significati va: «Porque eran como cinco mil hombres adultos» (Lc 9,14a). Esta misma cifra aparecerá en el libro de los Hechos (Hch 4,4). El número «cinco», muy subrayado en el contexto (vv. 14a: «cinco mil»; 14c: «como de cincuenta en cincuenta»; 13d y 16a: «cinco»), es el número típico del Espíritu (cf. 1Re [3Re LXX] 18,4.13: «de cincuenta en cincuenta»; 2Re [4Re LXX] 2,7: «cin cuenta hombres adultos, discípulos de los profetas»; así como el día de «pentecostés»). Se trata de un grupo de creyentes adultos. Jesús los hace sentar «en grupos de cincuenta», como los círculos de profetas (Lc 9, 14c). Se anticipa aquí la edad adulta de la comunidad judeocreyente de los Hechos de los Apóstoles.
Jesús bendice los panes y los peces, los parte y los va dando a los discípulos para que los sirvan a la multitud (9,16). Con hechos palpables muestra a los discípulos («los Doce») cuál tendría que ser la función del nuevo Israel: el servicio de la mesa es el signo por excelencia del tiempo mesiánico. Deben ponerse al servicio de los marginados de Israel («la multitud» de segui dores).
«Comieron todos hasta saciarse, y recogieron las sobras de los trozos: doce cestos» (9,17). Cuando se comparte, hay de sobra para todo el pueblo de Israel («doce cestos» para las doce tribus de Israel).
Lucas pone fin aquí a la estructura simétrica: el programa que Jesús había propuesto a Israel ha comenzado a realizarse. El acento está puesto en el compartir. Este debería ser el rasgo distintivo del nuevo Israel. Los bienes mesiánicos son extensivos a todo el pueblo. Se cumple así la promesa que el Señor había hecho a Eliseo: «Comerán y sobrará: "Comieron y sobró", como había dicho el Señor» (2Re [4Re LXX] 4,43-44).


IV
 La primera lectura de hoy constituye una especie de prefiguración sacerdotal-eucarística en la misteriosa persona de Melquisedec; la segunda lectura nos hace pasar de la imagen a la realidad, a través de la catequesis eucarística de Pablo a la comunidad de Corinto; finalmente, el evangelio nos recuerda que la eucaristía es y debe ser siempre expresión y fuente de caridad: nace del amor de Cristo y se vuelve fundamento del amor entre los fieles reunidos en torno al Pan donado por Jesús y distribuido por sus discípulos entre los hermanos.
La eucaristía sostiene toda la vida de la comunidad creyente. Mientras hacemos presente el “amor hasta el extremo” por el que Jesús ofreció su vida en la cruz (pasado), nos comprometemos a formar un sólo cuerpo animado por la fe y la caridad solidaria (presente), “mientras esperamos su venida gloriosa” (1 Cor 11,26) (futuro).
La primera lectura (Gen 14,18-20) es un antiguo texto, originalmente quizás de naturaleza política-militar, en el que el misterioso personaje Melquisedec rey de Salem ofrece a Abraham un poco de pan y vino. Se trata de un gesto de solidaridad: a través de aquel alimento, Abraham y sus hombres pueden reponerse después de volver de la batalla contra cuatro reyes (Gen 14,17). El pasaje, sin embargo, parece contener una escena de carácter religioso, siendo Melquisedec un sacerdote según la praxis teológica oriental.
El gesto podría contener un matiz de sacrificio o de rito de acción de gracias por la victoria. El v. 19, en efecto, conserva las palabras de una bendición. Las palabras de Melquisedec y su gesto ofrecen una nueva luz sobre la vida de Abraham: sus enemigos han sido derrotados y su nombre es ensalzado por un rey-sacerdote. El capítulo 7 de la Carta a los Hebreos ha construido una reflexión en torno a Cristo Sacerdote a la luz de este misterioso texto del Génesis, según la línea teológica ya presente en las palabras que el Sal 110,4 dirige al rey-mesías: “Tú eres sacerdote para siempre al modo de Melquisedec”.
La segunda lectura (1Cor 11,23-26) pertenece a la catequesis que Pablo dirige a la comunidad de Corinto en relación con la celebración de las asambleas cristianas, donde los más poderosos y ricos humillaban y despreciaban a los más pobres. Pablo aprovecha la oportunidad para recordar una antigua tradición que ha recibido sobre la cena eucarística, ya que el desprecio, la humillación y la falta de atención a los pobres en las asambleas estaban destruyendo de raíz el sentido más profundo de la Cena del Señor.
Se coloca así en sintonía con los profetas del Antiguo Testamento que habían condenado con fuerza el culto hipócrita que no iba acompañado de una vida de caridad y de justicia (cf. Am 5,21-25; Is 1,10-20), como también lo hizo Jesús (cf. Mt 5,23-24; Mc 7,9-13). La Eucaristía, memorial de la entrega de amor de Jesús, debe ser vivida por los creyentes con el mismo espíritu de donación y de caridad con que el Señor “entregó” su cuerpo y su sangre en la cruz por “vosotros”.
La lectura paulina nos recuerda las palabras de Jesús en la última cena, con las que cuales el Señor interpretó su futura pasión y muerte como “alianza sellada con su sangre” (1 Cor 11,25) y “cuerpo entregado por vosotros” (1 Cor 11,24), misterio de amor que se actualiza y se hace presente “cada vez que coman de este pan y beban de este cáliz” (1 Cor 11,26). La fórmula del cáliz eucarístico, semejante a la fórmula de la última cena en Lucas (Mateo y Marcos reflejan una tradición diversa), está centrada en el tema de la nueva alianza, que recuerda el célebre paso de Jer 31,31-33. Cristo establece una verdadera alianza que se realiza no a través de la sangre de animales derramada sobre el pueblo (Ex 24), sino con su propia sangre, instrumento perfecto de comunión entre Dios y los hombres.
La celebración eucarística abraza y llena toda la historia dándole un nuevo sentido: hace presente realmente a Jesús en su misterio de amor y de donación en la cruz (pasado); la comunidad, obediente al mandato de su Señor, deberá repetir el gesto de la cena continuamente mientras dure la historia “en memoria mía” (1Cor 11,24) (presente); y lo hará siempre con la expectativa de su regreso glorioso, “hasta que él venga” (1 Cor 11,26) (futuro). El misterio de la institución de la Eucaristía nace del amor de Cristo que se entrega por nosotros y, por tanto, deberá siempre ser vivido y celebrado en el amor y la entrega generosa, a imagen del Señor, sin divisiones ni hipocresías.
El evangelio (Lucas 9,10-17) relata el episodio de la multiplicación de los panes, que aparece con diversos matices también en los otros evangelios (¡dos veces en Marcos!), lo que demuestra no sólo que el evento posee un alto grado de historicidad, sino que también es fundamental para comprender la misión de Jesús.
Jesús está cerca de Betsaida y tiene delante a una gran muchedumbre de gente pobre, enferma, hambrienta. Es a este pueblo marginado y oprimido al que Jesús se dirige, “hablándoles del reino de Dios y sanando a los que lo necesitaban” (v. 11). A continuación Lucas añade un dato importante con el que se introduce el diálogo entre Jesús y los Doce: comienza a atardecer (v. 12). El momento recuerda la invitación de los dos peregrinos que caminaban hacia Emaús precisamente al caer de la tarde: “Quédate con nosotros porque es tarde y está anocheciendo” (Lc 24,29). En los dos episodios la bendición del pan acaece al caer el día.
El diálogo entre Jesús y los Doce pone en evidencia dos perspectivas. Por una parte los apóstoles que quieren enviar a la gente a los pueblos vecinos para que se compren comida, proponen una solución “realista”. En el fondo piensan que está bien dar gratis la predicación pero que es justo que cada cual se preocupe de lo material. La perspectiva de Jesús, en cambio, representa la iniciativa del amor, la gratuidad total y la prueba incuestionable de que el anuncio del reino abarca también la solución a las necesidades materiales de la gente.
Al final del v. 12 nos damos cuenta que todo está ocurriendo en un lugar desértico. Esto recuerda sin duda el camino del pueblo elegido a través del desierto desde Egipto hacia la tierra prometida, época en la que Israel experimentó la misericordia de Dios a través de grandes prodigios, como por ejemplo el don del maná. La actitud de los discípulos recuerda las resistencias y la incredulidad de Israel delante del poder de Dios que se concretiza a través de obras salvadoras en favor del pueblo (Ex 16,3-4).
La respuesta de Jesús: “dadles vosotros de comer” (v. 13) no sólo es provocativa dada la poca cantidad de alimento, sino que sobre todo intenta poner de manifiesto la misión de los discípulos al interior del gesto misericordioso que realizará Jesús. Los discípulos, aquella tarde cerca de Betsaida y a lo largo de toda la historia de la Iglesia, están llamados a colaborar con Jesús preocupándose por conseguir el pan para sus hermanos. Después de que los discípulos acomodan a la gente, Jesús “tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los iba dando a los discípulos para los distribuyeran entre la gente” (v. 16).
El gesto de “levantar los ojos al cielo” pone en evidencia la actitud orante de Jesús que vive en permanente comunión con el Dios del reino; la bendición (la berajá hebrea) es una oración que al mismo tiempo expresa gratitud y alabanza por el don que se ha recibido o se está por recibir. Es digno de notar que Jesús no bendice los alimentos, pues para él “todos los alimentos son puros” (Mc 7,19), sino que bendice a Dios por ellos reconociéndolo como la fuente de todos los dones y de todos los bienes. El gesto de partir el pan y distribuirlo indiscutiblemente recuerda la última cena de Jesús, en donde el Señor llena de nuevo sentido el pan y el vino de la comida pascual, haciéndolos signo sacramental de su vida y su muerte como dinamismo de amor hasta el extremo por los suyos.
Al final todos quedan saciados y sobran doce canastas (v. 17). El tema de la “saciedad” es típico del tiempo mesiánico. La saciedad es la consecuencia de la acción poderosa de Dios en el tiempo mesiánico (Ex 16,12; Sal 22,27; 78,29; Jer 31,14). Jesús es el gran profeta de los últimos tiempos, que recapitula en sí las grandes acciones de Dios que alimentó a su pueblo en el pasado (Ex 16; 2Re 4,42-44). Los doce canastos que sobran no sólo subraya el exceso del don, sino que también pone en evidencia el papel de “los Doce” como mediadores en la obra de la salvación. Los Doce representan el fundamento de la Iglesia, son como la síntesis y la raíz de la comunidad cristiana, llamada a colaborar activamente a fin de que el don de Jesús pueda alcanzar a todos los seres humanos.
En el texto, como hemos visto, se sobreponen diversos niveles de significado. El milagro realizado por Jesús lo presenta como el profeta de los últimos tiempos. Al mismo tiempo el evento anticipa el gesto realizado por Jesús en la última cena, cuando el Señor dona a la comunidad en el pan y el vino el signo sacramental de su presencia.
Por otra parte, el don del pan en el desierto inaugura el tiempo nuevo de la fraternidad, que prefigura la plenitud de la comunión escatológica en plenitud. Además se pone en evidencia, como hemos señalado antes, el papel esencial de los discípulos de Jesús como mediadores del reino. A través de aquellos que creemos en el Señor debería llegar a todos los hombres el pan que del bienestar material que permite una vida digna de hijos de Dios, el pan de la esperanza y de la gratuidad del amor, y sobre todo el pan de la Palabra y de la Eucaristía, sacramento de la presencia de Jesús y de su amor misericordioso en favor de todos los hombres.


Para la revisión de vida
 ¿En mi vida cristiana el misterio eucarístico se manifiesta como fuente de unidad y de caridad?
 ¿Cómo podría comprometerme concretamente en favor de las personas que viven en la pobreza y sufren hambre de pan y de justicia?
Para la reunión de grupo
¿En nuestra comunidad la celebración eucarística genera mayor amor y compromiso en favor de los más pobres o se limita a ser un simple rito religioso?
¿Con cuáles iniciativas concretas podríamos hacer que nuestra participación comunitaria en la Eucaristía sea más activa y dinámica?
¿Cómo podríamos como comunidad comprometernos más para llevar a los demás el pan del bienestar material, el pan del amor y de la esperanza, y el pan del evangelio del Reino?
Para la oración de los fieles
Señor Jesús, que en el misterio eucarístico has dejado para tus discípulos un memorial vivo de tu vida, tu muerte y tu resurrección, haz que participando con fe de tu Cuerpo y de tu Sangre seamos testigos fieles del evangelio de la liberación en medio del mundo. Roguemos al Señor...
Señor Jesús, que congregas a tu Iglesia en torno al misterio de tu Cuerpo y de tu Sangre, haz que nuestra comunidad viva el misterio de la comunión en la diversidad, superando la intolerancia y el sectarismo, y así sea signo e instrumento de tu reino. Roguemos al Señor...
Señor Jesús, que alimentaste a la multitud en el desierto con el pan material y el pan de la Palabra, haz que la comunidad cristiana viva atenta a los signos de los tiempos, a través de una misión de evangelización liberadora e integral, llevando a todos el anuncio del Reino y comprometiéndose activamente en la promoción humana. Roguemos al Señor...
Oración comunitaria
Señor Jesús, Pan Vivo de esperanza y de amor,
concede a cuantos participamos en la cena eucarística,
vivir el misterio de la comunión en el amor
y ser testigos de tu reino en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: 
La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: 
Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: 
Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - 
Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - 
El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: 
Diario bíblico

martes, 24 de mayo de 2016

Grabado más antiguo Virgen de las Nieves Granada


VIRGEN DE LAS NIEVES

Año 1753

DÍLAR GRANADA



       Se trata del Grabado más antiguo,1753, de la Virgen de las Nieves, patrona de Sierra Nevada, que se venera en Dílar. Fue publicado en el libro: Relación auténtica de la creación de la renta de población del Reino de Granada.

domingo, 8 de mayo de 2016

Domingo, 8 de mayo de 2016 LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR CICLO C EVANGELIO: Lucas 24, 46-53

LUZ DEL DOMINGO

Domingo, 8 de mayo de 2016
LA ASCENSIÓN DEL SEÑORCICLO C
Primera lectura: Hechos 1, 1-11
Salmo responsorial: 
Salmo 46
Segunda lectura: 
Efesios 1, 17-23 
EVANGELIO: Lucas 24, 46-53
 46Y añadió:
-Así estaba escrito: El Mesías padecerá, pero al tercer día resucitará de la muerte; 47y en su nombre se predicará la enmienda y el perdón de los pecados a todas las naciones. Empezando por Jerusalén, 48vosotros seréis testigos de todo esto.49Yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre; por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que de lo alto os revistan de fuerza.
50Después los condujo fuera hasta las inmediaciones de Betania y, levantando las manos, los bendijo. 51Mientras los bendecía, se separó de ellos y se lo llevaron al cielo. 52Ellos se  postraron ante él y se volvieron a Jerusalén llenos de alegría. 53y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios. 
COMENTARIOS
I
 DESCENDER
Al igual que la sociedad civil, también la Iglesia se ha configurado como estructura de poder. Dentro de la jerarquía eclesiástica, casi todo ha estado conformado al modo humano: un verdadero escalafón de títulos y cargos de honor, de privi legios y glorias rodeaba -hoy menos, pero todavía- a quie nes dicen ostentar, en nombre de Dios, el poder divino y ser, en nombre de Jesús, sus más legítimos representantes. Bien es verdad que hay honrosas y esperanzadoras excepciones.
La comunidad cristiana es una comunidad de hermanos, de iguales, se suele decir. Pero no se ve. En la Iglesia, hom bre y mujer, sin ir más lejos, se sitúan a años luz de distancia: el varón domina a la mujer, reducida históricamente a una especie de monaguillo permanente, con poca voz y menos voto dentro de la institución eclesial. El acceso al presbiterado, así como a los órganos directivos, está vetado a las mujeres, a quienes hasta hace poco ni siquiera se les permitía leer la divi na Palabra en misa.
Pero incluso la misma jerarquía, monopolio de varones, se asemeja a una pirámide: desde el hermano lego hasta el Papa se escalonan diáconos, sacerdotes, obispos, arzobispos y cardenales. A cada uno de éstos ha correspondido, al menos, un título honorífico: Hermano, Reverendo, Monseñor, Ilmo. y Excmo., Su Eminencia, Su Santidad... ¿Habrá algo más ajeno al evangelio que tanta vanagloria histórica? Parece como si la organización de la Iglesia se hubiese configurado de modo vertical y ascendente.
Jesús no habría soportado tanta desigualdad de tratamien tos, tanto escalafón de poder. Su vida fue más bien un descen so en picado hacia el corazón de la humanidad.
Nacido en la pobreza, nunca se despegó de esa plataforma. Desde ella anunció su evangelio, siempre rodeado de pobres, de gente de la periferia de la vida. Se enfrentó con el capital: «-No podéis servir a Dios y al dinero»; denunció la hipocre sía de una teología clasista y conservadora: «-¡Ay de vos otros, escribas y fariseos!»; incluso llegó a tratar de 'zorra' (animal común) a Herodes y a dejar sin respuesta la pregunta de Pilato, representante directo del poder romano. Su atre vido comportamiento le mereció un trágico y precipitado des enlace. Murió solo y asesinado.
En la cruz termina la crónica histórica de su vida. Lo de más, su resurrección y ascensión son metahistoria, suponen la fe. Trascienden la tarea del historiador y las coordenadas de nuestro mundo. Sólo por la fe llegamos a afirmar la veracidad de estos acontecimientos.
Para 'ser ascendido al cielo', para sentarse junto a Dios, Jesús tuvo que descender primero, situándose a la cola de la humanidad, en la lista de espera de la sociedad; renunció al poder, no flirteó con el dinero; se negó a los honores; hablaba a los suyos llanamente, los trataba de amigos, rechazando toda relación de dominación.
El día de las Ascensión, dos mensajeros divinos tuvieron que transmitir un mensaje urgente a los discípulos que lo veían irse: «-¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?» (Hch 1,11).
No es hacia arriba adonde hay que mirar. Lo propio del cristiano es descender, bajar, como Jesús, al fondo de la existencia, al 'fuera de juego' de tantos marginados, a lo profundo del dolor humano; descender hasta la muerte para que toda esa gente suba y se siente a la mesa de la vida. Cuando esto se hace, se ha iniciado ya el camino de la ascensión a Dios.
Mucho tiene que cambiar de proceder nuestra Santa Ma dre Iglesia Católica para dar esta imagen al mundo...
II
 
¿DE VUELTA A JERUSALÉN?
La vuelta atrás es una de las tentaciones que más frecuentemente sentimos los seres humanos. El pasado, aunque no nos haya hecho felices, lo conocemos, y el conocimiento nos da seguridad. Pero el futuro, incierto siempre, nos da miedo.
 
TESTIGOS DE TODO ESTO
Así estaba escrito: El Mesías padecerá, pero al tercer día resucitará de la muerte, y en su nombre se predicará la enmienda y el perdón de los pecados a todas las naciones. Empezando por Jerusalén, vosotros seréis testigos de todo esto.
Jesús había sido un Mesías muy particular. El no había realizado ninguna de las grandes esperanzas de Israel, tal y como en su tiempo esperaban que se cumplieran: no había sido un triunfador ni había llevado a la gloria a su nación; al contrario, Jesús, a los ojos humanos, había salido totalmente derrotado: todas las personas importantes se habían puesto de acuerdo en que al pueblo -es decir, a ellos- les convenía más un Jesús muerto que un Jesús vivo. El, de acuerdo con el plan de Dios, había mantenido su fidelidad hasta la muerte, había mostrado con su entrega cuál es el único camino de salvación que le queda a este mundo: el amor, el amor hasta la exageración, incluyendo en él hasta a los enemigos (Lc 6,27.35), el amor, si es necesario, hasta la muerte. Dios se encargó de darle la razón, conservándole la vida.
Después de su resurrección, Jesús mismo se les manifestó y les explicó en varias ocasiones por qué las cosas habían sucedido así: «Así estaba escrito: El Mesías padecerá, pero al tercer día resucitará de la muerte» (véase también Lc 24,13-35.36-49). Y ya al final, a los que habían tenido la posibilidad de experimentar la realidad de su victoria sobre la muerte les hace un último encargo: que no se callen nada de lo que saben, que lo anuncien al mundo entero, empezando por la ciudad en la que habían intentado acabar con su vida: «Em pezando por Jerusalén, vosotros seréis testigos de todo esto». 
SE LO LLEVARON AL CIELO
Después los condujo fuera hasta las inmediaciones de Betania y, levan tando las manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y se lo llevaron al cielo.
Si necesitaban alguna prueba más para saber de parte de quién estaba Dios... «Mientras los bendecía, se separó de ellos y se lo llevaron al cielo». Jesús pasa a ocupar un lugar al lado del Padre. Su triunfo es ya definitivo, aunque no ha sido fácil. Es el final de un camino largo, la culminación de una dura tarea, la consecuencia de la fidelidad mantenida incluso en las circunstancias más difíciles. Ha subido al cielo, pero des pués de que el polvo de esta tierra se hiciera barro con su sudor y con su sangre.
No se trata de una huida. Jesús no va a desentenderse de los problemas de los hombres. Por eso, según cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles (primera lectura), a los discí pulos que se quedan «plantados mirando al cielo» unos men sajeros del Padre les hacen volver los ojos al suelo y les anun cian que Jesús volverá de nuevo: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que se han llevado a lo alto de entre vosotros vendrá tal como lo habéis visto marcharse al cielo». Volverá para estar con los que intentan poner en práctica el mandamiento del amor, para hacerse presente en medio de los suyos cuando «dos o tres estén reunidos en su nombre» (véase Mt 18,20), o cuando se reúnan para partir el pan y celebrar la acción de gracias, y volverá para llevarse consigo a los que vayan completando su mismo camino.
Su victoria es anuncio de nuestra victoria, su presencia en la casa del Padre anuncia la nuestra, pues él es el primero de los nuestros -el primer humano- que se establece para siempre en ella; pero lo que nunca podrá ser es una excusa para que, mirando al cielo, nos escapemos de los problemas de cada día. Es necesario iluminar esos problemas con el testimonio de la victoria de Jesús.
  JERUSALÉN, JERUSALÉN
Mientras los bendecía, se separó de ellos y se lo llevaron al cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén llenos de alegría. Y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios.
Los discípulos de Jesús todavía no habían logrado vencer definitivamente el miedo. Están llenos de alegría, pero se la quedan para ellos. No la comunican a los pobres y oprimidos de aquella ciudad -la ciudad, Jerusalén, representa aquí al sistema religioso que había vuelto la espalda a Dios porque se había puesto enfrente  o encima- de los desgraciados y de los débiles.
Se atreven a salir y van a Jerusalén; pero se refugian en su pasado. No van a dar testimonio de la resurrección de Jesús, sino a cobijarse en el templo que los jerarcas habían convertido en cueva de bandidos (Lc 19,45). No son capaces de decir ante aquellos bandidos que Dios ya no estaba allí, sino que se había manifestado en aquel que habían asesinado fuera de la ciudad y que, en adelante, sólo estaría allí donde se intentara seguir los pasos del injustamente ajusticiado. Por eso, en lugar de dedicarse a la tarea que Jesús les había enco mendado, se evaden con el pretexto de interminables oracio nes de alabanza. Sólo empezarán a mirar con valor hacia adelante cuando Jesús envíe sobre ellos el Espíritu, la Promesa de su Padre.
¿No estaremos nosotros demasiado tiempo en el templo? ¿No pasamos demasiadas horas mirando al cielo? ¿No tendre mos demasiado miedo de afrontar el reto de dar testimonio de una victoria incómoda para los intereses de este mundo? 
III 
LOS DISCÍPULOS NO CEDEN NI UN PALMO, PERO JESÚS TAMPOCO
El encargo que en el Evangelio les transmitió inmediatamente antes de la orden anterior: «Y añadió: "Así estaba escrito: El Mesías padecerá, pero al tercer día resucitará de la muerte; y en su nombre se predicará la enmienda y el perdón de los pecados a todas las naciones paganas. Empezando por Jerusalén, vosotros seréis testigos de todo esto"» (Lc 24,46-48), en Hechos tiene lugar el último día, después que los apóstoles se confabulasen -más adelante veremos el motivo- para pedirle que restaurase el reino a Israel (Hch 1,6), cuya representatividad les había con fiado el propio Jesús (cf. Lc 6,13-15), pero que, por culpa de la deserción de Judas, se había ido al traste (recuérdese 22,3 y 22,47): «No es cosa vuestra conocer ocasiones o momentos que el Padre ha reservado a su propia autoridad (argumento disuaso rio); al contrario, recibiréis fuerza cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y así seréis mis testigos en Jerusalén y también en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,7-8). Cuándo y cómo Dios intervendrá en la historia es cosa suya, nadie debe ni puede manipular sus planes; y él respeta y secunda la libertad de los hombres. El Espíritu Santo, en cambio, les dará fuerzas para realizar la utopía del reino.
En el texto del Evangelio, el deseo de justicia y de solidaridad humana son condición previa para poder proclamar entre las naciones paganas la nueva y definitiva presencia de Jesús como Señor de la historia del hombre. El testimonio lo tienen que dar, en primer lugar, «en Jerusalén» (transliteración del nombre he breo), en sentido sacral (característica que se repite -manera de subrayar su importancia- al final del primer libro y al prin cipio del segundo), tal como lo acaba de dar él; esto les habría acarreado el éxodo forzoso, pero liberador, fuera de la ciudad sagrada. De hecho no fue así, como tendremos ocasión de com probar cuando empecemos el segundo libro. La segunda etapa debería haber abarcado «toda la Judea (incluyendo la Galilea) y Samaria». La tercera, después de entrenarse entre los hetero doxos samaritanos, «todas las naciones paganas» (Lc), «hasta los confines de la tierra» (Hch). 
LA NUEVA PRESENCIA DE JESÚS «TAL COMO LO HABÉIS VISTO MARCHARSE AL CIELO»
Al final del Evangelio, Lucas (y solamente él) narra de forma sucinta la ascensión de Jesús al cielo: «Después los sacó fuera, en dirección a Betania, y levantando las manos los bendijo» (24,50).
De las palabras, Jesús pasa ahora a los hechos: 'los saca' literalmente 'fuera' de Jerusalén, como antiguamente Dios 'había sacado' al pueblo de Israel de la tierra de Egipto (la misma expresión que en la versión griega de los LXX en Ex 12,42.51; 13,3, etc.), es decir, 'los saca' de la institución judía, que se ha convertido en tierra de opresión, para que no regresen a ella nunca más.
Por desgracia, de poco les servirá, puesto que -como nos dirá en seguida el evangelista y luego repetirá al comienzo del segundo libro «ellos regresaron a Jerusalén» (en sentido fuerte) y, por cierto, «con gran alegría» (24,52), como si de un 'regreso' triunfal se tratara. De ahí que ponga Lucas a modo de colofón del primer libro: «y estaban continuamente en el templo bendi ciendo a Dios» (24,53), puntualización que delata sin más la reverencia y estima que profesan hacia la institución del templo. Hasta ese momento -viene a decir Lucas- no se han enterado en absoluto de que «la cortina del santuario se rasgó por medio» a la muerte de Jesús (cf. 23,45). Este, previendo que regresarían a sus seguridades, les había indicado la 'dirección' hacia la cual debía encaminarse la comunidad de discípulos después de su partida: «"Betania" debería haberse convertido en el punto de referencia de la pequeña comunidad, en lugar del templo de Jerusalén. En el lenguaje figurado del evangelista, "Betania" y "Jerosólima" se oponen respectivamente a "templo" y "Jerusa lén".»
«Y sucedió que, mientras él los bendecía, se separó de ellos y se lo llevaron al cielo» (24,51). La ascensión de Jesús está descrita en términos de separación, exenta de connotaciones gloriosas. Se abre así un corto compás de espera, para que los discípulos, privados de la presencia física de Jesús, reflexionen sobre el sentido que él con su muerte y resurrección ha impreso de forma indeleble en su condición de Mesías y aguarden con todas sus fuerzas la realización de la promesa del Padre.
La segunda descripción de la ascensión de Jesús en el libro de los Hechos será mucho más minuciosa: «Y dicho esto», a saber: la predicción de una irrupción inminente de la fuerza del Espíritu Santo sobre ellos con vistas a la realización del encargo universal, cuando ellos se habían confabulado precisamente para preguntarle si en este preciso momento iba a restaurar el reino para Israel (cf. Hch 1,6-8), «viéndolo ellos, fue llevado (al cielo) hasta que una nube lo ocultó a sus ojos» (1,9). Ahora se compren de el porqué de su confabulación, porque los había echado de la institución judía, sagrada para ellos. De nuevo, en la descrip ción de la ascensión no se aprecia ningún rasgo glorioso.
Como telón de fondo ha colocado Lucas el paradigma de la ascensión de Elías (léase 4 Re LXX   2 Sam 2). Los discípulos, siguiendo el ejemplo de Eliseo, observan fijamente el cielo, espe rando que cual nuevo Elías Jesús les deje automáticamente su manto, su herencia.
Pero aquí, aunque lo han visto mientras se iba, no les ha dejado nada. Ni carro de Israel ni sus caballeros, nada de torbe llino: «Mientras miraban fijamente al cielo cuando se marchaba, mirad (el foco ilumina a dos personajes introducidos en escena, que permanecían en la penumbra), dos hombres vestidos de blanco que se habían presentado a su lado» (Hch 1,10), pero que habían pasado completamente inadvertidos para ellos. Son Moisés y Elías, según se desprende de sus dos anteriores apari ciones (cf. Lc 9,30 y 24,4). En lugar del nuevo Elías, se les presenta el antiguo, en representación de los Profetas, junto con Moisés, personificación de la Ley.
Moisés y Elías, la Ley y los Profetas, la Escritura en persona, como en el caso de las mujeres en el sepulcro, serán los intérpre tes de la nueva situación, intentando disuadir a los discípulos de sus vanas e inútiles esperanzas cifradas en el Elías nacionalista y violento: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que se han llevado a lo alto de entre vosotros vendrá tal como lo habéis visto marcharse al cielo» (Hch 1,11).
La vuelta de Jesús, como su ida al cielo, se realizará sin manifestación alguna esplendorosa, sin gloria ni poder, y tendrá lugar en el momento de la efusión del Espíritu Santo. Jesús ya les había predicho que su Espíritu no lo iban a recibir automá ticamente, como ocurrió en tiempos de Elías/Eliseo. También nosotros únicamente lo descubriremos a través de su encarnación en la historia, siempre que consigamos atravesar esta 'nube' que ahora nos lo oculta. La 'nube' separa dos presencias: la histórica, caduca y mortal, y la definitiva, sin condicionamientos de espacio y tiempo. Una y otra tienen en común la encarnación real y solidaria en la historia del hombre.
Jesús ha completado definitivamente su éxodo, con su ida hacia el Padre; pero ellos «regresaron a Jerusalén», la institución judía de donde aquél los había 'sacado' (1,12a). Están muy verdes todavía para que puedan llevar a término su éxodo personal. 
IV
 En primer lugar recomendamos vivamente revisitar un excelente texto de Leonardo BOFF, tanto para quienes han de preparar una homilía, como para quienes quieran utilizarlo en la reunión de estudio bíblico, o incluso para el estudio personal; puede ser tomado de la biblioteca de los Servicios Koinonía, aquí: http://www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm Además, les ofrecemos un comentario tradicional.
Lucas ha escrito dos libros: un evangelio y los Hechos de los apóstoles. En Hch 1,1-2 Lucas retoma la referencia a Teófilo que hizo al comienzo de su Evangelio (“ilustre Teófilo” Lc 1,3). Teófilo significa “amigo de Dios”. El hecho de agregarlo aquí, después de separarse su obra en dos, refuerza la idea que Teófilo es una designación simbólica general. Todos los que leemos estos libros somos Teófilos. Su evangelio termina con «Jesús llevado al cielo» (Lc 24,51). Los Hechos comienzan con el relato de «Jesús yéndose al cielo» (Hch 1,6-11). En el evangelio se presenta a Jesús con su cuerpo. En los Hechos ya no está corporalmente. Actúa por medio de su Espíritu. La orden que Jesús da a los apóstoles en Hch 1,4 exige pasividad total: no ausentarse de la ciudad y aguardar. En Lc 24,49 es semejante: permanecer en la ciudad (con la connotación de esperar sin hacer nada). La permanencia y espera pasiva debe durar “hasta que sean bautizados en el Espíritu Santo” (Hch 1,5) o “hasta que sean revestidos del poder de lo alto” (Lc 24,49). Lucas se está aquí refiriendo claramente a Pentecostés.
El misterio del resucitado se expresa de muchas maneras en el Nuevo Testamento: está vivo, se ha despertado, se ha levantado... En la Carta a los Efesios vemos un ejemplo de estas manifestaciones: Pablo hace un claro énfasis en la glorificación de Jesús a la derecha del Padre. Y es a partir de esta glorificación que nosotros y nosotras, sus discípulos, recibiremos la fuerza del Espíritu Santo, espíritu de sabiduría y de revelación, para conocerle perfectamente y conocer así su voluntad, asumiendo por completo el desafío de continuar su tarea a favor del Reino.
Lucas quiere mostramos también que Jesús ha sido «glorificado» por Dios: ha entrado en la gloria del Padre. Separa ambos eventos (resurrección y ascensión), para subrayar el carácter histórico que cada uno de ellos tiene. Jesús resucitado, antes de su ascensión-exaltación-glorificación, convive con sus discípulos: come con ellos y los instruye. La ascensión de Jesús señala, en Lucas, la tensión en la que entra la comunidad de los discípulos desde aquel momento, una vez que han terminado las apariciones del Resucitado: tensión entre la ausencia y al mismo tiempo la presencia del Señor. Jesús continúa su acción y enseñanza después de ser llevado al cielo; Jesús resucitado sigue actuando y enseñando en la comunidad después de su ascensión. Lucas (como también Pablo en el pasaje de la segunda lectura) une íntimamente la ausencia física con el Don del Espíritu Santo.
La insistencia de que los discípulos veían a Jesús subiendo hacia el cielo, podría considerarse alusiva a las escenas de asunción de Elías, cuando Eliseo tuvo asegurado el espíritu de profecía del maestro porque pudo verlo. Así, la comunidad de los discípulos queda configurada en la ascensión como la comunidad profética que hereda el Espíritu de Jesús para continuar su misión. En la ascensión Jesús no se va, sino que es exaltado, glorificado. La parusía no es el retorno de un Jesús ausente, sino la manifestación gloriosa de un Jesús que siempre ha estado presente en la comunidad. Esto aparece claramente en las últimas palabras de Jesús en Mt 28,19: “he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de este mundo”. La ascensión expresa el cambio en Jesús resucitado, una nueva manera de ser, gloriosa, glorificada, pero siempre histórica, pues Jesús glorificado sigue viviendo en la comunidad.
La narración de la ascensión es para Lucas, la culminación del itinerario de Jesús, y el tránsito entre el “tiempo de Jesús” y el “tiempo de la Iglesia”, inaugurada con el Espíritu Santo, prometido por Jesús. Al recibir el Espíritu la comunidad de los creyentes asume en sí la misión de continuar el trabajo inaugurado por Jesús, de manifestar el Reino del Padre.

Para la revisión de vida
 ¿Estoy asumiendo la misión propia de mi identidad como bautizado/a en Cristo Jesús? ¿En qué doy verdadero «testimonio» de Jesús y de su Causa, y en qué no lo doy aún?
 ¿Qué me falta para madurar más en la fe? ¿Conozco suficientemente el Proyecto de Jesús? ¿Busco vivir por su Causa con la fuerza de su Espíritu y su experiencia de Dios Padre-Madre?
 ¿Qué señales doy de interés por los demás y por su liberación de esclavitudes o angustias, de sufrimientos, marginación, opresión o depresión?
 
Para la reunión de grupo
La ascensión del Señor, ¿fue un hecho histórico, físico, espiritual, teológico...?
Cuál es el mensaje fundamental del «misterio» de la ascensión?
La tierra es el único camino que tenemos para ir al cielo... Comentar esta famosa sentencia del famoso misionólogo P. Charles.
El "texto complementario", de Boff, que ofrecemos, se presta muy fácilmente a ser utilizado como una sesión de estudio bíblico que involucre a varios temas fundamentales de la comprensión de la Biblia, así como otros respecto a la cosmovisión -cielo, tierra, tiempo, eternidad...-.
Dice Lucas en Hch 1,3, que Jesús, después de resucitar, se dedicó con insistencia a hablar a sus discípulos acerca «del Reino de Dios»: ¿qué creemos que significaba eso para Jesús entonces, y para aquellos primeros discípulos; y qué significa para nosotros hoy? Compartamos nuestra opinión personal sobre ello.
 En Mc 16,15-18 aparece esta promesa de Jesús: quienes crean el anuncio del Evangelio y se bauticen, ejercerán «poderes mesiánicos» liberadores, para destruir lo que amenaza y mata la vida. El texto simboliza esos poderes en estas «señales»: «expulsarán demonios, hablarán lenguas, agarrarán serpientes y, aunque beban veneno no les hará daño; curarán enfermos». ¿Qué pueden significar hoy los «demonios», las «lenguas», las «serpientes», los «venenos» y también la «imposición de manos»? ¿Cuáles deben o pueden ser las «señales» que hemos de dar hoy?
 
Para la oración de los fieles
Por las Iglesias, por el Papa, obispos, presbíteros, religiosas y religiosos y laicos y laicas, para que todos los bautizados en Jesucristo seamos fieles testigos suyos y de su Causa del Reino con la fuerza de su Espíritu: Oremos
Por todos los miembros de las comunidades cristianas, para que busquemos la madurez en la fe y en la gracia, a la medida de Jesús crucificado y resucitado, constituido Cabeza de la Iglesia: Oremos
Por los que viven y anuncian el Evangelio del Reino en las fronteras del dolor de los pueblos y de los sectores humanos más sufridos y excluidos de la vida, para que les apliquen el poder de Cristo, Mesías sufriente y resucitado, en signos de liberación e inclusión en la vida digna, justa y solidaria propia del Reino de Dios: Oremos
Por los más sufridos, olvidados y excluidos en nuestro país y en todo el mundo, para que la fuerza del amor del Espíritu de Jesús nos lleve a vivir una solidaridad que les abra caminos de esperanza real: Oremos
Por nuestro pueblo, para que todo él supere las injustas desigualdades y los odios, y crezcamos en paz verdadera, en puestos de trabajo y en vida justa y solidaria según el Proyecto del Dios de Jesús: Oremos
Por todas las personas que participamos en esta celebración, para que la ascensión del Señor sea nuestra victoria y todos vivamos la experiencia del poder transformante de Cristo resucitado: Oremos
 
Oración comunitaria
Dios Padre nuestro, al celebrar con gozosa esperanza la exaltación de tu amado Hijo Jesús, que fue crucificado por ser fiel a tu voluntad de vida digna para todos y todas, te pedimos que, con la fuerza del amor del Espíritu, le sigamos al servicio de tu Reino de justicia, de amor y de paz. Nosotros te lo pedimos inspirados en Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro.


Estos comentarios están tomados de diversos libros, editados por Ediciones El Almendro de Córdoba, a saber:
- Jesús Peláez: 
La otra lectura de los Evangelios, I y II. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Rafael García Avilés: 
Llamados a ser libres. No la ley, sino el hombre. Ciclo A,B,C. Ediciones El Almendro, Córdoba.
- Juan Mateos y Fernando Camacho: 
Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro.
        - 
Juan. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Más información sobre estos libros en www.elalmendro.org
        - 
El evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid.
Acompaña siempre otro comentario tomado de la Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica: 
Diario bíblico



viernes, 6 de mayo de 2016

Loja apellido Calvillo, Pulgar, Zayas, Espejo, convento de la Victoria, los Mínimos Tumbas de los Espejo

La Familia y Casa del Linaje Espejo, en Loja, tenía su enterramiento en este convento, hoy desaparecido
Convento y Monasterio de San Francisco de Paula, Convento de la Victoria en Loja
Los Mínimos

Testamento de Catalina Calvillo Zayas y Pulgar
mujer que fue de Francisco Ruiz de Espejo

Loja 6 de septiembre 1778

       "En el nombre de Dios Todopoderoso y de la Purísima Reina de los Ángeles hombres. María Santísima su bendita madre, nuestra Señora y abogada en sus aplaudidos títulos de la Caridad y Dolores, con su amparo y patrocinio. Notorio sea a cuantos la presente escritura de testamento abierto última y final voluntad vieren como yo Dª. Catalina Calvillo de Zayas y Pulgar natural y vecina de esta ciudad de Loja, viuda en primeras nupcias de D. Francisco Alfonso de Palomares y en segundas de D. Francisco Ruiz de Espejo, e hija legítima de los señores don Antonio Calvillo de Zayas y de Dª. Teresa del Pulgar y Mérida, ya difuntos, que en paz descansen, de la misma naturaleza y vecindad. Creyendo como firmemente y verdaderamente creo en el soberano e incomprensible misterio de la beatísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y una sola esencia divina, y en todo lo demás que tiene, enseña y predica Ntra. Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica Romana bajo cuya cierta fe y creencia he vivido y no protexto vivir y morir.

Hallándome con algunos accidentes habituales en mi libre juicio, memoria y entendimiento el que su divina Majestad fue servido darme y deseando asegura y exonerar mi conciencia en cuanto pueda para el logro de la eterna salvación por lo infalible de la muerte y dudoso de su hora; respecto de que una de la hora; respecto de que una de las cosas que la hacen menos temible y angustiosa es la disposición testamentaria, quiero otorgarla y desde luego lo ejecuto ofreciendo mi Alma a Dios Nuestro Señor que la hizo y crió a su imagen y semejanza y la redimió con el valor infinito de su preciosísima sangre en el sacrosanto árbol de la cruz para que se sirva destinarla entre sus escogidos fin a que fue criada, su cuerpo mando a la tierra que se formó y que llegado el caso de mu fallecimiento se guarde y cumpla por mi postrera y deliberada voluntad lo siguiente:

Que mi cuerpo vestido con hábito de que verán religiosos de nuestra Señora de la Victoria de esta ciudad orden de San Francisco de Paula, sea sepultado en la iglesia de su convento de ella en la sepultura a la mano derecha como se entra que es propia de la Casa y Familia del dicho Dº. Francisco Ruiz de Espejo mi segundo marido, siendo la forma de mi entierro de voluntad de mis albaceas a quienes comento su disposición y practica y que el día de él, si ocurriere en hora de celebrar el Santo sacrificio de la misa y si no el siguiente se me digan una de réquiem cantada y novenario de rezadas con sus responsos sobre mi cuerpo o sepultura, que así es mi voluntad.

Convento e Iglesia de San Francisco de Paula en Loja, convento y monasterio de los Mínimos
En la capilla de la entrada a mano derecha se encontraba la Tumba y Capilla de la familia Espejo en Loja

Mando se digan por mi alma e intención y por las de los dichos señores mis padres y maridos y demás difuntos de mi obligación y ánimas benditas del purgatorio en particular de las personas a quienes pudo ser en algo encargo de que no me acuerdo ciento y cuarenta misas rezadas ordinarias y diez de ánima, cuarta parte por colectura y las demás en los tres conventos de religiosos de esta ciudad y por sus respectivos sacerdotes por iguales partes, pagando su limosna de mis bienes.

Que se de de limosna a las mandas forzosas cuatro reales una vez con lo cual las aparto del derecho que puedan tener a mis bienes.

Declaro que no debo ni me deben cosa alguna, pues aunque tengo varias cuentas pendientes que resultan del libro que existe entre mis papeles corresponde del caudal y rentas del vínculo que gozó hasta su muerte el dicho D. Francisco Ruiz de Espejo mi segundo marido y que administró a nombre de D. Pedro Ruiz de Espejo mi hijo su poseedor teniente de la brigada de Carabineros Reales, mas si pareciere persona que con juramento declare que yo le debo hasta la cantidad de tres reales es mi voluntad, se le pague y así mismo lo que con verdad.

Declaro que estuve casada de primer matrimonio según orden y forma de Ntra Santa Madre Iglesia con el dicho con Francisco Alfonso de Palomares y de los bienes que lleve a su poder me otorgó dote ante don José Jerónimo Cardeñosa escribano que fue de este número y tuvimos por hijos a Diego Jacinto y María Alfonsa de Palomares y Calvillo; lo declaro para que siempre conste.

Declaro que dicho D. Diego Jacinto Palomares, mi hijo y del referido don Francisco Alfonso Palomares mi primer marido contrajo matrimonio legítimamente con doña María del Socorro Abolafia y Ruiz, natural de esta ciudad a cuyo tiempo no se otorgaron escrituras de dote ni capital y después viviendo el expresado Francisco Ruiz de Espejo, mi segundo marido se le reintegró e hizo pago de lo que le correspondió por la herencia y vinculaciones del dicho su padre y de D. Diego Alfonso Palomares y de Dª María Zamora sus abuelos y a cuenta de la legítima que de mi corresponda no se le ha dado cosa alguna. Lo que declaro para que en todo tiempo conste.

Declaro que al dicho D. Diego Jacinto Palomares mi hijo tengo entregados un mil veinti ocho reales y diecisiete maravedís de capital de un censo perteneciente a la vinculación de Dª Antonia Palomares su tía de que es poseedor con mas seiscientos reales de sus réditos devengados hasta el día de su entrega bajo de recibo que existe en mi poder..

Declaro que tengo en cuenta pendiente con el enunciado don Diego Jacinto Palomares, mi hijo la cual consta del citado libro de apuntar el gobierno de mi hacienda que existe en mi poder y es mi voluntad este pase por lo que resulte del dicho libro.

Declaro que la dicha María Alfonsa de Palomares mi hija y del mencionado Francisco Alfonso de Palomares mi primer marido se halla casada según orden de Nuestra Santa Madre Iglesia con don Juan de Herrera y Valenzuela, natural y vecino de la villa de Aguilar, quien otorgo dote a su favor de los bienes que por mí y el dicho Francisco Ruiz de Espejo mi segundo marido se le entregaron por ante el infrascrito con lo cual quedo pagada la suso dicha de la herencia de los referidos su padre y abuelos y además de cierta cantidad por cuenta de lo que de mí le pertenezca. Lo declaro para que siempre conste.

Declaro que los dichos Diego Jacinto y doña María Alfonsa Palomares y Calvillo mis hijos quedaron reintegrados, viviendo el expresado Dª. Francisco Ruiz de Espejo, mi segundo marido, de la herencia de doña Antonia Palomares, su tía vecina que fue de la ciudad de Lucena; y el vínculo que posee el referido don Diego Jacinto y fundaron los mencionados su padre y abuelos se reintegró así mismo de los bienes que le tocaron por la agregación que a él hizo la nominada doña Antonia Palomares. Lo declaro para que siempre conste.

Declaro que fui casada por segunda vez legítimamente con el mencionado D. Francisco Ruiz de Espejo y de los bienes de uno y otro no se otorgaron escrituras de dote ni de capital y por nuestros hijos tuvimos al dicho don Pedro y doña José que se hallan ausentes sirviendo al Rey nuestro señor, que Dios guarde, el primero de teniente de Brigada de Carabineros Reales, según queda expresado y el segundo de Guarda de Copas y a doña Francisca de Paula de Espejo y Calvillo que asiste en mi casa y compañía, casada según orden y forma de Nuestra Santa Madre Iglesia con don Diego Sánchez Abolafia, natural y vecino de esta ciudad, todo lo cual declaro para que siempre conste.

Declaro que al dicho mi segundo matrimonio llevé diferentes bienes muebles y raíces por míos propios que de presente poseo y son los siguientes: Una haza de riego de tres aranzadas en el partido que nombran del Peñón de este término; otra haza de dos y media aranzadas también de riego situada en el dicho partido del Peñón camino del batán bajo; una casa principal sita en la calle de Montoya, parroquia de San Gabriel; la cuarta parte de un juro de cincuenta reales anuales poco más o menos que me paga la Real Hacienda; otra cuarta parte de un censo: Digo la tercera parte de un censo de mil ducados de principal que debe tributarme el excelentísimo Duque de Osuna sobre cuya sobre cuya cobranza penden autos en el Real y Supremo concejo de Castilla.

Una capilla en el convento de religiosos de San Francisco el Real de esta ciudad que es la de San Benedicto, con su bóveda, tarima, el santo y frontal en que hay un escudo de Armas. Una lámina grande de Ntra. Sra. de Belén con el marco dorado; otra lámina de Ntra. Sra. del Rosario con igual marco; cinco láminas pequeñas sobredoradas; dos braceros uno de tarima y otro de rueda con clavazón de metal y conchas de lo mismo. Tres baúles encorados los dos grandes y uno de ellos de camino; un arca grande de nogal de golpe; dos cantimploras de cobre, la una grande; doce platos de peltre, antiguos; dos fuentes grandes y dos pequeñas de peltre; una salvilla pequeña, una palangana de lo mismo; dos bufetes grandes de nogal con sus sierres; dos contadores con sus gavetas uno mayor que otro; dos escritorios embutidos en caray y marfil con rejillas de bronce, gavetas, pies cerradura y llaves; una alfombra antigua, grande, de colores; seis sillones antiguos de vaqueta de moscovia; un calentador de cobre con la tapa de azófar; una chocolatera de cobre grande; un perol de azófar; una cama grande de barandillas antigua; otra cama de tablas; seis colchones con sus henchimientos de lana; seis sábanas, las dos delgadas y las otras cuatro de (…) caseros; media docena de almohadas; dos colchas la una de cama grande y la otra pequeña; una sobremesa; en roda pie con retejidos de damasco rosado; y otra colcha de confitillo blanca con roda pie; cuyos bienes están libres de toda obligación y gravamen excepto algunos censos radicados sobre otro raíces; declaro lo así expuesto para que siempre conste.

Declaro así mismo que llevé por míos propios al matrimonio referido, mi segundo matrimonio otros bienes raíces que lo fueron un cortijo que nombran de Gayumbares o Pilas de Montoya de este termino y jurisdicción que se dio en dote a la nominada Dª María Alfonsa de Palomares, mi hija, una haza de riego de siete cuartas y media al sitio que llaman infierno alto de este término la que he vendido después del fallecimiento del citado Dº. Francisco Ruiz de Espejo, mi marido a Manuel García de Cuenca de esta vecindad y una casa en el carril de la parroquia de su Iglesia Mayor que en igual forma vendí al expresado D. Manuel García, lo declaro para que siempre conste.

Declaro que los títulos de pertenencia de hazas de tierra de riego que poseo en el partido que nombran del Peñón, termino de esta ciudad se hayan en poder de D. Antonio Calvillo mi hermano, vecino de ella, y así mismo tres tomos de (…).

Declaro que Francisco Ruiz de Espejo, mi segundo marido falleció ene esta ciudad bajo el testamento y última disposición que otorgó ante el infrascrito escribano en catorce de abril del año pasado de mil setecientos setenta y cuatro; y a sus bienes se formaron autos de inventarios y aprecios que se hayan pendientes de sin haberse evacuado la respectiva cuentas liquidación y partición de ellos. Lo que declaro para que siempre conste.

Declaro que en viviendo el nominado D. Francisco Ruiz de Espejo, mi segundo marido, por haberme resultado los dichos D. Diego Jacinto y María Alfonsa Palomeque, mis hijos diferentes agravios en la partición celebras a los bienes y caudal que dejó el enunciado D. Francisco Alfonso Palomares ante la justicia de esta ciudad y José Montejo señor que fue de su número en el año pasado de mil setecientos treinta y tres y en la que se hicieron por muerte de los referidos D. Diego Alfonso Palomares y Dª. María Zamora, ante la justicia y presencia de D. Pedro Ignacio Quintana, padre y antecesor del infrascrito escribano por el citado año de setecientos treinta y tres y el de setecientos cuarenta y cinco se otorgó escritura de agregación por los interesados a la dicha hacienda ante el mismo D. Pedro Ignacio Quintana en veinte y cuatro en la cual se deshicieron dichos agravios formalizan formalizando nuevas cuentas y particiones de los referidos caudales entre las partes interesadas a ellos y después a los siente de febrero de mil setecientos y sesenta ante el referido escribano se otorgó otra escritura de convenio sobre el mismo asunto y mediante ella quedaron iguales y enteramente satisfechos los referidos interesados de las expresadas herencias y dineros, que les pertenecen a los enunciados bienes, haciendas. Lo que declaro para que conste.

Declaro que los gastos ocasionado en poner de cadete en el regimiento de Caballería de Alcántara al dicho D. Pedro Ruiz de Espejo y Calvillo, mi hijo y del expresado D. Francisco Ruiz de Espejo, mi marido y ascendieron a más de seis mil reales para lo cual vendió una casería y tierras que tenía y poseía por caudal libre y también hasta su fallecimiento suministró al susodicho los correspondientes alimentos, según lo declara por el citado su testamento y después de dicha muerte he entregado al referido mi hijo D. Pedro por cuenta de sus legítimas diez mil y doscientos reales de vellón en dos partidas de dinero, que le habré metido la primera de nueve mil y ciento hace más tiempo de dos años y la segunda de los un mil y ciento restantes en el próximo pasado; y así mismo tengo pagados por el susodicho otros tres mil y nueve reales que se quedaron debiendo por muerte del referido su padre de atrasos de réditos de censos impuestos sobre los bienes del mencionado vínculo que administró por y posee el expresado mi hijo y satisfacer una renta adelantada que esta percibida de la haza de siete cuartas de tierra de riego en mi propiedad que vendí al prenotado D- Manuel García de Cuenca, según va referido en este mi testamento y pagar dichos créditos legítimos de cuenta y cargo de D. Pedro mi hijo. Lo declaro para que conste.

Declaro que la dicha partida de un mil y cien reales que en el año próximo pasado remití al mencionado D. Pedro Ruiz de Espejo mi hijo, la percibí del dicho D. Antonio Calvillo mi hermano como mitad del capital de un censo impuesto y radicado sobre las dichas dos aranzadas y media de tierra de riego que poseo en el partido del Batán y en otras tantas que goza el referido mi hermano a favor del Patronato que fundó Dª. Leonor de Campos para pagar sus correspondientes réditos pues aunque se me vendió con este caro por escritura ante D. José Montejo escribano que fue de este número en ocho de febrero del año pasado de mil setecientos treinta y cuatro, tenía yo anteriormente entregados la cantidad al enunciado mi hermano para que pagase los réditos de todo el dicho censo y habiéndomelo devuelto y remitido según queda expresado al citado mi hijo para sus urgencias estoy obligada al pago de sus respectivos tributos; todo lo cual consta por recibos puestos a continuación de un traslado de la citada escritura que se haya entre mis papeles y títulos de la pertenencia de dichos mis bienes; y así lo declaro para que se sepa.

Declaro que el dicho José de Espejo y Calvillo mi hijo y del expresado Francisco Ruiz de Espejo mi segundo marido, no ha percibido cosa alguna por cuenta de sus legítimas y los gastos precisos para ponerlo en la Reales Guardias de Corps los ha costeado el dicho D. Pedro de Espejo y Calvillo su hermano a sus expensas y lo que declaro para que siempre conste.

Declaro que la dicha Dª. Francisca Paula Espejo y Calvillo, mi hija y del referido don Francisco Ruiz de Espejo, mi segundo marido, no tiene percibido casa alguna de sus legítimas y el dicho D. Diego Sánchez Abolafia su marido ha otorgado dote a su favor por ante el escribano de diferentes bienes propios y pertenecientes a la susodicha por donación de don Pedro Ruiz de Espejo, su tío y de Dª. Inés de Vega y de los adquiridos por su industria con el producto de aquellos; lo que declaro para que conste.

Y usando de las facultades que el derecho me concede mejoro en el tercio y remanente del quinto de mis bienes y hacienda a la nominada Dª. Francisca Paula Espejo y Calvillo, mi hija y desde luego le señalo para su pago la haza de tres aranzadas de riego que tengo en el partido del Peñón de este término que de presente labra Vitoriano Pérez, vecino de esta ciudad y si el valor de ella excediere en algo a la cantidad que importare dicho tercio y remanente de quinto es mi voluntad lo lleve en cuenta y parte de lo que le corresponda de sus legítimas y si faltare que es lo perciba en los demás bienes que elija; respecto del mucho amor que ala susodicha tengo y por justas causas y razones que para hacerle la referida mejora.

Nombro por mis albaceas testamentarios fieles ejecutores y cumplidores de este mi testamento y con el contenido a los dichos D. Diego Jacinto Palomares; D. Juan de Herrera y Valenzuela; D. Pedro y D. José Ruiz de Espejo y D. Diego Sánchez Abolafia, mis hijos y yernos juntos e insolidum, y en igual forma les doy poder que de derecho se requiere para que de mis bienes lo cumplan y paguen llegado el caso de mi fallecimiento sobre cuyas conciencias les encargo.

Y en lo que quedare y fin de todos mis bienes, deudas, derechos, acciones y facturas, sucesiones que en cualquier manera me pertenezcan después de cumplido y pagado este mi testamento y lo en él contenido instituyo y nombro por mis únicos y universales herederos a los referidos D. Diego Jacinto y Dª. María Alfonsa Palomares y Calvillo, mis hijos legítimos y del expresado Francisco Alfonso Palomares, mi primer marido y a los nominados D. Pedro y D. José y Dª Francisca Paula Ruiz de Espejo y Calvillo también mis hijos con igual legitimidad y del ya nombrado D. Francisco Ruiz de Espejo, mi segundo marido para que unos y otros se sucedan en los dichos mis bienes, dineros, acciones, los hayan, partan, lleven y hereden con la bendición de Nuestro Señor y la mía.

Se revocan los anteriores testamentos y codicilos y son llamados como testigos: D. Antonio Facundo Marín, abogado de la Real Chancillería de Granada; Felipe Plazón y D. Pedro Berrocal¡, vecinos de esta expresada Ciudad y el dicho escribano que conoce a la otorgante.

Escribano: Juan Quintana y Dávila.


En Loja 6 de septiembre de 1778 años.
Convento de los Mínimos en Loja, Convento la Victoria, Capilla de los Espejo